1605, el inicio de la gran cimarronada

Si me preguntaran cuando empieza a definirse el carácter nacional de los dominicanos, la respuesta sería un año en específico: 1605. En ese año el gobernador español, Antonio de Osorio, inició, por orden de su alteza real don Felipe III, una operación que le llevó hasta bien entrado el 1606. Esta operación fue conocida, y todavía lo es para todos los que hemos cursado estudios en estos dos tercios de isla, como las «Devastaciones de Osorio».

Resulta que, después que los españoles descubrieron que podían sacar más oro y plata de sus territorios de México y el Perú, pasaron a ignorar completamente nuestra isla, mal llamada Hispaniola, y la colonia que todavía mantenían pasó a sufrir de grandes calamidades, visto que estaba legalmente prohibido hacer cualquier tipo de comercio con barcos no españoles y éstos nos ignoraban. En esta situación, algunos vecinos de la parte norte de la isla iniciaron un lucrativo intercambio con buques franceses, holandeses, ingleses y, en mucha menor medida, portugueses. En este intercambio, entregaban a los buques provisiones de cultivo, cueros sin curtir y carne de reses cimarronas que, por ese entonces, abundaban a todo lo largo y ancho de la isla, recibiendo a cambio productos manufacturados y conservas, sal, telas, alhajas, etc. Este comercio se centró en los cuatro centros poblacionales más importantes de la parte noroeste de la isla: Byajá, La Yaguana, Montecristi y Puerto Plata.

En una de las raras incursiones de oficiales españoles hacia estas remotas villas, o quién sabe si fruto de una delación por envidia que también de eso hay y hubo, se encontraron copias de biblias protestantes dejadas por alguno de esos marineros de paises que ya se habían alejado de la «verdadera fe». Tanto el escándalo como la reacción de su «graciosa majestad» fueron épicas. Don Felipe ordenó que, para mantener mejor control de estas gentes y que no fueran sus almas pasto de las llamas del infierno, las poblaciones del noroeste de la isla fueran devastadas y sus habitantes traidos a marcha forzada hacia la costa sur de la isla que era donde se asentaba el gobierno y donde la «luz» del catolicismo alumbraba.

De estos hechos podemos citar tres consecuencias que paso a nombrar en orden de importancia creciente:

  1. De la fusión de las poblaciones de Bayajá y La Yaguana se fundó el pueblo de Bayaguana que aún hoy existe. Igualmente, de la fusión de los pueblos de Montecristi y Puerto Plata se fundó el pueblo de Monte Plata que aún hoy existe. Ambos, Bayaguana y Monte Plata, pertenecen a la misma provincia de Monte Plata, colindante con el área metropolitana de Santo Domingo.
  2. Al quedar devastado casi un tercio de la isla, el espacio fue aprovechado por marineros de diversas naciones para establecer puestos de aprovisionamiento, cacería de reses y cerdos ferales y su posterior salazón o ahumado. Para el ahumado o asado de las carnes se usaban barbacoas tradicionales llamadas en francés «boucan» o el castellanizado bucán, de donde viene la denominación de bucaneros para quienes efectuaban estas operaciones y, dado que algunos se dedicaban a las pillerías de alta mar, la palabra quedó vinculada con los piratas corsarios que, en realidad, son una estirpe completamente diferente.

Con el correr del tiempo, esos territorios que, en la práctica, eran tierra de nadie fueron reclamados por la emergente Francia y se convirtieron, muchos años después, en la actual República de Haití.

3. Los territorios devastados fueron refugio de esclavos evadidos de la servidumbre (negros cimarrones), o personas que, no siendo esclavas, escapaban de deudas o entuertos de todo tipo. Estos evadidos se establecieron con preferencia en las fértiles tierras del valle del Cibao central y empezaron sembradíos de supervivencia (conucos), pero lo más importante, iniciaron el proceso de captura de ganado y la creación de hatos ganaderos independientes. De igual forma, vivieron bajo sus propias palabras y leyes.

Desde el punto de vista del nacimiento y desarrollo de la cultura dominicana, esta última consecuencia es la más relevante y sus efectos se ven todavía por doquier. El proceso de «cimarronización» de una parte importante de la población fomentó comportamientos que son comunes a todos los habitantes de territorios lejanos de colonización al margen de las estructuras y los servicios de gobernanza. Los rasgos más importantes que comparten las poblaciones alejadas del alcance del estado, y que se dedican a la ganadería y la agricultura de subsistencia, serían:

a) Emerge un evidente y expansivo sentido de la hospitalidad y una gran generosidad hacia los pocos vecinos y los aún menos viajantes con los que tengan contacto.

b) Se manifiesta una profunda desconfianza hacia los formalismos del estado y un concepto de autosuficiencia normativa («en mi casa se hace lo que diga yo y el gobierno que diga lo que le de la gana»). De manera que las leyes están muy bien siempre que no me afecten.

c) Como resultado del excesivo sentido de la hospitalidad, se desarrolló una incapacidad para llevarle la contraria a nadie. En este sentido, el dominicano no dice que «no» a nada, aunque al final hace lo que entienda que le conviene.

d) Se da una muy baja valoración del conocimiento académico formal, pero con altos niveles de confianza en la intuición. De esta intuición emerge una alto nivel de pragmatismo ante decisiones que no son para nada triviales, resultando a veces en un gran arrojo en las iniciativas el cual raya en lo temerario.

e) Las relaciones de producción se hicieron bastante informales, puesto que en la producción mediante hatos de ganado se fomenta un tipo de relación entre los agentes que carece de la rigidez de las plantaciones. Por eso, aunque haya esclavitud en lo legal, las relaciones entre hatero y subalterno resultaron bastante informales.

f) Al predominar el regimen de producción mediante hatos de ganado, se desplazó la posibilidad de desarrollar plantaciones o incluso unidades de procesamiento mayores, por lo que nunca emergió un proletariado real en la República Dominicana. De acuerdo con el Profesor Juan Bosch en su «Composición Social Dominicana» las capas más pobres de la población eran más bien pequeños burgueses pobres y muy pobres.

g) La lejanía de las expectativas de comportamiento que rigen en las ciudades hace que la interacción entre miembros de la comunidad cimarrona se lleve a cabo bajo un régimen más práctico, por lo que se fomenta la convivencia racial y la proliferación de mulatos más que de blancos o negros puros.

Como vemos, un suceso que para España fue probablemente trivial, una pequeña orden dada a un burócrata de segunda del imperio, causó inmensas consecuencias que todavía se sienten en un país que, en muchos otros aspectos, ha abrazado la modernidad.

Estos rasgos emergentes están de alguna manera relacionados con el dominicano actual, el cual es una especie de cimarrón urbano, un hatero que pone sus reses donde quiere, un mestizo alzado que rehusa la influencia del estado en su diario vivir y que parece ser egoista aunque está bien lejos de serlo. La República Dominicana es una gran cimarronada que ha resistido, y resiste, todo lo que percibe como imposición. Junto con España somos las únicas naciones de occidente que hemos resistido con las armas a la ilustración solo porque entendimos que coartaba nuestro derecho de ser tan retrógrados como queríamos.

La manera como los dominicanos comprendemos el efecto de nuestras acciones no abarca la complejidad de la vida urbana y se ofrece la imagen, por lo demás percibida como muy real, de que en este país cada quien va por donde quiere. Como me dijera un amigo argentino: «Vivo acá porque el grado de libertad de que gozan los dominicanos, en su actitud hacia la ley y el estado, no se puede encontrar en ninguna otra parte. Acá vos hacés lo que se te pega la gana».

Yo empiezo a creer que es verdad.

Continuaré otro día  ….

Fotografía Sorprendida: De la tierra, del cielo y del otro cielo

Amigos,

Lamento haber estado retirado tanto tiempo, pero he estado trabajando en unos articulos para otro blog de complejidad que coordino.

