LA OPCION DE SANSON – Algo que escribí en el 2012.

Este es un artículo que escribí en el 2012, pero que sigue siendo de actualidad ante la reciente denuncia de los acuerdos con Irán sobre la inactivación de su programa de desarrollo nuclear. Espero que les guste.

LA OPCION  DE SANSON

Por Carlos E. Liriano Lara

Hace ya algún tiempo estuve mirando un documental sobre las memorias del que fuera el primer civil que fungió como ministro de defensa de los Estados Unidos. Me refiero a Robert S. McNamara. En ese documental llamado “La Niebla de la Guerra” (por cierto excelente y lo recomiendo a todos los que quieran mirarlo), el señor McNamara se refería, haciendo alusión a la historia bíblica de Sansón, a que el líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, era un hombre capaz de “echarse el templo encima” si hacía falta. En ese momento, no está de más decir, narraba las peripecias de lo que los norteamericanos llaman “la crisis de los misiles” y decía tal cosa, sobre ese prominente político, con una cara que era mezcla de sorpresa y admiración.

El tema de Sansón constituye una de las historias más evocativas contenidas en el antiguo testamento de La Biblia y aparece en el libro de los Jueces. Para los que no la recuerdan, esta historia narra los sucesos vinculados a un Juez de Israel dotado de fuerza sobre humana la cual usaba para proteger a su pueblo en las constantes guerras contra otro pueblo rival, los Filisteos. El caso es que el poderoso Sansón termina siendo debilitado, esclavizado y cegado mediante la seducción de la hermosa Dalila que corta su larga melena mientras duerme. Ocurre que la melena era la fuente de su poder. Sin embargo, en un último gesto, Sansón, que recupera la fuerza que había perdido, logra destruir las columnas centrales del palacio-templo del rey filisteo matando a todos los presentes, al tiempo que muere él mismo, y decapitando de esa manera la monarquía filistea al precio de su propia vida.

Esta historia resulta particularmente fascinante porque ilustra todo lo que hace inútiles las más hábiles predicciones de los especialistas en campos como la sociología, la política o la economía y derrumba las maniobras de negociación del más taimado de los políticos. Al mismo tiempo nos muestra la lógica contra intuitiva del que siente que lucha por algo más importante y elevado que el propio bienestar.

Me explico un poco más ampliamente.

Desde el advenimiento del racionalismo occidental, hace ya varios siglos, la premisa esencial sobre la que se basan nuestros modelos predictivos es la de que los seres humanos somos racionales, que actuamos dentro de cierta lógica, y que esa lógica tiende a mejorar nuestra condición momentánea llevando nuestras dinámicas existenciales hacia un estado de equilibrio más deseable. Claro, ese estado que es siempre más deseable tiene que incluir la propia supervivencia que es la base del eventual disfrute del equilibrio mejorado al que todos debemos aspirar. Por supuesto, al mundo le ha tomado cierto tiempo darse cuenta que el concepto mismo de lo que es deseable, o incluso racional, es diferente según el grupo humano de que se trate y de la dinámica que rodea y enmarca la bifurcación sobre la que se supone que tenemos que decidir.

La opción de Sansón de acabar su vida con tal de eliminar a la jerarquía política enemiga debe haber sido toda una sorpresa para los filisteos que, probablemente, contaban con que el poderoso Juez de Israel se decantaría por una dinámica que preservara su existencia y buscara un equilibrio con eventuales opciones más ventajosas. Esta decisión tan completamente contra intuitiva, según la visión que pudiera tener un manso ciudadano occidental de hoy día, no resulta de ninguna manera irracional si se mira desde la perspectiva de un hombre ciego, esclavizado, privado de su dignidad y condenado a hacer girar la rueda de una noria (así lo representan los grabados tradicionales) por el resto de su vida.

El problema es que, aunque estas decisiones son tan racionales en retrospectiva, siempre nos sorprenden y terminamos siendo como el monarca filisteo, incapaces de ver venir la opción de Sansón. Es una fea costumbre humana que siempre sobre-estimamos nuestro propio conocimiento “apres la lettre” y tildamos a nuestros congéneres, contemporáneos de los sucesos que se estudian, de haber sido miopes o ineptos. Este vicio es particularmente presente en la academia (academia figurativamente como referencia al ambiente intelectual). Pero, debo aclarar, que esta visión de la academia se corresponde más al ambiente previo al desarrollo del enfoque de la complejidad con respecto a las dinámicas humanas. Es esta nueva visión de los sistemas, vistos desde la complejidad, la que nos abre los ojos a estas acciones sorpresivas e “impensables” que atraen las dinámicas hacia un estado absolutamente impredecible. Para hacerlo, la complejidad acomete el estudio de las interacciones mediante una obsesiva búsqueda de las racionalidades escondidas y las relaciones reticulares entre elementos de un sistema.

