Hispania 2017: Cielo Atlantico

Hace tiempo que no hago entradas de fotografía, de manera que voy a aprovechar que desempaqué (por fin) algunas fotos de mi viaje a España para irlas poniendo poco a poco (porque sí, son muchas) en varias entradas agrupadas por temas más o menos compatibles.

Esta primera es de las ultimas fotos que tomé desde el avión de regreso (la ida fue de noche) y que muestra el cielo sobre el oceano atlántico a unos 41 mil pies de altura (si es que la pantalla del avión es más o menos exacta). Estas vienen de que después de dormir un poco y mirar dos bazofias filmicas, en realidad hay muy poco que hacer dentro del [puto] avión.

Estas son del inicio del viaje, ya saliendo por la costa portuguesa que, por cierto, no se ve.

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La anterior es clara y serena, como si se contemplara el mar desde un pico helado.

A continuación algunas que se muestran frias y oscuras, pero con una tranquila elegancia en las formas con las que juegan las nubes.

Este ambiente sereno, distante y hostil a la vida (la temperatura a estas alturas es de unos -40 grados), da paso a algo que parece mas turbulento a medida que bajamos un poco y nos acercamos a nuestro Caribe querido e inquieto.

Y ya casi al llegar….

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Bueno y todo esto con mi Canon G1X MarkII…

La Demonización de los Colectivos

A muchos de nosotros nos ha tomado por sorpresa el aparente golpe de timón, hacia la derecha, de las democracias liberales de occidente. Sin embargo, sólo tenemos que hacer un recuento de los argumentos que se esgrimen en muchas de esas democracias para justificar los resultados electorales que a muchos sorprenden. Si lo hacemos, encontraremos que existen algunos denominadores comunes que se comparten, sólo en el ámbito del discurso, a lo ancho de todos esos resultados.

Veamos algunos de ellos:

  1. Los politicos tradicionales son todos unos corruptos que gobiernan solo para un grupo de ciudadanos igualmente corruptos.
  2. Todo el sistema politico depende economicamente del trabajo de unos pocos que tienen el derecho a recibir más de lo que reciben.
  3. El sistema está podrido y debe ser «saneado» (en cada país este proceso está investido de los ataques a los malos del momento que le corresponden a cada sociedad).
  4. Sólo un líder fuerte y su partido pueden hacer esta labor de saneamiento.

Por supuesto, este discurso que deslegitima y demoniza a los colectivos de todo tipo sólo puede llevarnos a una consciencia de mesianismo injustificado, a una búsqueda de ese conductor moral y espiritual que nos «resuelva el problema». Pero resulta que la realidad es siempre más compleja que estas disquisiciones de discoteca. Los llamados «hombres rectos» que se supone que nos pueden llevar a un lugar mejor, pueden ser, y normalmente son, tan susceptibles a la corrupción como los del sistema que se quiere destruir. De manera que es siempre un gran riesgo el pretender que todo cambie de golpe. Dicho de otro modo: «siempre se puede estar peor».

No crean, sin embargo, que esto es un llamado a la inacción y a aceptar el presente sin oponer resistencia. Al contrario, es un llamado a que ejerzamos la acción colectiva en bien de todos los que, todavía, vivimos y malvivimos en este planeta. A lo que me refiero es que todas las soluciones son, querramoslo o no, colectivas, y para que estos esfuerzos colectivos tengan efectos duraderos tienen que emerger de «abajo hacia arriba». Para que los compromisos permanezcan en el tiempo, tienen que ser asumidos por quienes los llevan a cabo, y no por «interpósita persona».

Muchos dicen que «para que el país mejore, tiene que mejorar la escuela», el problema es que para que mejore la escuela tenemos que mejorar como estudiantes, como maestros y como ciudadanos, y para que mejoremos en todos estos ámbitos, tenemos que indignarnos!

SOBRE EL DISCURSO DE IRA (IRA ORATIO)

A MANERA DE INTRODUCCION:

De entrada, quisiera enfocar un tema que se refiere a un aspecto de la comunicación social de nuestros tiempos y toca elementos de la subjetividad humana. Este aspecto se manifiesta en la actualidad política de la mayoría de las democracias occidentales como una evidencia de la complejidad de nuestra vida cotidiana que no está siendo comprendida desde el poder político. Se trata del discurso de ira que emana desde los grupos que ejercen el poder en diversos estados nacionales y que se ven a sí mismos como los beneficiarios legítimos y privilegiados de los servicios de convivencia o gobernanza que se produzcan desde ese estado nacional. Pero el discurso de ira tiene raíces que se entrelazan con conceptos más concretos como el estado nacional, la democracia liberal, el concepto de nacionalidad versus la ciudadanía y la manera como la inconformidad con las dinámicas sociales ha dado fuego a una retórica de la división.

A este tema se le puede atribuir una gran influencia en eventos como la decisión mayoritaria del pueblo británico de salir de la comunidad europea y la elección en los Estados Unidos del presidente Donald Trump. En ambos casos se dio una manifestación electoral de un estado de insatisfacción oculto. Oculto en el sentido de que no se manifiesta en el discurso prevalente en los medios de comunicación social, y por ello se constituyeron en una verdadera sorpresa.

  1. DEL ESTADO NACIONAL 

Antes de tratar las bases de esta secuencia, no muy organizada, de reflexiones es importante que revisemos los planteamientos del investigador cubano Pedro Sotolongo en lo que concierne a la forma en que se configura el comportamiento cotidiano de las personas alrededor de expectativas mutuas de comportamiento social.

Tal como el nombre lo indica, las expectativas mutuas de comportamiento no son más que aquellas imágenes mentales que nos hacemos acerca del comportamiento de los demás y que cuando se ritualizan e institucionalizan constituyen la matriz del comportamiento cotidiano y el tejido base de una cultura. Dichas expectativas mutuas se cimentan alrededor de prácticas cotidianas, por lo recurrentes, que se pueden observar como prácticas de poder, deseo, saber y discurso, siguiendo la configuración propuesta por Sotolongo, y que pueden manifestarse en uno sólo de estos ámbitos o en varios. A su vez, estas prácticas emergen de un rizoma que va de lo reflexivo, en su etapa de aprendizaje, a la consciencia tácita pre-reflexiva, para luego reaparecer en el ámbito reflexivo al conjugarse con lo intencional cuando dichas expectativas no son cumplidas o requieren de una institucionalización más formal.

Se puede colegir, pues, que si la cultura de un pueblo se basa en tradiciones y trayectorias compartidas, entonces el escenario en que tales tradiciones, ya culturales, se manifiestan sería en la vida cotidiana de cada miembro de ese pueblo y permanecen en las expectativas que tiene cada individuo acerca del comportamiento del resto de la colectividad.

Si aceptamos que la cultura homogénea que se le atribuye a un pueblo o nación parte de sus tradiciones, un pueblo, una nación, serían pues un conjunto de personas con expectativas mutas de comportamiento ritualizadas y/o institucionalizadas de manera más o menos homogénea. De aquí emergería el criterio de que el estado nacional se sostiene en el derecho de un pueblo a vivir bajo leyes que sean compatibles con sus tradiciones, o sea, sus expectativas mutuas de comportamiento ritualizadas y/o institucionalizadas a través del tiempo.

En la dinámica cotidiana de una cultura determinada, y a falta de un contacto físico permanente entre los miembros de esa cultura, son las prácticas de discurso las que emergen como vector de transmisión de las expectativas de comportamiento propias de esa cultura. Visto lo anterior, las prácticas de discurso son vehículo inicial de las expectativas de comportamiento de los miembros de una cultura, ya sea que la misma se encuentre en mayoría dentro de un ámbito nacional o se encuentre en condición de minoría.

La capacidad humana para modificar el entorno nos permitió migrar a cualquier parte en la que se encontraran las condiciones más propicias. Pero, ya en el momento en que se concibe la idea de un estado nacional, las poblaciones de Europa Occidental habían alcanzado un cierto equilibrio. Dicho equilibrio, con el correr de los años, se manifestó en una serie de características étnicas definidas que fueron incorporadas, junto con las expectativas de comportamiento, al criterio de nación, fomentándose con ello ciertos arquetipos de aspecto y comportamiento.

Toda esta consideración sobre las prácticas de discurso y su vinculación con las expectativas de comportamiento propias de un determinado entorno cultural, nos lleva a mencionar una especial tendencia reciente hacia lo que he llamado el “discurso de ira”. Este concepto se refiere a la forma en que determinados grupos manifiestan su inconformidad con cualquier comportamiento que esté fuera de las expectativas propias de su cultura. Sin embargo, en su encarnación más reciente, este discurso no se limita a manifestar hostilidad hacia las prácticas de algunas minorías, sino que ha sido también usado por grupos racistas más radicales para rechazar la presencia de individuos perfectamente asimilados al comportamiento predominante, pero, que no se parecen externamente a ellos.

El discurso de ira se presenta en casi todos los estados nacionales y es ejercido por las mayorías étnico-culturales que se arrogan la propiedad y representación de dicho estado nacional. Casi siempre, se usa para deslegitimar las prácticas cotidianas de saber y discurso de las minorías y para argüir a favor del des-empoderamiento de esas mismas minorías. Sin embargo, este discurso de ira no es necesariamente, como acabamos de mencionar, un ejercicio de racismo fundamental sino un recurso para ventear la insatisfacción de determinadas expectativas.

De igual forma, ocurre que, en determinadas sociedades, el discurso de ira es usado como arma para deslegitimar y desempoderar a determinada mayoría. Por ejemplo, en Sudamérica hay países en los que, siendo la mayoría de la población étnicamente aborigen, el discurso de ira fue usado, no por esa mayoría, sino por parte de una minoría opresora. Sin embargo, para poder avanzar en este tema tendríamos que convenir en que el discurso de ira (Ira Oratio, como también lo he llamado) es una herramienta del poder, generalmente mayoritario, en contra de minorías oprimidas, con el propósito de conformar estas minorías con las expectativas propias de la cultura del opresor.