Bueno, vengo con la fotografía otra vez. En este caso, son fotos que he tomado este verano de algunos temas que me llamaron la atención de lo que me rodea. Las primeras fotos son tomadas desde mi terraza pero mirando hacia la tierra, más especificamente a las calles que me rodean. Las acabo de tomar en noche de luna llena, por eso aparece ese cielo claro y saturado de luz. Las fotos fueron tomadas con apertura f5.6 y obturación de 1.6 segundos. En cuanto al ISO, estaba en 1,600 (esto lo lamento y los que entienden de este tema saben por qué pero la verdad es que no tenía tripode y no podía prolongar la obturación).

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Las que siguen a continuacion son fotos del cielo nocturno del verano en esta isla igual tomadas desde mi terraza. Espero que les gusten.

Finalmente, algunas fotos relativas al otro cielo, el religioso, las cuales tome durante mi viaje a visitar la basilica de nuestra señora de la Altagracia, a petición de mi suegra, la cual es la santa patrona de mi país y es el templo de culto más importante de la RD.

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PASIONES AJENAS – cuento

Dicen que al morir se ve pasar la vida ante los ojos como en una película. Lo raro es que, aparte de un sabor metálico en la boca y un deseo inmenso de dormir, la única imagen que le llegaba era un sonido, más bien un ruido rítmico y molesto, que sonaba como Fatán, fatán……fatán, fatán……..fatán, fatán……el tren “A” que tomaba todos los días para ir a trabajar a la bodega de Lino. Pero las imágenes se difuminaban en un verde brillante que le era completamente desconocido, no era el verde oscuro y grisáceo de los arces y robles que bordean los viaductos, era un verde caluroso, montaraz, como el que le había descrito la vieja, sí, eso era, un color ajeno y hermoso.

Recordaba el mismo sonido que había sido marco de la mayor parte de su vida: fatán, fatán…..fatán, fatán…..el frío, el entumecimiento de la mejilla contra el cristal de la ventana del tren, noviembre, gris y naranja…….NEXT STOP NEW ROCHELLE…..READY FOLKS FOR NEW ROCHELLE…….el andén de madera, la brisa fría, las escaleras de metal y caminar ocho cuadras desde la estación hasta el “basement” de “mala bebida”, el primo a quien en familia apodaban Tico. Estaba en silla de ruedas desde la guerra del golfo, no porque fuera héroe de cien batallas sino por un raro accidente en que le cayó un atado de cuatro tanques de acero inoxidable, con 20 galones de cerveza cada uno, mientras los descargaba de un camión del cuerpo de infantería de marina. Ahora vivía solo en un apartamento de planta baja, que disfrutaba del privilegio de un “beisman” en New Rochelle, al lado de una marina preciosa que parecía que se la pasaba más congelada que con botes, pero que permitía el raro privilegio de ver el juguetear de las ardillas mientras se preparaban para el invierno.

  • – …my brother, how are you?…how the fuck are you?
  • – deja la vaina Tico que tamo en el talk de la república.
  • – Maldito campesino, aprende inglé mejol será.
  • – Lo hablo mejol que tu cien vece, jodedol…
  • – Ey, coño no me diga eso aquí que tamo en pari….
  • – Mira lo que te traje…pa’que no joda….

  • – A two dollar bottle of wine?, ta ejpléndido tú eh?……y la vieja?
  • – Qué vieja?
  • – Tía Secundina….coño, cómo que qué vieja? Tú tá creisi coño?
  • – Ah!…ella tá bien … hablando siempre de que dique vamo a viajá pa’la república pero yo nunca tengo tiempo.
  • – Ven que te tengo un pal de velduga. La que te toca a ti tá bomba y con la mía no te meta, ok?.

Siempre me intrigó el orgullo de algunos de ser yanqui en tierra yanqui, a la hora de la hora todos volvíamos a hablar dominicano. Cuanto más inglés le podíamos meter mejor. A la vieja le jodía eso, “aprende a hablar correctamente” me repetía en una lengua casi cómica por lo lejana. Con el tiempo aprendí a usar un buen castellano cuando hacía falta, y un dominicano fluido el resto del tiempo. El inglés era sólo para trámites y escuela, o para el ocasional policía que a veces nos detenía. La vieja había empezado a claudicar y a usar el dominicano “neoyorquino” desde hacía tiempo, pero mantenía el distante castellano de escuela para usarlo junto con el vestido negro de ir a misa y masticarlo como las tortas de casabe con dulce de guayaba que le mandaba doña Natividad, la tía de Tico por parte de su papá.

Tal vez el miedo extremo era como un placer reservado a los más frágiles, todo se percibía como amortiguado, deforme, distante, entumecido, refractado, cualquier cosa menos doloroso, pero le permitía pensar a través de una bruma que lo llenaba todo, y le seguían llegando las memorias distantes en el tiempo…

Qué maldita vaina! Dejé escapar tantas.

Todos soñamos con revelaciones importantes que nos surgen al momento de entregar el aliento. Lo único que puedo ver son los ojos nublados de Tati frente a los míos y sentir el frío del piso del sótano mal iluminado por una bombilla que parpadea.

Ese frío me recuerda la ventana del tren, cuando me dormí camino a la fiesta en el “beisman” de donde Tico, al que todos conocían como “Mala bebida” porque los tragos le daban por echarse a llorar. Me desperté como por instinto cuando escuché “…….next stop is New Rochelle” con un doloroso calambre de frío en la mejilla derecha y la funda de papel kraft todavía bajo el brazo. Recordaba, a penas, la llamada de Tico la semana anterior:

  • – Pana, llamé la vieja pa’ invitate pa’ un pary mano, tremenda gozadera.
  • – Y pa’cuándo é?
  • – El sábado de arriba mano, you know brow, the second Saturday from today.
  • – Tengo trabajo, Lino anda pa’ la república.
  • – Coño viejo, no me haga eso que te tengo un bicocho de a cinco. La prima de Tati que ya casi termina la Uni.
  • – Manito, no sé, yo voy a ver si un cuñao de Lino me tapa pa’ podé vení el sábado, OK? Pero yo te llamo pa’trá.
  • – Cuento contigo.

Cómo es posible soñar los sueños de otro?, ese es el misterio que ahora me agobia. Ese verde que no había visto nunca, era el verde de los arrozales a la entrada de San Francisco de Macorís. Los arrozales de los que me hablaba Secundina, cuando me contaba el sabor salado de los panecicos, la textura esponjosa de los cajuilitos, la dulzura del melao de caña y hasta el placer de la intimidad con la carne de la isla que no era como la del próspero norte. Esta nostalgia, estas pasiones, no me pertenecían, eran las de Secundina que las vivía vicariamente, en la soledad de sus historias que pasaban de su cabeza a mi corazón durante aquellos días interminables de tormenta invernal, entre la bulliciosa celebración del ciclo anual y el olor de las frutas de estación. Esta, en cambio, era mi tierra, aquella en la que nací, recién llegada Secundina de la isla, la que ahora me sostenía por la casi congelada mejilla.

Ahora lo recuerdo, el día de la fiesta donde “mala bebida” conocí a su novia Tati y a la prima Wilda. No parecían ser parientes. Era Tati una mulata de caderas anchas y Wilda una chica flaca, casi sutil, pálida y con un tinte rojizo en el pelo. Toda la apariencia de Wilda, su inglés inmaculado, su desconocimiento del dominicano coloquial y su castellano rudimentario dejaban ver a una verdadera americana. Era el orgullo y la envidia de los más acomplejados miembros de su familia. Esa noche la acompañé a su apartamento en Mount Vernon en un barrio de inmigrantes de Trinidad o de Jamaica. Por complacer a Tico la acompañé un par de veces al cine, a los museos, al “villaje” a tomar unas copas. El dinero del trabajo donde Lino era bueno, además, lo completaba llevando paquetes para un amigo jodedor. Son unos trabajitos fríos llevando funditas “upstate”. Me dan mil dólares por cada viajecito y con esa plata me doy el lujo de dar una vueltecita con Wilda de vez en cuando. La verdad no me gustaba gran cosa, pero el honor de hombre obliga. No se puede dejar pasar nada, de lo contrario quedas como un maricón, eso es cosa de americanos que tienen “amigas” pero no de nosotros, para nosotros las hembras son carne y te la tienes que comer.