Al “echarse el templo encima”, Sansón creó una inesperada opción, la no-opción, lo impensable. Ese impensable que muy frecuentemente termina siendo exactamente lo que ocurre. Esta opción de Sansón es el atractor caótico que rompe la linealidad de nuestras proyecciones.

Pero que extraños sucesos actuales se parecen a estas cavilaciones sobre los atractores caóticos, el sacrificio y lo inesperado?

Bueno, el tema es tan intimidante como  delicado. En su discurso sobre el estado de la unión, el presidente norteamericano Barack Obama, reafirmaba su intención de evitar lo que él entiende que  es la búsqueda por parte de Irán del desarrollo de armas nucleares. Suena familiar? De lo mismo que se acusaba a Saddam Hussein y, más recientemente, a Muhammar Gadaffi. Ya antes había anunciado una serie de medidas de presión económica que pretenden descarrilar las dinámicas de comercio de petróleo y derivados en la zona estratégica del Golfo Pérsico dejando al objeto de las sanciones comerciales, Irán, con muy pocas opciones viables de mantener su economía. La racionalidad lineal detrás de la campaña a favor de las sanciones indica que, de alguna manera, el poderío militar de occidente reforzará las sanciones comerciales llevando a Irán a una situación tan difícil que tendrá que aceptar las condiciones sobre sus planes de desarrollo de energía nuclear o, incluso, la desestabilización de su estructura política. Esto es, si las cosas salen como se han pensado en las potencias industriales de Occidente.

Y si no ocurre así? Que pasa si Irán decide no desafiar directamente a las potencias occidentales y apuesta por una opción Sansón del tipo de: “si no puedo vender mi petróleo, nadie lo hará en todo el golfo”?

Ya se ha mencionado bastante el tema de la opción militar persa de iniciar una “guerra asimétrica”. Pero esa suposición siempre mantiene la premisa de que esa guerra será dirigida a objetivos militares duros en la zona del golfo y que requerirá del desplazamiento de los activos de combate hasta el punto de uso, permitiendo así su detección e intercepción. La escalofriante realidad es que hay varios países del golfo con mayorías étnicas chiitas (Irak y Bahrein para solo mencionar dos) en los que hay, por razones culturales, una gran influencia Iraní. Todo parece indicar que los activos para una guerra asimétrica capaz de dejar la logística petrolífera de la zona completamente incapacitada ya podrían estar en esas posiciones. Puede ser que resulte mucho más fácil destruir los mecanismos de producción y transporte de crudo que bloquear militarmente el estrecho de Ormuz. O sea, que pasa si en vez de bloquear los barcos se bloquea el crudo antes de que llegue a los barcos?

Sinceramente, espero que estas sean solamente especulaciones y escenarios sin consecuencias, en una palabra: cháchara de pensadores de fin de semana. Pero una cosa es clara, en la realidad cotidiana la opción de Sansón, inesperada e irracional para los filisteos, es siempre una puerta abierta hacia lo imponderado y la mejor enseñanza que apoya la tradicional doctrina de que no se deben acorralar nuestros oponentes y que siempre hay que dejar abierta alguna opción digna. De lo contrario, siempre nos queda la Opción de Sansón y “echarnos el templo encima”.

Santo Domingo, Enero 26 del 2012.

P.D. (Noviembre 2018): La República Islámica de Irán ha informado que si se les impide, mediante bloqueo naval, exportar su petróleo entonces nadie lo hará. Esto tiene la relevancia de que por el estrecho de Ormuz circula el 25% de todo el petróleo que se comercia en el mundo. El cierre de ese estrecho como resultante de un conflicto en el golfo podría catapultar el precio del crudo más allá de los doscientos dólares el barril. La declaración de Irán puede sonar a bravuconada como las de Saddam Hussein, pero hay que recordar que los Persas han demostrado ser oponentes más ingeniosos y determinados que los regímenes árabes a los que los Norteaméricanos se han enfrentado hasta ahora.

La victoria póstuma de Napoleón – Contextualizando el Brexit

La historia del Occidente moderno se enmarca dentro de un inmenso conflicto de varios siglos y muchos episodios entre Francia y Gran Bretaña (siendo algunos de sus episodios: la guerra de los cien años, la guerra de los siete años, las guerras napoleónicas, la guerra de independencia de los Estados Unidos y las llamadas guerras Franco-Indias).