En cuanto a las minorías, el efecto del discurso de ira sobre ellas ha sido el de la supresión de muchas manifestaciones  y la conformación del propio comportamiento de dichas minorías a las expectativas manifiestas desde ese mismo discurso de ira originado en las mayorías. Como un ejemplo, baste mencionar que la generación de afro-americanos que se manifestó públicamente durante el período de la lucha por los derechos civiles en los años 60 del pasado siglo, no era diferente de las mayorías que le oprimían en cuanto al comportamiento cotidiano, o sea sus hábitos, la forma de vestir, de hablar, etc. Dicho de otro modo, la manera como esa minoría oprimida reaccionó al discurso de ira de la mayoría opresora, fue adquiriendo el aspecto externo de esa mayoría que le oprimía y asimilando sus expectativas de comportamiento mutuo como un elemento de legítimo de pertenencia a esa cultura.

Recordemos que todo esto emana de un instante en la vida de las naciones en que existía una morfostásis en cuanto a los caracteres étnicos de las mismas. Sin embargo, en un entorno dinámico de nuevas oleadas migratorias, tiene acaso sentido que mantengamos los viejos ideales de una nación étnica y culturalmente homogénea que alimente las mismas expectativas de comportamiento mutuo?

Para nosotros los latinoamericanos el concepto de una nación vinculada a la apariencia externa es insostenible. Somos verdaderamente tan diversos que nuestro concepto de nación solo puede existir en el ámbito de las costumbres y las expectativas de comportamiento mutuas, las cuales se han hecho  cada vez más complejas con el correr del tiempo.

2.  SOBRE LAS DEMOCRACIAS LIBERALES DE CORTE “OCCIDENTAL”

En el occidente de Europa se inició el proceso intelectual de generar las ideas que dieron base a lo que hoy llamamos “democracia liberal”. Sin embargo, este proceso adquiere forma funcional con la declaración de independencia de los Estados Unidos. Esta declaración establece las bases de un sistema en el que el gobierno es electo por la mayoría pero se preservan los derechos y libertades de las minorías en una dinámica que emerge como un equilibrio precario entre el poder ejercido a través del voto por las mayorías y la protección de los derechos, consagrados en la constitución, para las minorías a través de un balance entre los poderes del estado.

Este equilibrio dinámico se encuentra asegurado por las instancias de gobernanza y exige una vigilancia permanente debido a que las mayorías culturales o étnicas, o ambas a la vez, entienden que el estado al que pertenecen es una continuación jurídico-política del estado nacional con lo que, en ocasiones, se arrogan el derecho de satisfacer o legitimar a su conveniencia cultural las prácticas de otros grupos dentro del estado de democracia liberal. Por supuesto, el sistema educativo masificado y estandarizado es un intento de conformar todos los comportamientos cotidianos a las expectativas, ya arque tipificadas, de las mayorías étnico-culturales y el poder político-económico.

Esta forma de organización del estado, en su momento tan novedosa, asumió una serie de premisas, de manera un tanto tácita, las cuales nos han llevado a una situación de cierta confusión. Una de esas premisas fue que el estado nacional, en tanto correspondiente a una nación pre-existente, debía servir a esta nación que lo fundó y, puesto que todos los ciudadanos o miembros de este estado eran a la vez miembros de la nación a la que servía, la nacionalidad y la ciudadanía debían ser una sola cosa con los mismos privilegios y vías de acceso. Por supuesto, se hizo salvaguarda de que varias posiciones electivas, como las de presidente y vice-presidente de la república, solo eran accesibles si se había nacido dentro del territorio nacional. Con esto se garantiza, de la mejor manera posible, la pertenencia a las características culturales de la nación a la que sirve ese estado.

Estas premisas asumidas por los fundadores de los Estados Unidos, y en consecuencia por las repúblicas que se inspiraron en este proceso en todo el resto de América, de equiparar la nacionalidad a la ciudadanía, han generado, con el correr del tiempo, una gran ansiedad en las etnias mayoritarias que ven ahora en sus con-nacionales a personas con una gran diversidad étnica y cultural que no necesariamente existía en los inicios de esta república. Aquellos, que entendían que el estado fundado para servir a una nación mayoritariamente blanca no podía tratar de igual manera a los que no se le parecen, ahora manifiestan su repulsa ante este nuevo aspecto de “su país” y ven su discurso suprimido por los medios que se adhieren a las bases de la democracia liberal.

En cuencas de nacionalidad más antiguas ya hace tiempo que ambos conceptos fueron segregados. De esta manera acomodaron la existencia de naciones pluri-estatales (que se encuentran dispersas en varios estados como los Kurdos), o estados pluri-nacionales como la ex Unión Soviética. Igual ocurre en países como los reinos del golfo en que hay unas minorías de nacionales “auténticos” servidas por una inmensa mayoría de residentes que, en algunos casos, pudieran llegar a tener algunos derechos de ciudadanía. Pero esto puede ocurrir en el ámbito de un estado totalitario, jamás en una democracia porque desde el momento en que haya una mayoría numérica de ciudadanos, esta podría ser usada para despojar a la nacionalidad “autentica” de todos los privilegios que le otorguen las leyes.

Dicho de otro modo, los blancos que componen la todavía mayoría de la población de los Estados Unidos de América (69%) pueden entender que el estado nacional que los ampara es una entelequia jurídico-política creada para dar carácter legal a sus expectativas de comportamiento ya institucionalizadas. De igual manera, los dominicanos que vivimos en esta república sentimos que el estado nacional llamado República Dominicana existe para que los dominicanos puedan vivir con arreglo a sus costumbres, por lo que toda otra práctica que le sea ajena debe ser suprimida. Esta es una expectativa legítima desde el punto de vista de la educación tradicional y el concepto tan repasado de que el estado nacional fue fundado para gobernar a una nación con determinada cultura y no a otra.

Es fácil juzgar, pero la realidad es que no le falta razón al clamor de las mayorías siempre que se asuma que el estado que ha optado por el régimen de democracia liberal es también un estado nacional establecido para proteger el derecho de un determinado pueblo a vivir con arreglo a leyes inspiradas en su cultura, o, dicho de otro modo, sus propias expectativas de comportamiento institucionalizadas.

Es importante ver, en un estado, el motivo expuesto por sus fundadores para tal creación. De las primeras palabras públicas que se conservan de Juan Pablo Duarte (padre de la patria Dominicana), durante el inicio de los trabajos conspirativos de su sociedad secreta, extraigo estas palabras:

“…La cruz blanca que llevará nuestra bandera dirá al mundo que el pueblo dominicano, al ingresar en la vida de la libertad, proclama la unión de todas las razas por los vínculos de la civilización y el cristianismo… “

Como podemos ver, los fundadores entendían a mi país como un pueblo esencialmente cristiano y parte de lo que él llamaba “civilización” y que por supuesto se debe entender como civilización europea occidental (pues de ahí venía su formación). Y, visto de otro modo, ya desde los inicios del ejercicio de la llamada democracia liberal se manifiestan debilidades que emergen del concepto de que un estado nacional debe estar vinculado a un derecho que podríamos denominar “ab culturam” o emanado desde la cultura. La permanencia de tal concepto genera una paradoja para la democracia liberal que se puede plasmar como:

¿Deben los poderes del estado suprimir los intentos de la mayoría cultural por imponer sus expectativas de comportamiento a las minorías que coexisten dentro de una democracia liberal, toda vez que el estado ha sido fundado desde tales expectativas de las mayorías?

¿Puede prevalecer el concepto de un “estado nacional” basado en expectativas propias de la nación que le da origen, dentro del ámbito jurídico-político de una democracia liberal que está llamada a proteger las expectativas (siempre que sean legales) de otros grupos nacionales dentro de ese mismo estado?

A primera vista, repito con el temor de sonar manido, pareciera que es legítimo el discurso de ira emanado de las mayorías para tratar de “forzar” el cumplimiento de sus expectativas culturales por parte de las minorías. Por otro lado, sería contraproducente para el poder constituido el tratar de suprimir este discurso bajo el alegato de que fomenta la división y el odio, toda vez que el estado nacional nace precisamente para preservar las características, modo de vida y expectativas de ese grupo que es coyunturalmente mayoritario.

En ningún otro país es más evidente este conflicto entre los conceptos de estado nacional y democracia liberal que en Israel. En ese país, y puesto que la población de origen árabe palestino crece mucho más rápido que la judía, llegará el momento en que tendrán que decidir si quieren ser un estado nacional judío o una democracia liberal. Esto así porque los palestinos estarán dentro de muy poco en la condición de elegir a los representantes del poder del estado y cambiar la base legal de las expectativas de comportamiento mutuo. Viendo el devenir de esta dinámica pareciera que Israel está condenado a convertirse en un estado totalitario, con régimen tipo “apart-heid”, en muy corto tiempo.

En las democracias liberales occidentales, se ha tratado de suprimir el discurso de ira sin comprender la frustración de las mayorías con respecto a estas expectativas diferentes de los grupos minoritarios, frustración que también se ve exacerbada por la situación de crisis del capitalismo de mercado actual. Estos intentos de supresión y/o deslegitimación del discurso de ira han generado un distanciamiento con respecto a las elites políticas, que ha provocado los eventos como el llamado “Brexit” y la elección de Mr. Trump, así como el surgimiento de grupos abiertamente xenófobos en muchos países de occidente y del este de Europa.

3.  EL EMERGER DEL DISCURSO DE IRA EN OCCIDENTE

Como vimos, las mayorías culturales dentro de las democracias liberales de occidente han ido entendiendo como un derecho inherente al estado nacional la expresión de sus expectativas de comportamiento (ritualizadas o institucionalizadas). Sin embargo, las democracias liberales, en su afán por evitar el emerger de situaciones de inestabilidad o violencia, han intentado suprimir lo que han llamado “discurso de odio” o “expresiones xenofóbicas y racistas” cada vez que un elemento cualquiera de las mayorías étnico-culturales de un país recurre a un discurso deslegitimador de las prácticas de una minoría co-habitante.