Recuerdo la primera vez que lo hice con ella en su apartamento, lo cual para ella no tenía nada de raro, toda vez que siendo nacida y criada en “gringolandia” para ella tener intimidad era algo casi casual. Fue sexo deliberado y tenaz, la fui explorando con la lengua hasta que percibí todos los sabores de cada rincón de su cuerpo. Curioso, lo que más recuerdo era que me supo a talco Mexana y que en la cama era como en su trato, una verdadera gringa. Era, sin duda, una buena mujer y como toda mujer era impresionantemente insegura con respecto a su propia apariencia y a cómo la percibían los demás. Toda esa inseguridad estaba enterrada debajo de un manejo social impecable y de una adaptación al “sistema americano” que de verdad era perfecta. Gringa al fin, asumía que todo lo que yo quería, pedía, soñaba o hacía; lo quería, pedía, soñaba o hacía porque era un hombre hispano y un machista de mierda. En parte era verdad. Yo no quería ver el mundo como un inmigrante caribeño, pero sucede que eso es lo que soy y eso es todo lo que tengo.

Quién sabe si me habrá llegado a amar, ojala que no.

Por esos tiempos, la relación de Tico con Tati iba bien. Me contaba todo lo que hacían o dejaban de hacer, de su sabor a hembra isleña, de cómo gritaba bajito cuando alcanzaba el clímax, de las veces que lo “hicieron por teléfono”, o de una ocasión en que los atrapó el apagón de Nueva York estando en el “basement” y del trabajo que les costó subir a Tico con la silla de ruedas al hombro. La traté en muchas ocasiones, me parecía un poco plebe y provocadora pero, habiendo nacido en San José de Las Matas, tenía el encanto y la frescura de las niñas de la isla.

El día que todo empezó a joderse Tico me llamó para darme las instrucciones de cómo llegar a la casa de Tati pasando la 160, entre Saint Nicholas y Audubon. Quería que recogiera una olla de sancocho para llevarla a una reunión de su club de veteranos. Me llevé una vieja camioneta Chevrolet que me prestó mi vecino Papito. Cuando llegué el edificio tenía un olor fétido como el que se produce cuando están ablandando mondongo de res. Subí jadeando los cinco pisos hasta el apartamento de la tía de Tati, que estaba de viaje a la república, y al abrir salió Tati con pantalones cortos hechos de viejos “jeans” recortados, sandalias de goma como las que usan las amas de casa en la república, y blusa roja sin mangas. Olía a sudor fresco con trazas de colonia “Jean Naté” y me anunció con una sonrisa medio burlona que el sancocho no estaba listo porque las chuletas no terminaban de ablandarse y que si quería podía volver después o quedarme a beber unas cervezas presidente auténticas de la república que le trajo una prima que era azafata de no sé qué línea. Me quedé.

Qué pasó después, no lo recuerdo en detalle. Las cervezas eran fuertes, me senté en el sofá, lo próximo que recuerdo fue que acompañé a Tati a ver las fotos de la isla, hablamos de que estaba ilegal y que lo de los amores con Tico era para casarse para lo de la residencia, y de que cómo me iba con Wilda que era muy buena chica. A partir de ahí todo fue en una sola dirección, las bromitas pesadas, un supuesto masaje, besos espaciados, mi lengua recorriendo su cuerpo que me sabía dulce salado como la comida que comía mi tío Julián, su olor íntimo a almizcle y mango, la textura suave de sus pechos en mi boca, el jadeo lento, el frenesí caliente. Cuando llegué donde Tico me increpó por la tardanza y me preguntó la razón, le dije no me acuerdo qué mierda. Ahora que lo pienso él se quedó pensativo y no sé si habrá sospechado en ese momento.

A partir de ahí la relación con Wilda empezó a hacer agua y terminó mandándome a freír tusas. Con Tati todo se fue complicando. Ya era Abril tibio cuando me llamó Tico para otro “pary”.

El haberme quedado dormido en el tren era mal presagio, peor aún, el único carro a la entrada era el de Tati y no sonaba música. Tico me abrió la puerta como siempre, me presentó un tal Mariano, nativo de Jánico.  Al acercarme a la puerta de la escalera que bajaba al “basement” sólo alcancé a ver durante el parpadeo de la bombilla y al fondo de la escalera, lo que parecían ser los pies de una mujer y una mancha grande color del vino. En ese momento sentí el dolor agudo de algo que penetraba mi espalda, el empujón brutal de una mano aleve, mis piernas perdieron fuerza, traté de sujetarme a los pasamanos y mi cabeza dio en los escalones. Varias vueltas más tarde, me vi en el piso, incapaz de moverme. Justo frente a mis ojos los de Tati, ya opacos y bajo mi brazo derecho la humedad tibia de la sangre. Creo que alcancé a musitar algo estúpido como “please, dial 911”.

Fatán, fatán……fatán, fatán……y ese verde de los arrozales de Secundina, que como su castellano era cada vez más distante y tan ajeno como todas mis pasiones.

Santo Domingo, Junio 2002.

Como siempre, pasará lo que queremos … y lo que no queremos también

Acaba de pasar el referéndum llevado a cabo en el Reino Unido para determinar su permanencia en la Unión Europea. Los resultados, tal como los describe el comediante y comentarista político norteamericano Bill Maher, fueron que un 48 por ciento de los votantes votó por “Sense and Sensibility” y el 52 por ciento votó por “Pride and Prejudice”. Sinceramente creo que esta es la manera más breve en que se puede expresar lo ocurrido, puesto que ambos son títulos de novelas de la escritora inglesa Jane Austen y el primero significa Sentido y Sensatez (aunque ha sido traducido de otras formas en castellano) y el segundo significa Orgullo y Prejuicio. En ambos casos, los títulos seleccionados reflejan el contenido de las campañas respectivas a favor de quedarse en la UE, haciendo uso de la sensatez, o marcharse sobre la base del orgullo nacionalista y el prejuicio anti-inmigrante. Por supuesto, nada es tan sencillo como lo que se expresa con sentencias tan cortas.

¿Qué ha de ocurrir ahora?

Yo creo que ocurrirá lo que siempre pasa con todas las decisiones humanas, pasarán algunas cosas que queremos que pasen y un montón de cosas que no sabíamos que pasarían y que no queríamos que pasaran.

Cuando las acciones humanas son parte de un sistema complejo, cada acto genera una serie de ondas y consecuencias que siguen desplazándose en el tiempo. Este efecto ha sido denominado el “efecto mariposa”, para tratar de reducir a una bella metáfora algo que conlleva infinitas interacciones y atractores dinámicos, dicho de otro modo, que una pequeña causa puede tener inmensas consecuencias. Si una persona consume una botella de agua en una calurosa tarde de Agosto en el Caribe, y la desecha, esta botella puede caer en el sistema de drenaje e ir a parar al mar, donde es ingerida por una tortuga que al tiempo muere asfixiada o intoxicada. Si esta tortuga era la última hembra, estaríamos mirando al fin hipotético de esta especie. La intención de la persona era calmar su sed, pero, inevitablemente, también muere la tortuga y desaparece la especie. Ese es nuestro destino, que todo lo que hagamos tenga siempre más de una consecuencia y que, normalmente, sólo podamos ver una pequeña parte de ellas. Casi siempre, la pequeña parte que vemos es lo que queremos que pase, lo intencional, y como pasa con el proverbial “iceberg” la mayor parte de las consecuencias quedan escondidas en el futuro insondable.