Estas dos potencias se enfrascaron en una lucha por obtener la hegemonía en la Europa colonialista y, como todas las acciones humanas, esto tuvo muchas consecuencias. Algunas de esas consecuencias fueron intencionales y otras, las más numerosas según la complejidad, fueron no previstas ni intencionales. Un ejemplo de esas consecuencias fue la decisión de los Estados Unidos de América de no permitir, en la medida de lo posible, que Europa con todos sus recursos y tecnología cayera en manos de una potencia hegemónica de nuevo y, sobre todo, que esa potencia hegemónica se estableciera en América. Esta doctrina se refleja en la famosa cita del presidente Monroe de «América para los americanos».

Otro ejemplo de las consecuencias de esta lucha fue la convicción de parte del emperador de Francia, Napoleón, de que su enemigo estratégico era, y siempre sería, Gran Bretaña. En línea con este pensamiento, Napoleón trató de aislar a la Gran Bretaña del resto de Europa estableciendo lo que él llamó el «sistema continental», algo así como un precursor del mercado común europeo. Este «sistema continental» se enfocaba en crear un espacio de libre comercio en el continente que excluyera, de manera taxativa, a la Gran Bretaña. A tales efectos, a inicios de 1812, Napoleón se reunió con el Zar Alejandro I de Rusia en una isla prusiana del mar Báltico, para tratar de convencerlo de unirse al propuesto sistema y para establecer una estrategia conjunta mediante la cual Rusia avanzaría hacia el sur en el Asia central para tratar de llegar más allá del río Indo y así negarle a Gran Bretaña la fuente de su riquza y poder: los inmensos recursos del subcontinente Indio.

Alejandro jugó, como decimos en mi país, «a las dos cabezas» y mantuvo relaciones relativamente buenas con los británicos, motivo por el cual Napoleón terminó invadiendo Rusia. De manera que casi todas, si no es que todas, las acciones de Napoleón pueden enmarcarse dentro de su quasi obsesión con aislar y contener a la orgullosa albión. Yada, yada, yada… llegamos a que Napoleón es derrotado pero Rusia se queda con la estrategia propuesta y avanza hacia el sur incorporando, durante las seis últimas décadas del siglo XIX, los territorios que hoy son Kazajastán, Kirguiztán, Tajikistán, Turkmenistán, Uzbekistán y todo el cáucaso. Eventualmente, esta marcha hacia el sur generó la primera gran «guerra fría» entre Rusia y la Gran Bretaña que respondió invadiendo Afaganistán en 1838 para detener el avance Ruso, con catastróficas consecuencias para los británicos. Igual hicieron los Rusos en su turno con consecuencias igualmente catastróficas (motivo por el que hoy se conoce a ese país como el cementerio de los imperios).

Algo similar pasó con los principados alemanes que todavía mantenían una relación de cercanía y familiaridad con los británicos pues la familia reinante en Inglaterra eran los Hanover de origen prusiano. Además, la Gran Bretaña había sido el único aliado de Prusia en su guerra de siete años contra, entre otros, Francia. Como no quisieron unirse al sistema continental, Napoleón los aplastó junto con los austríacos.

Eventualmente, la incorporación por parte de Rusia de la penísula de Crimea dió lugar a la Guerra que lleva ese nombre y en la que Francia luchó al lado de los británicos para tratar de contener el avance de ese «monstruo de Frankestein» que habían despertado. Esta es sólo una de las paradojas de esta historia en espiral.

Toda esta corriente de eventos nos ha llevado a la otra inmensa paradoja de que, finalmente, los británicos quedarán segregados de Europa, no por la influencia de una potencia continental hegemónica, sino por su propia voluntad. Por supuesto, esto representa una victoria póstuma para la visión de Napoleón de un «sistema continental» que excluyera a la Gran Bretaña del acceso a la economía del corazón de la civilización occidental.

Igual que hace doscientos años queda por saber: qué papel jugará la inmensa Rusia en todo esto? Se acercará a la Europa Occidental? Será cortejada activamente por los británicos para compensar el golpe a su economía? Francamente no creo que Europa esté lista para desafiar a los Estados Unidos acercándose a Rusia y creando el peligro de una inmensa potencia hegemónica en Europa (lo que apuntaría al corazón de la doctrina europea de USA). Tampoco creo que los británicos se acerquen a los Rusos porque eso los distanciaría de sus sempiternos aliados los norteamericanos. Pero… ahí sigue estando Asia. Creo que la carrera es ahora hacia el extremo oriente. Ya Europa continental pegó primero con un acuerdo de libre comercio entre la UE y Japón. Cuál será el próximo bofetón de este pleito?

En realidad… no importa, lo único que nos queda es decir, parafraseando a un político dominicano, ese Napoleón si que sabía… juá, juá, juá.