Es importante que empecemos a discriminar entre la manifestación de una indignación cuasi-legitima sobre las expectativas de comportamiento mutuo insatisfechas por las prácticas de una minoría y aquello que se puede llamar discurso de odio, incitación a la violencia o racismo puro y simple. En esencia, el discurso de ira es tan viejo como el establecimiento de las primeras comunidades en las que empezó a primar una determinada expectativa de comportamiento. El discurso de ira proviene de la promesa de la creación de un estado nacional para vivir con arreglo a las propias costumbres y el discurso de odio proviene del miedo o de la creencia en una superioridad intrínseca.

Igualmente importante es que podamos entender fenómenos como el de la victoria de Donald Trump o el fenómeno “Brexit”. En ambos casos la percepción de una supuesta amenaza al estilo de vida de los países en que ocurrió pareció primar sobre lo que indican los más fríos números. Por supuesto, siempre que se mencionan estos temas relacionados con la subjetividad humana es esencial que sepamos que las percepciones vinculadas a esos movimientos políticos son contextuales. Por lo regular se dan en situaciones en que la dinámica económica se halla atrapada en atractores indeseables para la población perteneciente a esa mayoría que ejerce el discurso de ira.

Por varias décadas, las democracias liberales occidentales lograron suprimir el discurso de ira de las mayorías nacionales mediante una especie de consenso no escrito entre el discurso político y los medios de comunicación tradicionales. Sin embargo, el emerger de las redes sociales tecnológico-electrónicas ha creado un espacio sin censuras en el que pululan las teorías de conspiración, mundiales o locales, y se hace muchísimo énfasis de una serie de amenazas, reales o inventadas, con lo que se crea un ambiente de inevitable desastre. Dentro de este ámbito se ha fortalecido una especie de contra-cultura que es completamente etno-céntrica y regionalista.

Por supuesto, el ejemplo perfecto es el presidente de los Estados Unidos Donald J. Trump quien, como médium de feria, ha “canalizado” las inquietudes, legítimas o no, de las mayorías étnico-culturales de su país. En este proceso se ha convertido en un presidente retórico, cuyos logros se miden sólo desde este ámbito y con ello satisface la necesidad, casi morbosa, de esas otrora mayorías de escuchar su discurso legitimado. Su gran juego es precisamente que esas mayorías atemorizadas y mordidas por la crisis del capitalismo, se dejen llevar por sus logros retóricos de hablar, “al fin” entienden esas masas empoderadas y desposeídas, de las murallas en la frontera y la prohibición de entrada de musulmanes, sin ponderar que nada ha cambiado en realidad y que la crisis, como el dinosaurio de Augusto Monterroso, sigue estando ahí.

No hay salida simple ni evidente de esta situación de incompatibilidad última entre el concepto de estado nacional creado para preservar una cultura y la democracia liberal instaurada para proteger los derechos de cada individuo. Sin embargo, sería saludable ver diferentes mecanismos de mitigación de la tensión estado nacional – democracia liberal y sus desenlaces posibles. Una discusión a fondo de los mecanismos de mitigación, en diferentes contextos y escenarios, escapa al alcance de este breve documento pero de momento se nos ocurren estos mecanismos:

    • No hacer nada.
    • Abandonar el concepto de estado nacional a favor de un concepto de espacio de derechos vinculado a un territorio (poco plausible en el contexto actual), lo cual conllevaría la segregación definitiva de los conceptos de “nacionalidad” y “ciudadanía”.
    • Mantener el estado nacional pero aplicando su fragmentación de manera que se repitan los ejercicios de segregación del profesor Schelling y de forma que al final existan gobiernos locales de mayorías confinadas a determinados espacios.
    • Mantener el sistema de convivencia entre el estado nacional y la democracia liberal pero permitiendo y legitimando los reclamos de las mayorías así sea que se manifiesten en discurso de ira, aún a riesgo de generar alienación permanente de las minorías objeto de dicho discurso.
    • Lograr el cumplimiento de las expectativas de comportamiento de las mayorías a través de la educación.
  • Una combinación cualquiera de los procesos anteriores, como por ejemplo: abandonar el concepto de estado nacional y sustituirlo por un concepto de espacio de derechos y, al mismo tiempo, reformular la educación para generar expectativas de comportamiento colectivas que no obedezcan a la caracterización de ninguna de las culturas presentes.

4.  LA EDUCACION COMO CLAVE DE LOS PROCESOS DE MITIGACION

Vistos los escenarios del punto anterior, encontramos que el menos traumático sería el uso de la educación como mecanismo para conciliar las expectativas de comportamiento de los grupos minoritarios o minorizados con aquellas de los grupos mayoritarios o en control del poder político-económico.

Esta salida no es nada nuevo. Por el contrario es lo que se ha venido haciendo desde hace tiempo sin que se defina como una estrategia centrada en una conciliación. Sin embargo, a lo que nos referimos cuando hablamos de recurrir a la educación como árbitro de las expectativas de culturas co-habitantes no es al manido tema de usar el proceso educativo como si fuera compuesto de rieles sobre los que debe rodar el comportamiento de todos los habitantes de un país, sino más bien de una dinámica de indagación que se centre en los intereses comunes de todos los seres humanos y al menos trate de desechar el evidente etnocentrismo de casi todas las dinámicas educativas actuales. Por supuesto, esto de eliminar el etnocentrismo se dice fácil pero no es tan sencillo. De entrada se tiene que elegir la lengua en la que se ejecutará el proceso educativo, lo cual acarrea una valoración histórica y se emite una opinión sobre la relevancia y aptitud de una herramienta determinada de comunicación.

Por otra parte, tenemos que entender que todos los mecanismos pensados para mitigar la tensión entre el concepto de estado nacional y la idea de la democracia liberal serían propuestos para afectar sistemas altamente complejos como las sociedades humanas. Estos colectivos, como sistemas complejos, tienen infinitos contextos para cada escenario. Igualmente, es bueno enfatizar que el discurso de ira no es una enfermedad sino solamente el síntoma de una enfermedad más profunda que sub-yace. Esa enfermedad es la profunda situación de inequidad  que castiga al capitalismo occidental y que ha hecho emerger las incoherencias entre el supuesto respeto a las minorías y la promesa de un estado protector de la cultura propia.

El rol de la educación, en medio de esta dinámica de desmonte de antiguos presupuestos, puede ser central por las siguientes razones:

  1. Un largo proceso educativo puede desmontar o afianzar la expectativa de disponer del estado como ente protector de la propia cultura, eliminando así el conflicto estado nacional – democracia liberal.
  2. A través de la educación se pueden integrar y fusionar las expectativas propias de otras culturas en la consciencia colectiva de una nación, siempre que dichas expectativas de comportamiento sirvan mejor a su fin manifiesto.
  3. La educación puede anular o maximizar el efecto del discurso de ira como modulador de las expectativas de las minorías.
  4. Desde las aulas se puede atacar la raíz de la inequidad fomentando una cultura de empoderamiento de las masas más desfavorecidas.

El más evidente problema que emana de las democracias liberales occidentales y que se inserta en los procesos educativos desde el principios, en cuanto a reconocer el discurso de ira como tal, proviene del legado lineal, analítico y reduccionista que impide ver a las minorías como otra cosa que no sean componentes monodimensionales. Esto es, el negro es solo eso, negro, el árabe es sólo árabe, el chino sólo chino, en cada caso con su carga de estereotipos y expectativas intrínsecas. Esto ignora las muchas historias de cada ser humano. Se puede ser negro, árabe, chino, pero también alto, bajo, gordo, flaco, callado, escandaloso, decidido, elegante, rufián, trabajador, y una serie interminable de etcéteras. Cuando un miembro de una minoría rompe con las expectativas mutuas de comportamiento de una determinada cultura, la crítica que le pueda sobrevenir no es necesariamente un manifiesto racista, sino que puede apuntar a una de esas muchas, casi interminables, características que puede tener, o no tener, una persona cualquiera. El discurso de ira que menciona determinada prevalencia en una minoría es un mecanismo que ha existido desde los albores de la civilización para forzar a los grupos recién integrados al cumplimiento de las expectativas de una cultura. No es un vestigio del racismo xenófobo.

Cuando alguien en Europa o Norteamérica me señala la tendencia de sus vecinos dominicanos a ser ruidosos, vociferantes, e incluso molestos, no necesariamente apunta a un asqueroso manifiesto racista. Apunta a un hecho que rompe sus expectativas de un comportamiento callado. En vez de defenderme diciendo que no todos los dominicanos son escandalosos, porque no todos realmente lo somos, debo entender que muchos sí lo son y que también pueden ser muchas otras cosas, malas y buenas, o sea armoniosas con las expectativas de su nuevo entorno social como migrantes o disruptivas con ese mismo entorno.

En ese aspecto, el papel de la educación puede y debe ser crucial, en el sentido de que un quinto eje de los efectos benéficos de la educación puede ser el de finalizar ese concepto monodimensional de las minorías. Esa idea, verdaderamente atávica, de que las personas sólo pueden ser una sola cosa. Puede que sea hora de que nos sentemos a escuchar la llamada legítima de los agonizantes estados nacionales, quiero decir, estados nacionales como conceptos, y entender que en esta dinámica de discursos legítimos y no tanto, hay un hilo conductor que viene de muy lejos.

De manera que no todo lo que se critica de una minoría es porque esa minoría es amarilla o negra o de cualquier otro color. Pueden haber razones legitimas, desde la cultura que sea, para que se reclame el cumplimiento de las expectativas de comportamiento dentro de un estado nacional X. Si no entendemos esto sólo hay uno de dos caminos, o prescindimos completamente del estado nacional o aceptamos esto como legitimo e iniciamos una conversación sobre esta base para que, algún día, podamos vivir en paz.