En el discurrir de las naciones pasa lo mismo, cada evento y cada era de la historia genera ondas que se siguen desplazando en el tiempo. Cuando estamos en la cresta de las olas, sólo vemos lo bueno de esos efectos, pero, al alcanzar el valle, vemos lo malo. En realidad nada es completamente malo ni completamente bueno en el devenir histórico. Recuerdo que una vez, cerca de las celebraciones del bicentenario de la Revolución Francesa, un periodista parisino le preguntó al entonces líder chino Deng Xiaoping: “¿Cuál cree usted que ha sido el efecto de la Revolución Francesa en el devenir político de la humanidad?” Deng le respondió de una forma típicamente oriental: “Yo creo que todavía es muy temprano para decirlo.” Y tenía toda la razón. Las naciones, como los seres humanos, vivimos para siempre en las consecuencias de nuestros actos. Las consecuencias intencionales y las no intencionales. La Unión Soviética desapareció como entidad política, pero vive en sus consecuencias intencionales (el primer satélite artificial, la primera estación espacial orbital, el fortalecimiento de los sindicatos obreros, las concesiones para los trabajadores, etc) y también las no intencionales (como aquello de confundir propiedad colectiva de los medios de producción con propiedad estatal, las matanzas y purgas de Stalin, etc).

Al empezar a construirse la Unión Europea, la intención era crear un grupo de naciones que estuvieran unidos en “paz y prosperidad”. Las consecuencias intencionales fueron alcanzadas en más de un aspecto, Europa ha vivido casi 70 años de paz entre los miembros de este grupo y se ha avanzado en la prosperidad. Este ha sido el período de paz más largo conocido por Europa desde los grandes imperios del centro del continente, allá por el siglo X. Lo no intencional del proceso iniciado a mediados de la década de los 1950 fue que, para evitar lo impredecible, hubo que crear una burocracia casi infinita, que hace que las cosas pasen de manera más lenta y más costosa. El consenso es siempre frustrante, pero garantiza la paz. El actuar en base a intereses propios, prescindiendo del consenso, es eficaz y eficiente, pero garantiza el conflicto. El conflicto, a su vez, aleja la prosperidad. Dicho de otro modo, la frustración por la burocracia y la desconfianza hacia los inmigrantes son las consecuencias no intencionales de la estructura que hubo que crear, pero ese es el precio de la paz y de la oportunidad de buscar la prosperidad. Los inmigrantes traen costos de adaptación y consumo de fondos públicos, pero también traen consumo, comercio e ideas.

Nuestro deber como seres humanos pensantes es reflexionar sobre la complejidad en la que vivimos y las consecuencias de nuestros actos, o como lo decimos en complejidad: “Tener en cuenta todo lo más que deba ser tenido en cuenta, de entre todo aquello que puede ser tenido en cuenta”. Esta es la actitud responsable de cualquier ser humano, y mucho más es la obligación del liderazgo político. Los efectos devastadores de nuestra industria, y en general de las actividades humanas, no fueron ni son debidamente ponderados antes de cada decisión, ni después tampoco. La campaña a favor de una salida de la Unión Europea, por parte del Reino Unido, fue orientada hacia una supuesta “defensa del empleo”. El capitalismo occidental no acaba de entender que nos enfrentamos a una pérdida total y permanente de la labor manual remunerada. Bien lo dice el autor norteamericano Jeremy Rifkin en su extraordinaria obra “El fin del Trabajo” (que se puede encontrar en español, en línea, en formato PDF, pero yo no he dicho nada y no fomento la piratería), donde postula que el advenimiento de las máquinas programables eliminará por completo la necesidad de los trabajos repetitivos y constantes que fueron la principal marca del capitalismo del siglo XX. De manera que el problema no son los inmigrantes o que se detenga el flujo de ellos, el problema es que la codicia eliminará todos los puestos de trabajo que pueda y rebajará los salarios reales tanto como pueda, ya sea que lleguen los inmigrantes o no. Pero esto también tiene efectos no intencionales. A la corta o a la larga, esta desaparición del trabajo obligará a replantearnos el modelo social. Ya en países como Suiza se ha llegado a proponer la necesidad de un pago mensual básico para todos los residentes del país, ya sea que trabajen o no. Esto así porque si no hay quien trabaje, ¿cómo puede haber consumo entonces? Y si no hay consumo ¿cómo habrá industria o acumulación de riqueza?

Ocurre también que nos hemos creído el cuento de que somos entes racionales. La verdad es que la inmensa mayoría de las cosas que hacemos cada día las hacemos de manera inconsiente, o como diría Pedro Sotolongo el académico cubano, “dentro del ámbito de la consciencia pre-reflexiva”. En general actuamos también con envidia, venganza, resentimiento, frustración, amor, cariño, amistad, apego, etc. Lo que pasa es que sólo usamos estas palabras para describir lo que sienten otros, para describir lo que nosotros sentimos, y cómo actuamos, lo que hacemos es buscar supuestas razones que a veces no sabemos encontrar. Los líderes políticos son también seres humanos y ya los británicos dieron el primer paso. Ahora habrá que esperar a ver si en la otra parte, los otros 27, no emergen esos sentimientos que condicionan “el ámbito de la consciencia pre-reflexiva” y actúan con revancha y resentimiento.

La eventual salida del Reino Unido de la UE tendrá, como siempre, efectos intencionales, o sea, que tendrán más control de su presupuesto, se ahorrarán las contribuciones al presupuesto general de la UE y se librarán de ciertas regulaciones así como de recibir inmigrantes de otros países del continente. Pero vendrán un montón de consecuencias no previstas, he aquí algunas de las que he aprendido a prever en otros ejercicios:

