La victoria póstuma de Napoleón – Contextualizando el Brexit

La historia del Occidente moderno se enmarca dentro de un inmenso conflicto de varios siglos y muchos episodios entre Francia y Gran Bretaña (siendo algunos de sus episodios: la guerra de los cien años, la guerra de los siete años, las guerras napoleónicas, la guerra de independencia de los Estados Unidos y las llamadas guerras Franco-Indias).

Estas dos potencias se enfrascaron en una lucha por obtener la hegemonía en la Europa colonialista y, como todas las acciones humanas, esto tuvo muchas consecuencias. Algunas de esas consecuencias fueron intencionales y otras, las más numerosas según la complejidad, fueron no previstas ni intencionales. Un ejemplo de esas consecuencias fue la decisión de los Estados Unidos de América de no permitir, en la medida de lo posible, que Europa con todos sus recursos y tecnología cayera en manos de una potencia hegemónica de nuevo y, sobre todo, que esa potencia hegemónica se estableciera en América. Esta doctrina se refleja en la famosa cita del presidente Monroe de «América para los americanos».

Otro ejemplo de las consecuencias de esta lucha fue la convicción de parte del emperador de Francia, Napoleón, de que su enemigo estratégico era, y siempre sería, Gran Bretaña. En línea con este pensamiento, Napoleón trató de aislar a la Gran Bretaña del resto de Europa estableciendo lo que él llamó el «sistema continental», algo así como un precursor del mercado común europeo. Este «sistema continental» se enfocaba en crear un espacio de libre comercio en el continente que excluyera, de manera taxativa, a la Gran Bretaña. A tales efectos, a inicios de 1812, Napoleón se reunió con el Zar Alejandro I de Rusia en una isla prusiana del mar Báltico, para tratar de convencerlo de unirse al propuesto sistema y para establecer una estrategia conjunta mediante la cual Rusia avanzaría hacia el sur en el Asia central para tratar de llegar más allá del río Indo y así negarle a Gran Bretaña la fuente de su riquza y poder: los inmensos recursos del subcontinente Indio.

Alejandro jugó, como decimos en mi país, «a las dos cabezas» y mantuvo relaciones relativamente buenas con los británicos, motivo por el cual Napoleón terminó invadiendo Rusia. De manera que casi todas, si no es que todas, las acciones de Napoleón pueden enmarcarse dentro de su quasi obsesión con aislar y contener a la orgullosa albión. Yada, yada, yada… llegamos a que Napoleón es derrotado pero Rusia se queda con la estrategia propuesta y avanza hacia el sur incorporando, durante las seis últimas décadas del siglo XIX, los territorios que hoy son Kazajastán, Kirguiztán, Tajikistán, Turkmenistán, Uzbekistán y todo el cáucaso. Eventualmente, esta marcha hacia el sur generó la primera gran «guerra fría» entre Rusia y la Gran Bretaña que respondió invadiendo Afaganistán en 1838 para detener el avance Ruso, con catastróficas consecuencias para los británicos. Igual hicieron los Rusos en su turno con consecuencias igualmente catastróficas (motivo por el que hoy se conoce a ese país como el cementerio de los imperios).

Algo similar pasó con los principados alemanes que todavía mantenían una relación de cercanía y familiaridad con los británicos pues la familia reinante en Inglaterra eran los Hanover de origen prusiano. Además, la Gran Bretaña había sido el único aliado de Prusia en su guerra de siete años contra, entre otros, Francia. Como no quisieron unirse al sistema continental, Napoleón los aplastó junto con los austríacos.

Eventualmente, la incorporación por parte de Rusia de la penísula de Crimea dió lugar a la Guerra que lleva ese nombre y en la que Francia luchó al lado de los británicos para tratar de contener el avance de ese «monstruo de Frankestein» que habían despertado. Esta es sólo una de las paradojas de esta historia en espiral.

Toda esta corriente de eventos nos ha llevado a la otra inmensa paradoja de que, finalmente, los británicos quedarán segregados de Europa, no por la influencia de una potencia continental hegemónica, sino por su propia voluntad. Por supuesto, esto representa una victoria póstuma para la visión de Napoleón de un «sistema continental» que excluyera a la Gran Bretaña del acceso a la economía del corazón de la civilización occidental.

Igual que hace doscientos años queda por saber: qué papel jugará la inmensa Rusia en todo esto? Se acercará a la Europa Occidental? Será cortejada activamente por los británicos para compensar el golpe a su economía? Francamente no creo que Europa esté lista para desafiar a los Estados Unidos acercándose a Rusia y creando el peligro de una inmensa potencia hegemónica en Europa (lo que apuntaría al corazón de la doctrina europea de USA). Tampoco creo que los británicos se acerquen a los Rusos porque eso los distanciaría de sus sempiternos aliados los norteamericanos. Pero… ahí sigue estando Asia. Creo que la carrera es ahora hacia el extremo oriente. Ya Europa continental pegó primero con un acuerdo de libre comercio entre la UE y Japón. Cuál será el próximo bofetón de este pleito?

En realidad… no importa, lo único que nos queda es decir, parafraseando a un político dominicano, ese Napoleón si que sabía… juá, juá, juá.

2 comentarios sobre “La victoria póstuma de Napoleón – Contextualizando el Brexit

  1. Recuerdo durante mis años de estudiante, en la escuela de Derecho de la UASD, que un profesor afrancesado de Derecho Civil y de apellido Peynado nos dijo en cátedra, que a Napoleón debemos reverenciarlo aun después de muerto, esto lo comprendí varios años después cuando visite su tumba, pues tuve que inclinarme ante el, para poder leer el epitafio sobre su tumba en la Plaza de Los Inválidos en París……

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    1. Así es, mi amigo Yamil, el emperador de Francia fue un hijo de su tiempo. Ni intrinsecamente bueno ni intrinsecamente malo, pero un gran estratega que, como todos nosotros, cometió errores. Pero de que dejó huella, sí que la dejó,

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