El salario mínimo universal – Ultimo balón de oxígeno del capitalismo?

Por: CELL

A finales de los 90 un autor norteamericano, al que me he referido en ocasiones, de nombre Jeremy Rifkin, publicó un trascendental libro titulado «El fin del trabajo».  En el mismo se planteaba que las democracias liberales capitalistas se enfrentan a una inmensa crisis economica provocada por la paulatina desaparición del trabajo remunerado.

Parece algo ridículo pero, si hacemos memoria, todos los días aparecen informes de nuevas tecnologías que amenazan sectores enteros de la fuerza laboral. A manera de ejemplo:

  • Cuántos cientos de miles de puestos de trabajo desaparecerán cuando se eliminen los cajeros de las tiendas y supermercados?
  • Cuántos puestos de conductor de vehiculos se perderán con los nuevos autos «inteligentes»? (entre taxistas y conductores de camiones de remolque y muchas otras opciones)
  • Qué pasará con los puestos de manufactura cuando ya nadie quiera poseer autos sino solo usarlos de manera que el número de vehiculos en circulación disminuya? (lo mismo se puede decir de cualquier otro equipo que requiera de manufactura)
  • Cómo se verán afectados los puestos de trabajo en la industria petrolera cuando desaparezcan los motores de combustión interna?

Estos son solo unos pocos ejemplos para ilustrar, pero el tema da para mucho.

Por supuesto, sin salarios no hay consumo y sin consumo no hay sistema economico en el capitalismo que conocemos. Por eso, algunos países que miran un poco más allá de la esquina se han planteado un salario mínimo universal para todos. Y, como siempre, los líderes del capitalismo occidental (EEUU y UK) han ridiculizado este plan como el colmo del liberalismo consentidor e irresponsable.

De lo que no se han dado cuenta es de que este plan es probablemente el último balón de oxígeno del capitalismo occidental monetarista. Si esto no se materializa o fracasa, entonces qué?

En complejidad aprendemos a manejar la incertidumbre, pero vaya con la incertidumbre! Se trata de que nos estamos cargando el sistema que hemos conocido desde finales de la modernidad y simplemente no sabemos que es aquello que lo va a sustituir ni qué consecuencias tendrá.

Más adelante, a lo mejor, me animo a escribir sobre las eventuales utopias (o distopias) que se nos vienen encima. Entre ellas una que nadie parece estar mirando …. que me parece que las democracias liberales y el concepto de estado nacional son incompatibles … pero … no se lo digan a nadie, todavía!

La ilusión del Dinero, la realidad de las consecuencias

Constantemente escucho las quejas de padres como yo que se refieren al evidente desprecio del dinero que manifiestan nuestros hijos. Una cosa emerge como diferencia relevante entre nuestras promociones y las de nuestros hijos, la diferencia es: ellos han crecido en un ambiente en que el dinero es una ilusión.

Sí. El dinero que ellos manejan es solo una colección de unos y ceros en una tableta, teléfono inteligente o computador. De hecho, muchos nunca han visto junto el dinero que se paga por su colegio, sus libros, su transporte o seguro médico. La consecuencia de esto es que, para muchos de ellos, el dinero es un recurso que renace de manera constante. Pro supuesto, no lo creen de manera consciente o racional, pero en el fondo sienten que es así. Esto hace el problema todavía más aterrorizante.

Por suerte, este es un tema al que le han puesto el ojo los investigadores del comportamiento humano y han encontrado que, efectivamente, el manejar el concepto del dinero como una referencia o un concepto te hace gastar más y de manera más imprudente. En algunos experimentos incluso los chicos a los que se les entregó el dinero en metálico fueron, al poco tiempo, sensiblemente más prudentes en el gasto porque tenían una mejor apreciación de lo que habían gastado, pero sobre todo, de lo poco que les quedaba.

Un dato interesante es que algunos chicos, muy pocos, tienden a ser prudentes en cualquiera de los escenarios. Por lo regular son más perfeccionistas y atentos al detalle en otros aspectos de su vida y tienden a ser los chicos «consciencia» de su grupo.

En lo personal recuerdo que mi madre tenía un sobre en el que ponía el dinero, adecuadamente separado en imaginarios compartimientos introduciendo un clip o un pedazo de papel, de manera que se sabía de entrada que había para cada cosa. Tal ejercicio es más díficil de hacer con dinero que sólo existe en el mundo binario de los ordenadores electrónicos. Sin embargo, para todo hay una aplicación y para mantener presupuestos personales ya hay varias, y muy buenas. Fuera de eso, el tema de los jóvenes con capital en las manos tendrá que manejarse con pilitas de efectivo que les ayuden a internalizar el tema de que el dinero… SE GASTA!

Si no podemos hacer esto, tendremos que vivir con las consecuencias permanentes de la pérdida de crédito, los cargos de interés y por moras y los gastos que se mueven en los balances de las tarjetas de crédito y débito según los caprichos de los publicistas y los modelos más recientes del oriente lejano.

CELL

Mi articulo publicado en revista Utopia y Praxis Latinoamericana

En este mes ha salido a la luz el más reciente número de la revista Utopía y Praxis Latinoamericana, editada por la Universidad de Zulia (Venezuela). En la misma se presenta un artículo de mi autoría. El enlace al número completo es:

Utopía y Praxis Latinoamericana, número más reciente.

Para los interesados solo en mi articulo, este es el archivo:

Articulo Carlos Liriano

Espero poder darles mas sorpresas en el porvenir. Por lo pronto voy a trabajar en un cuento nuevo que espero sirva de base para un guión de película.

A tod@s un abrazo.

 

APUNTES PARA UNA ONTOLOGIA DESDE LA COMPLEJIDAD

Por: Carlos E. Liriano Lara

Introductio et Proposita (introducción y objetivos):  

Durante nuestros estudios en complejidad vimos como el pensamiento occidental se decantó tempranamente hacia una ética de la certidumbre complementada por un acercamiento a la indagación que era a la vez reduccionista, lineal y analítico. Por supuesto que la visión del universo como un mecanismo de relojería creado por una divinidad omnisapiente no podía menos que generar el anhelo de la certidumbre que, de ser cierto el modelo de un mecanismo predecible por la ciencia, era consecuencia natural de la visión del modernismo.

Como siempre ocurre, la unidad de criterios era imposible y, de alguna manera, era inevitable que surgieran otras concepciones. Estas concepciones fueron la base en la que se apoyaron futuros pensadores que apuntaban a un orden menos predecible y a eventos que fueran fruto de la propia interacción de entidades agenciales (esto es con características de agentes), cuando no del azar.

Dentro de las diferentes tendencias del pensamiento que hemos estudiado nos encontramos con algunos que, hijos del tiempo en el que les tocó vivir, extrajeron del espíritu de su tiempo (Zeitgeist) las conclusiones que apoyaban la concepción prevaleciente. Pero, y esto es sumamente relevante, el gusanito de otra manera de ver el universo quedaba en esas ideas y es de ese gusanito del que surgen opciones de pensamiento que nos llevarían a aceptar la incertidumbre que ahora damos por manifiesta en todas las dinámicas que nos rodean.

Es mi intención dedicar estas cuartillas a presentar estos apuntes de lo que, eventualmente podría considerarse como una ontología basada en los conceptos, categorías y propiedades sustentadas desde el pensamiento complejo y las ciencias de la complejidad. Esto es, considerar todo lo que nos rodea, y lo que siempre fue, no como estructuras o conformaciones propiciadoras de determinadas dinámicas, sino como dinámicas manifiestas coyunturalmente en determinadas conformaciones que están destinadas a mutar.

En busca de alcanzar esta meta, hemos decidido usar un punto de apoyo formulando una crítica del ensayo del pensador Michael Strevens el cual mencionamos más adelante. A partir del mismo, hemos optado por explicar, contradecir y eventualmente reformular sus planteamientos en busca de redondear lo que pudiera llegar a llamarse una “ontología compleja”.

Quaestio Ab Initio (la cuestión desde el inicio): 

 Plantea el autor inglés Michael Strevens (en su ensayo “Ontología, Complejidad y Composicionalidad”, incluído en “Ensayos sobre Metafísica y la Filosofía de la Ciencia” de Oxford University Press) algo así como que: “las diferentes ciencias tienen diferentes ontologías, o lo que es lo mismo, diferentes formas de diseccionar el mundo y separarlo en individuos, categorías y propiedades de manera que la física fundamental se encarga de las partículas estableciendo sus propios “individuos”, categorías y propiedades; la química se encarga de las moléculas y también provee sus “individuos”, categorías y propiedades; la biología de las células, organismos y ecosistemas, igualmente haciendo lo propio en cuanto a la segregación de sus entidades constitutivas; etc”. En esencia, este planteamiento se basa en una generalidad en el sentido de que todo estudio tiene que partir de una cierta estructura que, a su vez, forma parte de un gran proyecto ontológico, el cual, siempre según Strevens, plantea que todas las cosas a un determinado nivel están compuestas espacio-temporalmente de las cosas del nivel inmediatamente inferior. O sea, los animales están hechos de células, que están hechas de moléculas, que están hechas de átomos, que están hechos de partículas subatómicas, etc.

De esta visión emana una necesidad de que todas las ciencias determinen las premisas iniciales de otras ciencias. La física determina las presunciones iniciales de la química, ésta última determina las premisas de la biología, etc. Esta conformación que el mencionado autor mismo llama de “pastel de bodas” ofrece a las ciencias un elemento de comodidad que tenemos que reconocer como el sustento de casi todo el ejercicio intelectual de la humanidad desde hace al menos doscientos años.