  • Los productos industriales Británicos tendrán muchas dificultades en penetrar los mercados del resto de la Unión, si tienen que pagar tasas arancelarias. Esto puede agravar los problemas de empleo.
  • La crisis de cuasi-deflación de la UE se agravará y esto obligará a reconsiderar las medidas de sanciones contra países como Rusia e Irán. Paradójicamente, estas medidas fueron defendidas principalmente por el Reino Unido y le han costado una fortuna a los productores de la Unión Europea que hacían buenos negocios con Rusia.
  • Los Estados Unidos perderán un vocero dentro de la Comisión Europea y el Parlamento Europeo. Si esto se une a un proceso de acercamiento de Alemania con Rusia que implique transferencia de tecnología de punta que conlleve el fortalecimiento de la industria pesada rusa, los norteamericanos se verían tentados a presionar el botón de pánico y crear una crisis internacional que aleje a Rusia de la Europa Occidental.
  • Alemania fortalecerá su posición de bloqueo a los intentos de un acuerdo de libre comercio entre los Estados Unidos y la UE.
  • El Reino Unido tendrá que negociar un acuerdo comercial con la UE desde una posición de debilidad si es que negocia luego de un acercamiento con Rusia.
  • Los resultados decepcionantes del retiro de la UE causarán una crisis política profunda en el Reino Unido. Esta crisis puede que ahonde la delicada situación económica que se prevé.
  • Los grupos que propugnaban por una unión de Irlanda del Norte con la República de Irlanda usarán la membrecía de ésta última en la UE como un atractivo más en su campaña. Si bien por motivos culturales y políticos no preveo una secesión de Irlanda del Norte con el Reino Unido, estas presiones pueden causar una crisis política y el reclamo de un referéndum revocatorio de su posición como parte del Reino Unido.
  • En el caso de Escocia, hay altas probabilidades de un referéndum revocatorio del acta de unión ,que data del siglo XVIII, para buscar la continuidad de su filiación con la UE. Sin embargo, este referéndum tiene que ser aprobado por el liderazgo político del Reino Unido y eso no es probable que ocurra. Cualquier escenario en que se pueda dar la solicitud de un referéndum de independencia de Escocia pasará por un tormentoso proceso político.
  • Si los efectos observables de la salida de la Unión Europea terminan siendo positivos para el Reino Unido en el mediano plazo, habrán muchas presiones de los grupo euro-escépticos para que se lleven a cabo referenda similares en sus respectivos países. Esto ocurrirá principalmente en el norte de Europa (los países bajos, Dinanarca y Suecia) y en menor medida en Francia e Italia.
  • Las probabilidades de un ingreso de Turquía a la UE mejoran notablemente.
  • Independiente de cómo marchen las negociaciones de salida, el comercio con la UE disminuirá y habrán convocatorias a boicotear productos británicos.
  • Los presupuestos de ayuda “al desarrollo” y los programas vinculados con esas ayudas, se contraerán notablemente en los próximos 3 a 5 años.
  • Empresas británicas y norteamericanas que hacían la mayoría de sus negocios con la UE se desplazarán a otras ubicaciones dentro de la Unión Europea, creando mayor estrés laboral.
  • La UE negociará duramente con las nuevas autoridades británicas, de manera que otros países no se vean incentivados a tomar la misma ruta que el Reino Unido, y por el contrario sientan temor de las posibles consecuencias.
  • El Reino Unido enfrentará presiones para aumentar su déficit fiscal y así asumir algunas funciones que son ahora delegadas a funcionarios europeos. Esto no puede ocurrir bajo un liderazgo conservador, por lo que probablemente no ocurra, toda vez que no se prevé una victoria laborista aunque se convoquen a elecciones adelantadas. Si no ocurre tal aumento del déficit, las funciones de gobernanza que han sido delegadas a las estructuras europeas tendrán que ser manejadas por el personal disponible.

Estos fueron algunos de los efectos que entiendo podrán observarse, pero siempre considerando que no todo puede ser previsto. Tal como empecé diciendo, al final pasará algo de lo que esperábamos que pasara y un montón de cosas que ni esperábamos ni teníamos la intención de que pasaran. La incertidumbre y nuestra naturaleza humana son lo único cierto, y, como somos humanos, habrá que esperar.

Pero no todo es bailar …

Les pido a mis quienes leen estas líneas unas disculpas anticipadas porque no acostumbro a escribir estos aportes tan largos. Pero este tema lo merece y también merece mucho más. En vez de decir que espero que lo disfruten, en este caso diré… que espero que lo mediten.

En días recientes se ha estado debatiendo, nueva vez, el tema de la violencia machista que, solo en la última semana, se ha cobrado la vida de tres mujeres jóvenes. Por supuesto, llueven las condenas, se espera alguna reacción de parte de las autoridades, se ofrecen cifras (que nunca se sabe de dónde salen), se clama por soluciones que van desde lo espiritual (buscar a Dios) a lo ridículo (que las mujeres no salgan de sus casas), los más indignados exigen mano dura y hasta claman por re-instituir penas arcaicas como la ejecución, mutilaciones y todo un largo etcétera. Lo que nunca pasa es que alguien se siente, serenamente, y le proponga a esta sociedad algún curso de acción razonable. Y la verdad es que a la larga tampoco importa. Esta sociedad del espectáculo encontrará otro escándalo, otra indignación y seguiremos bailando de pascua florida a pascua de navidad, discutiendo el futuro de la república en textos de 160 caracteres (sí, estoy hablando de ti, Twitter).

Pero sucede que yo tengo dos hijas y siempre que se habla de algo que las puede afectar, a mi me interesa. De manera que para evitar que esto se deje a la libre, como siempre pasa en este Caribe insular, me decidí a escribir algunas cosas para ver como empezamos a echar las bases de una actitud más serena y que tienda a establecer cursos de acción en vez de buscar a quién lapidar.

Y no es que esté mal indignarse, al contrario, ese es el deber de todos los ciudadanos que forman parte de una sociedad democrática. Debemos indignarnos a tal grado que sea el gobierno el que sufra de terrores nocturnos al pensar en la reacción de la ciudadanía. Pero la indignación que yo quiero es permanente y centrada, una que busque soluciones igual de permanentes y no menos centradas.

Lo de la pena de muerte no merece ni discusión porque siempre la terminan usando contra el que menos la merece. Al final se usa para apoyar tiranías y para eliminar a aquellos que son oprimidos en vez de defendidos. Y siempre se menciona que en China esto o en China lo otro. Lo que nadie dice es que en China no ejecutan a ningún amigo del presidente Xi y siempre son ejecutados los sospechosos habituales, o sea, los que no son del “grupito”. De manera que el problema no es matar o no matar, el problema es a quién vamos a matar, quién decide a quién matar y si realmente confiamos en la justicia. Una justicia que no es capaz de aplicar una pena de prisión de 30 años de manera efectiva y eficiente, tampoco aplicará una pena de muerte. Cualquier pena extrema con esta justicia, o con cualquier justicia humanamente falible, es llamar a la desgracia. Si no confiamos es que se castigará a los que arreglan una licitación para comprar papel de oficina, ¿cómo podemos confiar en la aplicación adecuada de un castigo tan irreversible como la muerte?

Igualmente, centrarse en el castigo no resuelve el problema de ninguna manera pues, de todas formas, muchos verdugos terminan en el suicidio con lo que para ellos no hay inconveniente en morir ni es la muerte disuasión. Los castigos son siempre “ex post facto”, con lo que la única solución es evitar que ocurran las tragedias de las que hablamos. Hablar de castigos no es lo que queremos.

Entonces, ¿Qué es lo que queremos?

Queremos escuchar algo que nos ofrezca ideas de todo lo que compone este problema. Eso se lo debemos a la sangre de las que murieron hace apenas una semana. Pero, siempre que se le plantea éste, o algún problema similar, a un político, la respuesta tangencial es: “eso es un problema muy complejo”. Y yo respondo: ¿y qué? La complejidad es una ciencia que permite el estudio de dinámicas complejas en campos que van desde la socio-política hasta la bio-química. Simplemente, eso ya no es excusa. Si es complejo, entonces tómese una taza de té y empiece a modelar su sociedad temprano, pedazo de haragán, que porque usted sea político no quiere decir que le toca trabajar solamente 6 de cada 48 meses.

Como nadie parece tener idea de cuál debe ser la primera pregunta, entonces empecemos por explicar algunas cosas que nos permitan empezar a formular las preguntas indicadas porque esto de hacer las preguntas que van no es tan trivial como parece. Esta sociedad no ha querido adquirir consciencia de lo que es dar seguimiento a una pregunta o un grupo de preguntas. ¿Acaso no sabemos que el liderazgo político está compuesto por personas cuyo perfil es de una falta total de empatía y que solo reaccionan ante un proceso deliberado y constante de presión?

Veamos.

El organismo de las Naciones Unidas al que corresponde este tema define la violencia contra la mujer de la siguiente manera: “cualquier acto de violencia basada en el género que resulte, o sea factible de resultar, en daño o sufrimiento físico, mental o sexual de una mujer, incluyendo la amenaza de tales actos, la coerción o la privación arbitraria de la libertad, ya sea que ocurran en la vida pública o privada”.

También se menciona que los factores de riesgo de la violencia sexual o de compañero íntimo incluyen:

  1. menores niveles de educación

  2. haber perpetrado o experimentado violencia sexual

  3. haber perpetrado o experimentado violencia familiar

  4. presentar un desorden de personalidad anti-social

  5. uso dañino del alcohol (ya sea que lo efectúe o lo haya padecido)

  6. actitudes que acepten la in-equidad de genero (perpetradas o padecidas)

  7. mantener múltiples compañeros sexuales o que la pareja sospeche tal comportamiento

En la lista anterior, me he permitido resaltar aquellos factores que pudieran ser, a simple vista, prevalentes en la República Dominicana, sobre todo a nivel de las clases de menor poder adquisitivo o que padecen una condición de marginación.

Sin embargo, definir los factores de riesgo no es suficiente, porque todo saber empírico es contextual (depende del contexto) y muchos de los estudios disponibles se han efectuado en otras sociedades con lo que no aplicarían necesariamente a la sociedad en la que vivimos. Para poder empezar a plantear soluciones tenemos que responder una serie importante de preguntas partiendo de dos premisas que llaman la atención:

  1. Ningún país se desarrolla si no logra integrar a la mujer a su educación y, por ende, a sus procesos económicos y políticos.

  2. Como ya vimos, el nivel de educación es inversamente proporcional a la probabilidad de victimización. Sin embargo, no creo que sea un proceso lineal y directamente vinculado, sino que puede ser mediado, o sea, que se produce de manera indirecta ya sea porque la mujer con mayor educación reconoce mejor los signos de una personalidad amenazante o porque tiende a desarrollar relaciones con varones de similar nivel de educación y menores niveles de frustración real o percibida (punto (a) de los establecidos por la ONU).

  3. En estudios llevados a cabo en otros paises, el tema de la educación está vinculado con la salud reproductiva y el control del momento de la reproducción y el número de hijos. Cabe decir, si la mujer recibe la posibilidad de controlar la dinámica reproductiva, esto le permite ampliar sus estudios y determinar el momento más apropiado para tener los hijos, así como establecer una relación sobre la base de afinidad y no de dependencia. La presencia de ambos padres evita que los hijos se desarrollen en un entorno “callejero” en que se celebra la “ley del mas fuerte” y la inequidad de género (punto (f) de los nombrados por la ONU).

  4. La posición desigual de la mujer, relativa al hombre, y el uso normativo, o consuetudinario, de la violencia para resolver conflictos están fuertemente asociados con la violencia marital o de convivencia, por lo que se hace necesario promover la equidad en las posiciones relativas de género.

  5. Los hijos que nacen en condiciones de aceptación y cuidado parental tendrán mayores probabilidades de alcanzar mayores niveles educativos y más altos niveles de ingreso. Con esto se mitigaría el tema de la marginación y la frustración social que pueden dar lugar a espacios de violencia machista (punto (c) de los nombrados por la ONU).

  6. Los costos económicos y sociales de la violencia marital son enormes y tienen efecto multiplicador a lo largo y ancho de la sociedad. La mujer puede sufrir aislamiento, incapacidad para trabajar, pérdida de ingresos, falta de participacion en actividades regulares y limitada capacidad para cuidarse a sí mismas y a sus hijos.

  7. La presencia de armas de fuego en un hogar en que se desarrolla una dinámica de violencia doméstica, incrementa la probabilidad de que ocurra una muerte violenta, por lo que limitación de la disponibilidad de estas armas es parte fundamental del proceso.

  8. Hay evidencia, obtenida en estudios hechos en países ricos, de que programas de prevención escolar de la violencia en el noviazgo han mostrado efectividad, pero estos programas tienen que ser evaluados en países pobres, así como programas que combinen la micro-finanza de proyectos con la enseñanza de valores de equidad de género, la comunicación entre parejas y a nivel comunitario, el cambio de las normas y expectativas de comportamiento de género.

Como podemos ver, pues, en un entorno social en que la mayoría de los menores crecen en hogares en que el jefe de familia es una madre soltera (cerca del 50% de los jefes del hogar en la RD son madres solteras), que tienen muy bajo nivel de educación, que tuvieron su primer hijo a una edad muy joven (entre los 15 y los 17 años) y que han tenido múltiples compañeros sexuales en busca de la “estabilidad” económica que añoran pero que no saben cómo conseguir, queda claro que hay muy altas probabilidades de que se presenten uno o varios de los factores de riesgo mencionados por la ONU.

Por supuesto que, al ser los humanos criaturas complejas, hay muchos otros factores. No todos los que crecen en hogares con madres solteras y en la pobreza se convierten en varones violentos o mujeres proclives a ser víctimas de violencia, ni tampoco los educados de clase media, media alta o alta, están exentos de ejercer o sufrir violencia, pero, todo lo que podemos hacer es hablar de probabilidades y de mitigar factores de riesgo puesto que la posibilidad siempre estará ahí.

Para hacer un proceso efectivo de mitigación de las muy altas probabilidades de violencia doméstica en RD, es importante responder las siguientes preguntas:

  1. Quienes son las víctimas de la violencia?

    1. Dónde viven?

    2. De qué viven?

    3. Cuál es su nivel de educación?

    4. Cuáles son sus ingresos?

    5. Cuándo empezaron a ser violentadas?

    6. Cuándo tuvieron su primera relación y su primer hij@?

    7. Cuántas relaciones estables han mantenido?

    8. Cuales son sus expectativas de comportamiento con respecto al varón, o a su compañero en particular?

    9. Cómo adquiere esas expectativas de comportamiento?

  2. En qué entorno y dentro de qué contexto ocurre esta violencia o control?

  3. Quien es el agresor?

    1. Cuál es su situación respecto a la víctima?

    2. Dónde vive?

    3. De qué vive?

    4. Cuál es su nivel de educación?

    5. Cuáles son sus ingresos?

    6. Cuándo empezó su agresión?

    7. Cuáles son sus necesidades insatisfechas?

    8. Cómo se vectorizan sus dependencias?

  4. Dentro de qué contexto se empodera el agresor?

    1. Cuáles son sus expectativas de comportamiento que “justifican” la agresión?

    2. Cómo se crean estas expectativas?

    3. Qué le hace sentirse poseedor-controlador de su compañera?

    4. Quién les enseña?

Todas las respuestas a estas preguntas deben estar por ahí en uno de los miles de “estudios” que se han hecho, o en los censos de población. Pero si no lo están es necesario que se hagan, que se pregunte en la policía, en los hospitales, en las escuelas. Con las respuestas, es importante hacer un mapa que priorice las condiciones que se deben “atacar” primero y cuáles vendrán después. Estas preguntas tienen que hacerse hasta el cansancio y no dejar respirar al liderazgo político hasta que comience a responderlas.

Una cosa es cierta, todo el comportamiento social y las prácticas colectivas que se institucionalizan (así lo plantea el profesor cubano Pedro Sotolongo en su libro “Complejidad y Vida Cotidiana”) ocurren dentro del ámbito de la conciencia pre-reflexiva y vienen condicionados por las expectativas de comportamiento de toda una sociedad. De manera que mientras esta sociedad siga esperando que los hombres sean machotes dueños de “la finca y la mujer”, nada cambiará. Mientras las iglesias sigan enseñando que el hombre es cabeza de familia por derecho divino, nada cambiará. Mientras haya mujeres tan desesperadas que vean al macho del barrio como una tabla de salvación y posible facilitador de condiciones de subsistencia para ella y sus hijos, nada cambiará. Mientras las niñas de 14 y 15 años sigan quedando embarazas de patanes que creen que van a ser el próximo gran cantante de “urbano” o reguetón para luego criar esos infantes en la parte trasera de una casucha inmunda, subsistiendo en base a lo que gana mamá de lavandera en una casa privada, nada cambiará.