Esta comodidad nos ha provisto de avances increíbles, de manera que es importante que mencionemos sus características positivas más relevantes, las cuales han dotado a la conformación ontológica del “pastel de bodas” de una extraordinaria longevidad. Las mismas serían:

  1. La primera ventaja de este criterio es que promete proveer al emprendimiento científico de múltiples teorías composicionales[1] (o sea un mecanismo para proveer “cajas de herramientas” que permitan comprender una amplia gama de sistemas dentro de una clase determinada). Por ejemplo, Newton entregó al mundo una teoría de la gravitación que emergió como teoría composicional del movimiento de los astros celestes. En esta teoría composicional se divide al universo en objetos a los cuales se les asigna una masa en virtud de la cual dichos objetos ejercen y experimentan una fuerza gravitacional, entonces todo el movimiento de dichos objetos puede ser predicho como un efecto agregado de cada efecto gravitacional individual.
  2. Al dividir los sistemas en partes y asignarles propiedades dinámicas a estos componentes, se permite “predecir” el comportamiento del sistema completo mediante la agregación de las propiedades individuales de los componentes.
  3. Cuando se tiene una teoría composicional de una cierta clase de sistema, entonces, no se necesita teorizar de nuevo para cada instancia de ese tipo de sistema.
  4. Se puede desarrollar un procedimiento para predecir y explicar el comportamiento de cada configuración del sistema dentro de un rango determinado de combinaciones de componentes a lo interno del sistema.

 A pesar de estas ventajas manifiestas que han conducido a la humanidad a múltiples aciertos, esta concepción del ejercicio ontológico fracasa por varias razones y de diversas formas. En este sentido, nos gustaría plantear nuestra perspectiva acerca de las debilidades de este punto de partida. A nuestro entender, los fallos de esta visión ontológica son:

  1. a) De entrada reconocemos una barrera a la trans-disciplinaridad en que aceptamos que cada acercamiento al conocimiento tiene su propia perspectiva ontológica por lo que el ensamblaje de productos consistentes con cada ontología particular se hace casi imposible.
  2. b) La predicción de las propiedades agregadas de los sistemas, a partir de los estudios correspondientes a los componentes de dicho sistema ha probado ser empíricamente imposible por lo que las teorías composicionales serían inútiles para las pretensiones de predictibilidad de los sistemas.
  3. c) De igual manera, el determinismo implícito en tales teorías composicionales es precisamente uno de los principios que quedan superados con la teoría de sistemas y la complejidad, que emergen como un esfuerzo intelectual por superar los inmensos problemas de agregación que se presentan en las teorías composicionales de la ciencia clásica. Este problema de agregación afecta incluso a teorías composicionales tan sólidas y útiles como la gravitación, cuyos defectos se hicieron más aparentes con el emerger de otra teoría composicional, la relatividad.
  4. d) La base de una “ontología dispersa” en una multitud de disciplinas científicas contradice la aspiración de un principio ontológico aplicable a todo el ejercicio del conocimiento y que sustente un posicionamiento epistemológico para todas las iniciativas de indagación.
  5. e) En el mismo sentido anterior, esta “ontología dispersa” enfatiza la falta de articulación entre las dinámicas del “microcosmos[2] y del “macrocosmos”[3] al crear diferentes premisas ontológicas para ambos espacios. Dicho de otro modo, la individuación espacio-temporal de los objetos ha sido útil a la ontología de las ciencias que tratan el macrocosmos pero es insuficiente y errónea en lo que respecta al microcosmos.
  6. f) La aceptación de una ontología orientada a identificar, nominar y describir estructuras ignora que dichas estructuras son el resultado y no la causa de los procesos (dinámicas) que se reflejan en ellas. De forma que al centrarnos en tal ontología disciplinar y estructuralista estamos obviando la esencia misma del acontecer natural como un proceso constante que se plasma en las estructuras observables.
  7. g) Igualmente, tal ontología dispersa impide la valoración de las aspiraciones científicas, toda vez que una ética[4] del conocimiento no podría sustentarse en posicionamientos diferentes para cada disciplina.
  8. h) Lo mismo aplica para el caso de una eventual lógica[5] que pretenda buscar la verdad a partir de una cierta organización del pensamiento, en el sentido de que tal lógica no podría sustentarse en un proceso de reflexión establecido sobre la base de una ontología dispersa. Esto así porque esa dispersión ontológica acarrearía la necesidad de procesos lógicos similarmente diversos.

Habiendo visto estos elementos, a manera de preludio, se puede fácilmente colegir que sólo a través de un acercamiento holístico se puede plantear una ontología válida para diferentes disciplinas. Con esta ontología, que ha de ser necesariamente transdisciplinar, holística y compleja, podemos proyectarnos hacia una consolidación del posicionamiento epistemológico esencialmente hermenéutico al que aspiramos.

Abbemus Ontologiam (tenemos ontologia): 

Habiendo visto los problemas de asumir ontologias diversas en las diferentes vertientes de la indagación científica, quisiéramos presentar una propuesta para una especie de ontología consolidada para la indagación desde la complejidad. En este sentido, queremos recuperar un concepto inicialmente sustentado en los albores del racionalismo por Baruch de Spinoza y desarrollar, a partir de este concepto, una visión constructiva tendiente a establecer una ontología basada en la premisa de un universo en constante movimiento e indagable solamente desde una concepción dinámica en vez de estructural.

En este sentido, haremos un esfuerzo rememorando que una vez se hubieron sentado las bases del racionalismo cartesiano, a finales del siglo XVII, esta corriente había aceptado entre sus ponderaciones ontológicas la existencia de tres sustancias: el pensamiento (res cogitans), la extensión (res extensa) y Dios. Sin embargo, el pensador Judeo-Hispano-Portugués Baruch de Spinoza reduce estas tres sustancias a una sola que llamó: sustancia divina infinita, la cual, según la perspectiva que se adopte, se identifica bien con Dios o bien con la Naturaleza (ambos términos llegan a ser equivalentes para él, según su célebre expresión Deus sive Natura).

Es precisamente esa equiparación de Dios y Naturaleza lo que ha provocado que se le considere a Spinoza como el precursor tanto del ateísmo como del agnosticismo, principios que, sin embargo, nunca declaró perseguir. Para Spinoza, la substancia es la realidad, que es causa de sí misma y a la vez de todas las cosas; que existe por sí misma y es productora de toda la realidad; por tanto, la naturaleza es equivalente a Dios. Dios y el mundo, su producción, son entonces idénticos. Todos los objetos físicos son los «modos» de Dios contenidos en el atributo «extensión». Del mismo modo, todas las ideas son los «modos» de Dios contenidas en el atributo «pensamiento». Las cosas o modos son naturaleza naturada, mientras que la única substancia o Dios es naturaleza naturante. Según esta visión, entonces, Dios es la naturaleza potencial, mientras que la realidad material es la naturaleza ejecutada.

Este cambio propuesto por Spinoza tiene la ventaja, sobre Descartes, de que borra los problemas que presenta el Cartesianismo para explicar la posibilidad del conocimiento (o sea su posicionamiento epistemológico). En el racionalismo cartesiano el pensamiento y la extensión son dos de los infinitos atributos de Dios, distintos e independientes el uno del otro ¿cómo se puede entonces conocer el mundo? Con Spinoza ya no existe este problema: se puede conocer el mundo, porque el entendimiento es una modificación o «modo» de la misma sustancia divina que «piensa» su objeto extenso o cuerpo, de modo que el entendimiento puro puede «aprehender» la realidad y de hecho, tal entendimiento es inevitable puesto que es posible.

Por otro lado, Spinoza es cauto en cuanto a la narrativa ontogenética del universo, sin embargo, siendo que todas las cosas surgen de un continuum materia-pensamiento del cual son modos de manifestación, resulta fácil derivar un proceso de emergencia del universo a partir de este continuum como un proceso de realización de lo potencial mediante el mecanismo de explorar todas las vertientes posibles de la existencia. El universo es pues una dinámica que no tiene fin y que presenta como motivación su propio avance hacia todo lo que es posible, desembocando en cada evento sólo para iniciar el siguiente.

Partamos entonces de la premisa de que todo lo que “es” tiene que ser visto como un proceso en movimiento y lo observable es sólo un estado temporal, independientemente de su duración. Todo es parte de una dinámica, ya sea que la entendamos como tal o no. Desde el movimiento de las galaxias hasta la vibración de partículas subatómicas todo está en marcha y lo que parece inmutable sólo lo es desde el punto de vista de la duración de nuestras vidas. Adicionalmente, todo aquello que apreciamos como consistente y estructural, no es más que el estadio temporal de algo que se está moviendo como parte de una dinámica apreciablemente lenta pero dinámica al fin.

La vida no es más que la concurrencia de múltiples dinámicas, reacciones químicas que generan y absorben energía al tiempo que gatillan procesos físicos de traslación, procesos mentales de aprendizaje, procesos emocionales de vinculación, alejamiento o acercamiento, en un proceso constante de intercambio de masa, energía, información y sentido identitario que busca sostenerse por tanto tiempo como sea posible y mantener e intercambiar tanta información como sea posible de un marco condicionado, pero no determinado, por fuerzas que emanan de estas múltiples interacciones. Pero no sólo la vida como la conocemos tiene tales características de eventuación dinámica, también aquello que vemos como materia inerte está inmersa en una dinámica de cambio y transformación que a veces no nos resulta obvia, ya sea porque ocurre de manera muy rápida y a una escala espacial infinitamente pequeña, o porque ocurre a una escala espacio-temporal infinitamente grande.[6]

Es bueno, sin embargo, que comprendamos la limitación auto-impuesta de centrarnos en la estructura y no en la dinámica sub-yacente. Este es el caso que mencionamos al hablar de los planteamientos sobre ontologías diversas, los cuales elaboran dichas ontologías a partir de la observación de las estructuras evidentes optando por soslayar que las mismas no son sino manifestaciones de dinámicas en curso. Es este aspecto el que ha impedido que desde la ciencia tradicional se formule una ontología general que resulte transversal a todas las disciplinas. En ese sentido, sólo un enfoque holístico y transdisciplinar puede ofrecer un apoyo a tal ontología transversal.

De manera que, para plantear de manera más clara el tema que pretendemos discurrir, es importante que hagamos un recuento de lo que sería nuestra propuesta de una ontología transversal desde la complejidad. Los puntos esenciales son:

  1. A partir del continuum inicial emergen instancias individuales con características de entidades [6] separadas que se eventúan en diferentes escalas.
  2. Algunas entidades se aglutinan y van conformando nuevas entidades agregadas que interactúan a otras escalas configurando nuevos eventos sistémicos[7].
  3. Toda dinámica se inicia como un proceso de exploración de posibles conformaciones (abordabilidades) de la correlación entre entidades que ocurren de manera concurrente a diferentes escalas (eventos sistémicos). Se asume que tal exploración busca visitar todos los estados posibles dentro de cada evento sistémico.
  4. Cuando una dinámica visita una conformación estable en el espacio y en el tiempo, se habla de una estructura. Tal estructura es siempre temporal y depende del sostenimiento de su dinámica subyacente, la cual condiciona la estructura pero no la determina, o sea, una misma dinámica podrá tener una infinidad de estructuras estables que la reflejen, siempre que las mismas logren cierto equilibrio de las fuerzas condicionantes.
  5. Para que exista una dinámica tiene que existir previamente algún sentido identitario, que no necesariamente se encuentra vinculado a la conciencia, pero que permita a la entidad establecer los constreñimientos[8] de su conformación y su abanico de abordabilidades de comportamiento. Este sentido identitario se manifiesta en la capacidad de las entidades de asumir determinadas configuraciones, y no otras, a partir de información intrínseca de la entidad y que sirve también de punto base de las interacciones con otras entidades.
  6. Todas las entidades forman parte de una dinámica (o concurrentemente de varias dinámicas) que se enmarcan dentro de un sistema y son condicionadas (ojo: no determinadas) por fuerzas que emergen de la interacción con otros agentes[9] u objetos fuera del sistema.
  7. Todas las entidades tienen capacidad de intercambiar masa, energía, información y sentido identitario con lo que le rodea, sin necesidad de poseer conciencia del yo, y dentro de un entorno condicionado por la existencia de fuerzas que emanan de las interacciones entre entidades adyacentes en el tiempoespacio. Sin embargo, algunas entidades pueden interactuar con otras entidades no adyacentes (remotas) siempre que estén vinculadas por una relación ontológica por haber pertenecido al mismo evento sistémico.
  8. Las dinámicas de interacción no implican necesariamente los cuatro vectores de intercambio (masa, energía, información y sentido identitario) sino que pueden ocurrir mediante intercambios limitados a uno o más vectores sin que se complete el requerimiento de los cuatro. Sin embargo, el número, mayor o menor, de vectores de intercambio que esté envuelto en una dinámica no provoca un mayor o menor alejamiento del equilibrio dentro del evento sistémico.
  9. En algunas dinámicas se presentarán comportamientos condicionados fuertemente por las interacciones entre entidades dentro del mismo evento sistémico y, fruto de tales interacciones, en ellas emergerán comportamientos que pueden llegar a desafiar, o no, las fuerzas condicionantes del entorno. En tal caso, hablaremos de dinámicas complejas.
  10. Las fuerzas condicionantes de las interacciones emergen de las interacciones mismas y su magnitud está determinada por la escala de dichas interacciones. Algunas de estas fuerzas condicionantes para dinámicas materiales son: la gravedad, el electro-magnetismo, la fuerza nuclear mayor, la fuerza nuclear menor, y la vinculación (o entrelazamiento) cuántico. En cuanto a las dinámicas informacionales (semióticas) las fuerzas condicionantes giran en torno a la vinculación ontológica, intelectual y emocional, así como el sentido identitario.
  11. Cada evento sistémico tiene la tendencia de preservar su conformación de un momento dado, y para lograr mantenerla sus entidades constitutivas asumirán correlaciones que disipan las fuerzas condicionantes de las interacciones. Cuando tal preservación de la conformación actual no es posible, entonces el evento sistémico migrará hacia otra conformación estable y pasará a preservarla. Dicha migración puede ser hacia otra conformación adyacente pero estructuralmente similar (adaptación) o hacia otra conformación diferente estructuralmente (evolución).
  12. En todas las dinámicas se pueden identificar trayectorias de las interacciones entre entidades las cuales resultan preferentes (atractores dinámicos[10]) y que tienen la característica de que minimizan el requerimiento de recursos necesarios para preservar la más reciente conformación estable del evento sistémico. Por el contrario, los constreñimientos, que ya vimos más arriba, son trayectorias que maximizan los recursos necesarios para poder preservar la más reciente conformación estable del evento sistémico.

Estos puntos pueden ser aplicados a todas las dinámicas y eventos sistémicos observables dentro de cualquier ámbito y pueden ser aplicados transdisciplinarmente para indagar las interacciones entre entidades de casi cualquier tipo.

Sobre este tema volveremos eventualmente.                                                                                                                                             Carlos E. Liriano Lara. Santo Domingo, Marzo, 2017

[1] Es válido en este sentido hacer la salvedad de que la composicionalidad de las teorías no es lo mismo que la composición de los objetos. La primera es una propiedad de un sistema de representaciones en virtud de la cual el comportamiento del todo se deriva y puede ser predicho y explicado por el comportamiento de las partes, mientras que el segundo es una relación metafísica en virtud de la cual la existencia del todo es asegurada por la existencia, adecuadamente configurada, de las partes (tomado del ensayo de Michael Strevens que se menciona al inicio).

[2] El ámbito de los componentes de menor presencia espacio-temporal como serían partículas sub-atómicas, átomos, moléculas o células según la disciplina de que se trate.

[3] El ámbito de los componentes de mayor presencia espacio-temporal como serían cuerpos, astros, tejidos u organismos, según la disciplina de que se trate.

[4]La ética (del lat. ethĭcus, y este del griego ἠθικός ēthikós; la forma f., del lat. tardío ethĭca, y este del gr. ἠθική ēthikḗ ) es la rama de la filosofía que estudia lo correcto o equivocado (la valoración) del comportamiento humano. Definicion extraida de  Wikipedia.

[5] Lógica es una ciencia formal que estudia la estructura o formas del pensamiento humano (como proposiciones, conceptos y razonamientos) para establecer leyes y principios válidos para obtener criterios de verdad. Como adjetivo, ‘lógico’ o ‘lógica’significa que algo sigue las reglas de la lógica y de la razón. Definición extraída de http://www.significados.com

[6] Una entidad sería entonces una instancia del continuum materia-pensamiento cuyo entorno estaría delimitado dinámicamente por una interface continua a través de la cual ocurre el intercambio de materia, energía, información y sentido identitario.

[7] Una evento sistémico es una correlación de entidades que interactún mutuamente de manera preferente con respecto al entorno, por lo que se configura un espacio dinámico diferente al espacio más general

[8] Un constreñimiento es una serie de puntos no preferentes de la trayectoria, en los que se reduce la posibilidad de encontrar a una entidad dentro del evento sistémico.

[9] Se entiende por un agente a aquella entidad que tiene la capacidad de procesar información de su entorno y comportarse de acuerdo con dicha información o seguir el comportamiento de otros entes ya sea que los mismos tengan o no conciencia.

[10] Un atractor dinámico es una forma característica de comportarse de las entidades componentes de un evento sistémico de manera que no existe equiprobabilidad de ubicación de una entidad para todos los recorridos.

PROLEGÓMENOS DE LA COMPLEJIDAD – El tortuoso camino de la ciencia hacia lo evidente

Amig@s: Dado que he estado ausente, creo que debo alguna forma de explicación. Resulta que he estado trabajando en mi maestría en complejidad y he requerido mucho tiempo que estoy dedicando a producir algunos trabajos de divulgación científica e investigación. Pero, la buena noticia es que algunos de esos trabajos los puedo publicar en este BLOG. De manera que se les acabó la suerte porque les voy a dar en el alma con estas piedras pesadas.

Un Abrazo, CELL

Por: Carlos Liriano

Por qué vale la pena que estudiemos los orígenes de esta nueva perspectiva del conocimiento?

La ciencia de la complejidad y su alter ego el pensamiento complejo son las puertas que nos permiten entrar de lleno en este siglo XXI con una nueva comprensión de la articulación entre la teoría y la práctica. Esta oportunidad nos permitirá modelar la forma en que el microcosmos se enlaza con el macrocosmos manteniendo lo que el profesor Heinz Hermann llama “continuidad conceptual”. Esto es, la posibilidad de mantener ciertos principios y categorías al indagar distintos tipos de dinámicas que van desde elementos moleculares (formación de cristales), pasando por el comportamiento de comunidades de seres sociales, hasta incluir conformaciones galácticas.

Para iniciar esta maestría es importante entender que estamos en el momento más oportuno de acercarnos a esta perspectiva del conocimiento que enfatiza la mirada holística y el ejercicio transdisciplinar. ¿Por qué? Pues porque se percibe un cambio de época que nos afecta a todos. Ojo que hablamos de un cambio de época y no una época de cambios, puesto que al fin todas la épocas son de cambio, pero no todas presentan un cambio epocal.

¿Qué hay que tener para que se considere un cambio de época?

Tal como menciona el Doctor Pedro Sotolongo, sustentado en la constante corriente de información disponible y en sus propias indagaciones, para que observemos un cambio de época se hace necesaria la confluencia de:

– Un cambio cualitativo en la manera como producimos nuestros bienes materiales. – Un cambio cualitativo en la manera como desarrollamos y reproducimos nuestros bienes culturales. – Los anteriores acompañados por un cambio cualitativo en el episteme y en el ethos (la actitud hacia el conocimiento y los valores plasmados en la moral).