Por último, una reflexión que igual suena a bobada: he notado que los lugares a los que acudo en que hay menor nivel de confrontación son aquellos en los que la gente va solamente a bailar. Y me parece que el baile, la danza que nos acompaña desde siempre, es una forma de que un hombre entienda que la mujer es su compañera y socia, y que nada pasará sin que ella esté también de acuerdo. De lo que se me ocurre que, tal vez, en nuestras escuelas deben iniciarse programas para enseñar a los chicos a bailar desde que están en la primaria. Quizás incluso creando concursos nacionales en los que se premie este aprendizaje. El baile, y en la RD tenemos de sobra géneros musicales, permite que los integrantes de la pareja se comuniquen, que se toquen en un entorno que no sea indicativo de violencia o de simple lujuria, enseña a confiar, a estar cerca sin amenaza ni temor, pero sobre todo a compartir expectativas de comportamiento y a sentir que se es parte de algo más grande que nosotros mismos.

Pero no todo es bailar… es necesario responder las preguntas que planteo y muchas más, y seguirlas repitiendo hasta que tengamos respuestas y podamos empezar a hacer lo que tenemos que hacer. De lo contrario, nuestras mujeres se seguirán muriendo y seguiremos siendo una sociedad poco menos que cavernaria.

Paz.

Fotografía Sorprendida: Cielos de Otoño del Caribe

A veces creemos que la cámara es la que hace al fotógrafo, yo creo que es la fotografía, o sea la habilidad de percibir la oportunidad de capturar una imagen interesante, la que hace al fotógrafo. Eso es lo que yo llamo fotografía sorprendida, imitando al célebre movimiento de poesía dominicana que se llamó «poesía sorprendida».

A pesar de que las estaciones no son particularmente visibles en el trópico, al menos no de la manera en que lo son en los climas templados, existen diferencias sutiles a lo largo del año. En mi caso las percibo a través de la ventana de mi baño (Guao! que pedestre el tipo).

Resulta que la ventana mira hacia el sudeste, con lo que los amaneceres de otoño e invierno ocurren justo frente a ella. De igual manera ocurre que hacia el final de la temporada de huracanes la humedad disminuye, el cielo tiene menos nubes y se tiñe de un azul saturado y bello que sirve de marco a las lumbreras del día o de la noche. También ocurre que en esa dirección se ven edificios y luces que se mitigan al amanecer o se resaltan en las noches de luna. Especialmente cuando se reduce la sensibilidad de la cámara y se toman las fotos sub-expuestas que el tiempo permite.

Algunas estan contrastadas o intencionalmente desenfocadas, pero todas miran hacia el mismo punto y reflejan los mismos techos. Dia o noche, la idea es reflejar el cielo de una ciudad que no deja de crecer.

No haré más comentarios y espero que les gusten.

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Fotografía Sorprendida: Vacaciones Caribeñas

A veces creemos que la cámara es la que hace al fotógrafo, yo creo que es la fotografía, o sea la habilidad de percibir la oportunidad de capturar una imagen interesante, la que hace al fotógrafo. Eso es lo que yo llamo fotografía sorprendida, imitando al célebre movimiento de poesía dominicana que se llamó «poesía sorprendida».

Me imagino que la mayoría de las personas ajenas a este Caribe tan entrañable evocan imagenes de placentaras vacaciones de playa y olas desde el momento en que se menciona el nombre de este «mare nostrum» tropical.

A pesar de que no me gusta para nada contribuir con cliches de este tipo, ni de ningun otro, hay fotos que he ido acumulando en sucesivas vacaciones y que, eventualmente, podríamos compartir. Estas son de la cosecha del 2015 en la costa norte de la isla.

Si bien las playas de la peninsula de Samaná (extremo nordeste de la isla) no son caribeñas «stricto sensu» porque miran a las aguas del Atlántico, no dejan de mantener la idea de lo que deben ser las arenas de las playas vacacionales del Caribe. Espero que las disfruten.

Estas primeras son imagenes convencionales de vacaciones, solo que, como es mi costumbre, no tienen personas en ellas, excepto por unos pies (los mios):

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En estas, estamos jugando un poco con la exposición, la luz y la polarización. Alguna que otra esta sub-expuesta, otras contrastadas y algunas miran hacia el lado de la cordillera y esquivan el sujeto de la playa:

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Pecados de Afluencia: 1. Ignorancia Musical

Pretendo hacer una lista de los pecados en los que incurrimos debido al mal uso de la relativa afluencia de que disfrutamos, como sociedad, desde hace un par de décadas. En este sentido comento:

Ayer iba conduciendo por las calles atestadas de Santo Domingo y, como siempre, soportaba el entaponamiento escuchando música que provenía de un iPOD que ya tiene más de seis años. En ese momento sonaba la reina de la «chanson mediterranee» doña Olga Lasso (le digo doña porque no todo el mundo debe excederse en confianzas con gente a la que no conoce). Y empecé a preguntarme cómo es que un tipo que nació tan tarde (1963) disfruta de música de la que escuchaba su padre.

Y es que no sólo escucho la música pop en español de los 1950 y 60 (Los Panchos, Tito Rodríguez, Felipe Pirela, Olga Guillot, Antonio Molina, etc) sino que conozco la letra, puedo cantar algunas de las canciones y también estoy completamente familiarizado con la música de aquella época idílica cuando los norteamericanos no podían hacer nada malo, me refiero a Ella Fitzgerald, Judy Garland, Glenn Miller, Frank Sinatra, Tommy Dorsey, Paul Weston, Jo Strattford, y muchos otros.

Cómo llegué hasta aquí? Cómo es posible que mis hijas, que disponen de recursos casi infinitos por comparación, no saben absolutamente nada de la música de mi época ni la de sus abuelos? Pues precisamente por eso, porque disponen de recursos infinitos. Porque padecen de afluencia.

En mi jueventud, yo no poseía música propia. Los discos de la casa eran los de mis padres, quienes también tenían muchos discos de la época de mis abuelos porque, a su vez, ellos sólo escuchaban la música de sus padres hasta que se «emancipaban». Y ojo que no se podía escuchar música todo el tiempo, había que pedir permiso y el permiso era escaso porque se gastaba la aguja de diamante que era bastante cara. De manera que la ocasión ideal para escuchar música era la visita de los tíos y los «tíos» (amigos de la familia que eran seleccionados como miembros de la familia mediante un ritual que en el Caribe lleva ron de por medio o cerveza ocasional).

En cambio mis hijas, que tienen una tarjeta de débito especial para adolescentes desde los once años y una cuenta para comprar en línea la música para sus respectivos iPOD’s, no padecen estos constreñimientos. Pueden escuchar la música que quieren cuando lo quieren. Que puede ser hasta en la iglesia gracias a los audífonos de diseño discreto cortesía de los japoneses, alemanes y chinos.

Por supuesto, optan por escuchar lo que compran, y lo que compran es lo que más se vende, o sea, el insolente de Juntin Bieber y otros mocosos que necesitan urgentemente un par de cachetadas.

Mea Culpa.

Este es un pecado colectivo, un pecado en el que participamos todos los que creemos que la ansiedad de pedir permiso para escuchar música es algo que frustra y arruina la niñez. No nos damos cuenta de que el placer furtivo de escuchar los discos de papá, mientras se piensa en la chica aquella de falda plisada, es una experiencia que no se puede comprar en la tienda de «Apple». Cualquiera diría que esta sociedad capitalista que se esmera en vender «experiencias», que no agua de colonia, café o música, ya habría encontrado una fórmula para embotellar eso.

De alguna manera la austeridad forzada de la posguerra y de esos años, en que sólo se botaba lo podrido o lo destruído, generaron con sus privaciones una capacidad de detectar las sutilezas de un bolero, un danzón, un tango o el «jitterbug». Y parece que el patrón se repite porque las sociedades con menos riqueza material tienen unas expectativas un tanto más optimistas que las que se miden en los países en los que la gente disfruta de mayores posesiones. Por lo menos en el Caribe es así.