Todo esto va accionando y redundando en un cambio cualitativo del accionar cotidiano de la época. Dicho de otro modo, a partir de esta época en particular se generarán bienes materiales y culturales de una forma diferente (mediante el uso de equipos electrónicos de inefable capacidad) y se presentará un proceso de generación y aprendizaje de nueva información y conocimiento que se apoyará en una nueva conciencia colectiva. Esa conciencia colectiva, que recibe de todos y a todos da, es la que se genera mediante el uso de y las contribuciones a la red mundial de datos, el Internet.

Como vemos, en la actualidad se da un nuevo modo tecnológico que es flexible – automatizado – robotizado y que desde una economía de escala (mayor rendimiento a mayor cantidad de producto) migra hacia una economía de rango que permite producir, de manera económicamente viable, bienes de consumo ajustados a gustos o necesidades individuales. Al mismo tiempo tenemos la nueva cultura de la imagen y la pantalla que equivale a un cambio cualitativo en como desarrollamos y reproducimos nuestros bienes culturales; e igualmente, se da una mutación en las bases de saber y en las valoraciones subjetivas de género, de raza, de clase social o generacional.

Como parte de ese cambio de época, ocurre de forma inadvertida para algunos una transformación cultural que es una verdadera revolución del pensamiento y los valores de los cuales forma parte esta ciencia de la complejidad. Esto, a su vez, hace factible una nueva inteligibilidad de la articulación emergente del mundo astrofísico, físico, químico, biológico, tecnológico, social y humano, por medio de la cual se trasciende la divergencia entre la experiencia cotidiana humana y la anterior inteligibilidad basada en una dinámica determinista con un tiempo reversible.

De estas bases emergen las ciencias y el pensamiento de la complejidad, los cuales desarrollan estrategias de indagación que no están “enterradas” en las disciplinas tradicionales. Estas estrategias de indagación son, en esencia la aplicación de herramientas de articulación entre lo local – global – local y los tres plastos de los eventos históricos (el de los eventos per se, el de las épocas y el de las culturas), que permiten comprender la forma en que las dinámicas sociales, eco-sociales y de las ciencias clásicas se mueven desde y hacia lo local y lo global.

Sin embargo, todas estas articulaciones se “eventúan” en el tiempo. Esta nueva perspectiva demanda que se transite desde un pensamiento de la causalidad (pensar que B sucede porque A sucedió, pero ocurre que ya B sucedió) hacia un pensamiento de la implicación (¿cuál es el A que debemos propiciar para que suceda B?), de forma que no tengamos que contentarnos con un pensamiento de la insuficiencia.

  1. Precursores del llamado “Caos Complejo”

El primer atisbo de la complejidad fue encontrado de casualidad por el matemático francés Henri Poincaré, mientras trataba de resolver el problema de los tres cuerpos. Lo primero en ser notado por Poincaré es la presencia de sensibilidad a la variación en las condiciones iniciales por parte de las interacciones entre múltiples cuerpos (aún las deterministas). Antes de este evento, todas las bases de las herramientas usadas por los matemáticos apuntaban al libro de “principia matematica” de Isaac Newton. Sin embargo, estas herramientas solo producían soluciones exactas para las interacciones entre dos cuerpos y el uso de ecuaciones lineales. No se podía resolver la interacción entre más de dos cuerpos sólidos, sin embargo, la desviación entre los resultados de una interacción proyectada entre dos cuerpos y sus resultados observables empíricamente pueden apuntar a la presencia de un tercer cuerpo que desvíe las interacciones. Este método llamado de las perturbaciones inversas (John Adams y Urbain Le Vernier) es el que se usó en 1846 para encontrar el planeta Neptuno. 30 años después George Hils trató de solucionar el problema de los tres cuerpos mediante un sistema de perturbación inversa simplificado, creando un sistema de dos cuerpos que giraban en torno a un centro de manera circular y un tercer cuerpo del tamaño de un grano de arena, girando los tres en un mismo plano. Aun así no pudo resolver el problema de los tres cuerpos.

Posteriormente, también por casualidad, un meteorólogo norteamericano de apellido Lorenz encuentra el mismo efecto, de comportamientos impredecibles en dinámicas aparentemente simples y lineales, durante la indagación de eventos atmosféricos.

Entre uno y otro (Poincaré data de inicios del siglo XX, mientras que Lorenz ya ejerció en la década de los 1960) emergieron herramientas conceptuales y matemáticas que permitieron que Lawrence “recogiera el guante” de Poincaré. A saber, algunas de estas herramientas fueron: la cibernética de primer y segundo orden (de Wiener y Von Foerster respectivamente), y las teorías relacionadas con la información con su transmisión y control (de Shannon y Weaver). Adicionalmente, ocurrieron los aportes de una miríada de pensadores e ingenieros que fueron dotando las ingeniosas propuestas de estas figuras de plasmaciones materiales de una inmensa utilidad.

Como una nota para los jóvenes modernos, medio en son de broma, es importante mencionar que el mundo no siempre tuvo computadoras. Sin embargo, Norbert Wiener planteó los atisbos de lo que el mismo llamó “cibernética” (de una combinación de palabras griegas que se refiere al acto de dirigir una nave), y que ahora vinculamos con los protocolos de control de maquinarias mecánicas o electrónicas. Esta primera cibernética de Wiener se plasma de manera clásica en los equipos de control automático de procesos como el termostato.

Posteriormente, el Austro-Americano Heinz Von Foerster, aporta una visión sistémica que incorpora al ser humano a proceso de control y conceptualiza máquinas que simulan los procesos neurológicos manteniendo una interface con el humano. Esta es la llamada segunda cibernética, nueva cibernética o cibernética de segundo orden.

Todos estos aportes fueron la génesis de tendencias actuales como la generalización de la modalidad evolutiva hacia los ámbitos económico, sociológico, político y cultural; así como la adquisición de un elemento identitario en la semántica el cual se replica en la trama de la vida y en la autonomía relativa entre las caracterizaciones de los comportamientos sistémico-complejos particulares. O sea, el concepto de la física clásica de que las dinámicas dignas de ser estudiadas eran aquellas que involucraban el intercambio de masa (o materia) y energía, se vio de repente enriquecido por el concepto de dinámicas que involucran el intercambio de masa, energía, información y sentido indentitario.

  1. Desarrollo conceptual del “Caos Complejo”

En el inicio de las indagaciones relacionadas con eventos que apuntaban a lo emergente y a la complejidad (como los eventos termodinámicos),  se dio un ditirambo entre la vertiente matemática aritmético-algebraica y la vertiente geométrico-topológica (uno de cuyos mayores exponentes fue Poincaré a quien ya hemos visto). Eventualmente primó una propensión a la vertiente aritmético-algebraica en detrimento de la capacidad intuitiva que emana de la geometría y la topología. El motivo de esta decantación por lo aritmético – algebraico viene dado por la falsa sensación precisión ofrecida por resultados numéricos basados en premisas que rellenan los huecos dejados por las no linealidades. Lo geométrico – algebraico en cambio ofrece perspectivas más cualitativas que cuantitativas pero permite comprender mejor los aspectos básicos de las dinámicas estudiadas, sin intentar llenarnos de falsa certidumbre.

Ya fallecido Poincaré, su sucesor putativo, David Birkhoff (el primer gran matemático formado completamente en USA), escribe un libro seminal sobre el tema de los precursores matemáticos de la complejidad con el nombre de “Sistemas Dinámicos”. Este libro contenía sistemas muy generales de ecuaciones que se enfocaban tanto en sistemas regulares como irregulares o aperiódicos, los cuales como ya sabemos son la raíz de los sistemas que se transforman de manera compleja. Posteriormente, el “sucesor” de Birkhoff, Stephen Smale, escribió “Sistemas Dinámicos Diferenciales” en el cual trata a los sistemas dinámicos como ecuaciones en diferencia (aplicaciones) aduciendo que de esa manera se tratan más fácilmente. Entre Birkhoff y Smale hubo diferencias en el trato y la atención que se le dió a lo que ahora conocemos como el Caos Determinista y esto estuvo condicionado por la aparición, entre la época de uno y de otro, de la computadora digital como la conocemos hoy.

Poco tiempo después de que Birkhoff “sucediera” a Poincaré, es cuando emergen los conceptos de primera y segunda cibernética (Wiener y Von Foerster) y más tarde aún, entre finales de los 1960’s y principios de los 1980’s, emerge la teoría de información de Shannon y Weaver. Como dijéramos, la primera cibernética se orienta mas al control basado en información externa (el termostato que se alimenta de una medición de temperatura que es hetero-generada) y la segunda cibernética introduce ya el sentido de la emergencia y el autocontrol, aportando al mismo tiempo la distinción entre el conocimiento de los objetos y la comprensión de la acción objetivada. La informática introduce una semántica de las interacciones del intelecto humano con el bio-mimetismo de la segunda cibernética, creando de facto un proceso de intercambio de información y sentido identitario entre el ser humano y la máquina proto-inteligente.

Estos avances no fueron, sin embargo, privativos del occidente. Ya para los años 50 del siglo XX, Kolmogorov trabajaba, en la URSS, con la no-linealidad matemática y física. Igual en el bloque soviético varios biólogos examinaron lo que se llamó la ecuación de la diferencia logística X’=aX(1-X). Todo esto confluye en los años 60 en el re-descubrimiento casual del Caos Complejo, o sea, el interés en la aprehensión de las dinámicas complejas adaptativas o evolutivas con sensibilidad a las variaciones en las condiciones iniciales.