Cierto, me gustaría que mis hijas escucharan algo de la música que me trae recuerdos, pero no niego que hay algo narcisista en ello. Debe ser esto de la mediana edad y el maldito inconformismo con que ya no puedo nadar los cien metros estilo libre en un minuto.

Bueno … a la mierda! Me voy a escuchar algo de Frank Sinatra o de la incomparable Ella Fitzgerald. Y como dirían en la península … a Justin Bieber que se vaya a tomar p’uer culo.

Santo Domingo, Mayo del 2016.

Cultura Fluida o Gelatina con Frutas

Desde mi niñez he venido escuchando como un sonsonete eso de que estamos siendo penetrados culturalmente y que nuestra identidad está siendo desplazada. Ahora entiendo que es importante que dejemos asentadas un par de verdades como para no seguir engañados y metidos en el mismo discurso de siempre.

La primera verdad es que la cultura dominicana es tenaz, recursiva y vigorosa como pocas. Tenemos características culturales únicas y que tienen sus raíces en siglos de historia de convivencia cultural entre nuestros ancestros de todas partes. Es cierto que tomamos prestados e integramos a nuestro continuum cultural muchos giros y formas de hacer las cosas. Pero, ¿acaso no es toda la historia humana un proceso de adiciones paulatinas que modifican incrementalmente toda la experiencia humana y la adaptan a su entorno?

Todos los sistemas complejo-adaptativos se fortalecen con la diversidad y es precisamente ese «tomar prestado lo que no tenemos» lo que garantiza la supervivencia de esa masa que se llama la cultura vernácula. Nuestra manera de ser y decir es una especie de cultura fluida, como el agua cede, retrocede, envuelve y rodea todo lo que pretende desplazarla. Sin embargo, queda. Ningún caribeño dijo nunca que no a nada. Nuestros ancestros recibieron a visitantes de todas partes y, rara vez, opusieron resistencia violenta. Esta última emergió con el tiempo.

De manera que nuestra cultura es como un tazón de gelatina con frutas. En ella, lo esencialmente dominicano y caribeño es esa gelatina que lo mantiene todo unido. Que le da consistencia a nuestra vida cotidiana y nuestro hacer. Dentro de ese hacer están suspendidos, a manera de frutas, los pedazos de toda otra cultura que quiso imponerse, desplazar, intimidar, o convertir a lo que somos. Y el todo mantiene, entonces, esa criticalidad auto-equilibrante que nos permite adaptarnos a este entorno de gigantes iracundos y amenanzantes (oh boy! this is something), a este pasar de potencias en vacaciones, a esta historia sin contar.

Los jóvenes dominicanos son una especie de rareza en el continente ya que se esmeran por aprender las danzas nacionales e incluso las exportan. Los ritmos que han ido emergiendo en nuestros ámbitos rurales y urbanos, como la bachata, el merengue, y las versiones urbanas de ambos, se mantienen presentes en casi todos los entornos festivos. Nuestra comida tiene el marco referencial fijo del arroz, las habichuelas y la carne guisada. Todo lo demás pasa cantando. Pasaron los franceses con sus suflés, los árabes con rollos de repollo y tabuleh.

La segunda verdad es que todo cambia, así sea en la superficie, y eso no significa que cada cambio sea para siempre o que no haya, en el fondo, una civilización inamovible, una gelatina suave al tacto y transparente a la vista, pero que es al mismo tiempo incompresible y auto-sustentada. Los dominicanos siempre hemos dicho que todo lo que llega a esta isla eventualmente se oxida, se daña, se cambia o se disfraza. Los enanos crecen, a los calvos le sale pelo, las fieras devienen mascotas y solo queda el sol y el viento. Sino preguntenles a los chinos que ahora se llaman José o Santiago, o a esas imágenes católicas que significan otras cosas para los cultos sincréticos.

Es cierto que nuestra habla vernácula se ha ido llenando de extranjerismos, mayormente anglicismos, pero también es cierto que esas palabras no son simple y llanamente añadidas, sino que son modificadas, torcidas y pegadas, y que en Nueva York hay ahora mismo más estaciones de música dominicana que las estaciones que hay en Santo Domingo de música norteaméricana. Nuestra cocina ha ido incluyendo, y modificando, platos de todas las regiones. Nuestra versión del chowfan, que ahora incluye salchichón, está presente en casi todos los restaurantes chinos de Santo Domingo. Al mismo tiempo, la cultura china que es siempre tan definitiva y erecta que define lo que es chino definiendo aquello que no lo es, en nuestro país ha tenido que ir negociando. Los establecimientos de comida china en todo Santo Domingo ahora son de «comida china y criolla» y se manifiestan en algo tan local como el llamado «pica pollo». Originalmente un plato a base de pollo frito que se creó en el sur de los Estados Unidos y que ahora lleva tostones (rodajas de platano verde frito) y que puede ser de pollo al horno en vez de frito, que fue torcido y cambiado para, finalmente, ser convertido en plato dominico-chino.

Para que haya penetración cultural tendría que haber un penetrante y un penetrado. Y nosotros penetramos como el que más. Eso de asimilar no es nuevo. Ya desde principios del siglo XX la películas que veíamos eran mexicanas o argentinas. Igual la música que escuchábamos podía venir desde el sur o desde Cuba. Lo único cierto es que esta cultura fluida, esta gelatina de frutas en la que vivimos, nunca dijo que no, nunca cerró sus puertas. Gracias a Dios.

Por eso estamos y somos.

Santo Domingo, Mayo 2016.

Fotografía Sorprendida

A veces creemos que la cámara es la que hace al fotógrafo, yo creo que es la fotografía, o sea la habilidad de percibir la oportunidad de capturar una imagen interesante, la que hace al fotógrafo. Eso es lo que yo llamo fotografía sorprendida, imitando al célebre movimiento de poesía dominicana que se llamó «poesía sorprendida».

Y para la fotografía, es el instante el que reina, sin que importe mucho la herramienta. Para probar este punto quiero presentar algunos ejemplos de fotos que he tomado con una simple camarita de las que los fotógrafos llaman «point and shoot», o sea las que solo se apuntan y disparan sin que te ofrezcan la oportunidad de modificar los ajustes de captura. En mi caso se trataba de una Panasonic con 8 MP de capacidad de afinamiento. Es una camarita que compré para trabajos de inteligencia de negocios, pero que me ha dado gratos momentos de búsqueda.

Aclaro, sin embargo, que no soy muy entusiasta del retrato, sino que disfruto más de las fotos de paisaje y naturaleza. Creo que es el anti-social que hay en mí.

Quisiera iniciar con una serie de cuatro fotografías que tomé en la playa de Bayahibe (provincia de La Romana, como a una hora y media el este de Santo Domingo por auto). En estas fotos esta representado el cielo de primavera (semana santa) al atardecer. Las escasas figuras humanas se ven oscurecidas e imposibles de identificar. Las nubes parecen ominosas y los palmares son un marco perfecto para ese sol que empieza a perder la batalla pero que, rebelde, se niega a irse sin quemar un poco más.

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Y continúo con dos fotos mas, tomadas durante mi primer viaje a España en el inverno 2009-2010 cuando me acababa de casar con Tere. La primera en Avila con una temperatura prevalente de menos seis grados centígrados. El cielo de invierno, con baja luz, es de un azul saturado y hermoso. El sujeto central es la iglesia de San Vicente.

San Vicente en Avila

Y la segunda, que fue tomada el mismo día (por ende con la misma cámara) en la que miramos a la ciudad de Segovia desde la parada del autobús. El cielo es igual de azul pero la iluminación es más bella si se quiere.

Con ésta, cierro esta participación y les exhorto a que encuentren su oportunidad de tomar fotos hermosas de la única manera posible: buscando, buscando, buscando, pero sobretodo, tomando todas la fotos que puedan.

Segovia desde el Autobus