En Occidente, para los años 60, emerge la intuición de Lawrence, basadas en  sus investigaciones en meteorología, de que su trabajo no tendría éxito  a menos que encontrara la manera de proveer ecuaciones con soluciones predictivas al problema del comportamiento aparentemente estocástico de los fenómenos atmosféricos. En 1975, Yorke (en co-autoria) publica un ensayo de nombre “El periodo 3 implica Caos” dando con esto el certificado de nacimiento a esta palabra como término científico. Este término, a su vez, genera una explosión de interés en eso que el imaginario había pasado a llamar “caos determinista”, el cual pasa a sustituir el término anterior de “irregularidades”. Esta palabra (Caos) despertó la fantasía del público y se hizo tremendamente popular. Había nacido la teoría del Caos, la cual permitió que el mundo pasara a ser comprendido como no determinista e irreversible, abriendo de par en par las puertas al advenimiento de las ciencias de la complejidad.

En la vieja Europa, la escuela de Bruselas planteo la necesidad de plantearse la irreversibilidad del tiempo y presentaron una visión más acabada de las dinámicas caótico-complejas mediante el planteamiento de la existencia de lo que llamaron “estructuras disipativas”. Este replanteamiento del tiempo como irreversible era ya común en algunas áreas de la ciencia como la biología (la famosa evolución Darwiniana), la química o los conceptos termodinámicos de la entropía, aunque permanecía la visión de un tiempo reversible en la física.

Pero esa misma escuela de Bruselas genera una visión más constructiva de los procesos irreversibles en el tiempo a través del concepto de la auto-organización que ocurre en las condiciones alejadas del equilibrio, con lo que el desequilibrio en estos casos propende al orden mientras que en la termodinámica clásica propende al desorden. Otros términos puestos en juego por la escuela de Bruselas fueron los denominados atractores, el horizonte temporal y los procesos emergentes.

Las dinámicas caótico-complejas fueron paulatinamente siendo aprehendidas con contribuciones de diferentes investigados y desde diferentes vertientes del conocimiento, y de esas contribuciones se fueron creando categorías propias de este tipo de conocimiento. Algunas de estas categorías propias son: atractores de la dinámica, bifurcaciones de trayectoria, camino o ruta hacia y desde el caos, etc. (todos estos términos propuestos con contribuciones de Feigenbaum, Smale y otros). De las mencionadas, la categoría que con más frecuencia se encuentra ante el indagador de dinámicas complejas es el atractor. Este término no designa una realidad estructural sino una propensión de la dinámica a recorrer una determinada trayectoria, por lo que se define como una forma característica que tienen los procesos de cambio de mutar de un estado a otro.

De esas cuatro formas características de mutar de los procesos de cambio (el atractor fijo o puntual, el atractor cíclico, el atractor periódico, el del borde o límite del caos y el caótico) los dos primeros son típicos de cualquier dinámica pero solo los dos últimos se hallan sólo presentes en las dinámicas complejas. Si encontramos atractores fijos o cíclicos no necesariamente estamos ante una dinámica compleja, aunque pueden presentarse en determinadas etapas de estas dinámicas complejas. La representación en el espacio de fase de todos los atractores de una dinámica con sus respectivas cuencas de atracción, constituye su retrato de fase.

Resumiendo un breve esquema de los aportes al avance hacia la complejidad a partir de los primeros atisbos intuitivos de Poincaré, podemos cita

 En cuanto a la articulación de lo local con lo global: el organicismo, la Gestalt (psicología), la teoría general de sistemas y la visión ecológica.  En cuanto a la auto-organización, los procesos emergentes y la retroalimentación (negativa y positiva): las cibernéticas de Wiener y Von Foerster.  En cuanto a la información su transmisión y control: la teoría de la información de Shannon y Weaver.

Algunas de las características de la teoría general de sistemas (y por ende del pensamiento sistémico) tienen su antecedente directo en el organicismo que reaccionaba contra el mecanicismo de la modernidad y el vitalismo, apoyándose en el estudio de la forma biológica. Este organicismo, muy  propio del pensamiento chino, plantea que las propiedades del organismo lo eran de todo el organismo y no pertenecían a ninguna de sus partes en particular, por lo que carecía de atribuciones de calidades particulares sobre partes del todo.

Sobre la Gestalt (de la palabra “forma” en alemán) esta denominó con ese término la pauta irreductible de la percepción y fue sobre esa base que acuñaron la frase (posteriormente apropiada por la teoría de sistemas) de que el todo es más que la suma de las partes. En la práctica la Gestalt genero una terapia que se basaba en conjuntos significativos de experiencias personales.

Todos estos movimientos (teoría de sistemas, organicismo, Gestalt, etc. ) surgieron como una reacción holística, en los años 20, hacia lo que se percibía como una etapa de fragmentación y alienación de la cultura humana. A partir de los trabajos de Bertalanffy se tuvo gran influencia en la ingeniería y la administración, y más adelante la escuela de negocios de la universidad St. Gallen en Suiza plantea la organización comercial como un organismo vivo incorporando nociones de la biología, las ciencias cognitivas, la ecología y la teoría de la evolución. Sin embargo, la irrupción de la estructura del ADN y el surgimiento de la biología molecular contrarrestó temporalmente la mirada holística de las ciencias biológicas. Sin embargo, las aspiraciones de Bertalanffy de convertir la teoría de sistemas en una disciplina matemática formal separada no se dieron, principalmente debido a la carencia para esa época de las herramientas computacionales que permitieran el procesamiento de ecuaciones no lineales en un marco temporal que fuera aceptable.

Los ecólogos estudiaron ya desde los años 20 las redes vivas al interesarse en las redes de alimentación o tróficas. Esta visión de una ecología holística incorpora la inserción en el entorno, se pregunta de donde provienen los componentes primarios y como se afecta el entorno por la existencia de esas redes. Esta incorporación del entorno es pertinente para las dinámicas de la vida con sus conexiones vitales. Ya para los años 70 emerge la ecología de Arne Naess que aporta una visión no antropocéntrica en que se tiene en cuenta toda la red de seres vivos interconectados. En esta visión se incluye un concepto de identidad sin consciencia que permea todos los seres vivos y las entidades materiales como moléculas que de alguna manera saben y conocen su límite y entorno. Por supuesto esto abre puertas a consideraciones éticas mayores de las cuales no podemos emanar un dictamen por lo pronto.

Los fractales son las formas del mundo real y fueron puestos en la palestra por Benoit Mandelbrot que es otro indagador con preferencia de las formas sobre los números. El buscó una distribución de los eventos que no fuera normal y vinculada a una escala, sino libre de escala en el sentido de que mantenían la misma forma sin importar la escala a la que se haga la indagación, ya sea que fueran, por ejemplo, años, meses, días o semanas, si sacamos la grafica de la distribución para un día es la misma forma que para un mes o un año (o sea presentan auto-similaridad o simetría de escala). Esto dio origen a la geometría de los fractales, los cuales fueron luego identificados por Prigogine como la forma en que se distribuyen muchos eventos de la naturaleza y dentro del universo.

Las cuatro propiedades de los fractales son: auto-similaridad, llenado de espacio (space filling), interfaces de fuerte interacción, dimensión fractálica (que normalmente tiene un numero fraccional).

Visto de otro modo, el mundo se fractaliza porque es la manera más eficaz y eficiente (óptima) de llenar el espacio en presencia de dinámicas antagónicas (que generan bifurcaciones).

  1. Manifestaciones de la Complejidad (Compendio)

La complejidad indaga todas aquellas dinámicas en las cuales ocurren interacciones entre elementos de un sistema que son tanto o más importantes para el desenvolvimiento de la dinámica como las condiciones que son externas al sistema. A su vez, un sistema es una tajada o franja del universo que es delimitada, de manera arbitraria, por un observador, con el objeto de ser indagada, descrita o intervenida. En este sentido, es importante recordar que lo complejo es aquello que esta entrelazado (del latín “complexus” que significa entretejido) de forma tal que no se puede comprender el proceso que ocurre dentro del sistema si no se indaga como un todo, puesto que la comprensión de las partes por separado no arroja luz sobre la manera en que funciona el sistema. Dicho de otro modo, esos sistemas complejos tienen como una de sus características que: en ellos el todo es diferente a la suma de las partes porque añade una dinámica de interacción que afecta a los componentes del sistema y no puede observarse en cada elemento de dicho sistema en particular.

Los procesos complejos son esencialmente libres de escala, o lo que es lo mismo, ofrecen la misma idea desde cualquier escala o nivel de acercamiento. Esta libertad de escala es precisamente lo que dota a los procesos complejos de una de sus más fascinantes características: su continuidad conceptual. En este sentido, Mitchell Feigenbaum determinó la constante que lleva su nombre y que correlaciona la distancia entre bifurcaciones sucesivas para familias de dinámicas determinadas.  Esta característica emerge en casi la totalidad de las dinámicas complejas observables en la naturaleza y dondequiera que la interacción o competencia de atractores se manifiesta de manera repetitiva a diferentes escalas.

Por otro lado, Stephen Smale aplicó los principios de la topología al estudio de las trayectorias de dinámicas complejas aprovechando que en esta ciencia las propiedades generales cualitativas de una dinámica representada dimensionalmente no cambian cuando se deforman las estructuras que las representan.  En este sentido, dio continuidad a los trabajos de Poincaré quien había desarrollado una herramienta topológica de reducción dimensional para descubrir patrones en trayectorias no repetitivas de comportamiento cuasi-estocástico.

De igual forma, los atractores caóticos son fractales en que, por lo general, son libres de escala, y esto ocurre (la existencia de fractalización dentro de los atractores caóticos) por la abundancia de bifurcaciones constantes que le dan al sistema una característica evidente de fractalidad. Dentro del cuerpo humano hay infinidad de formas fractales en los sistemas circulatorio, respiratorio, etc. porque aumentan la superficie total de interacción y llenan óptimamente los espacios. Pero no debemos confundir fractalidad en el tiempo y en el espacio, el primero es cronometría fractal y el segundo formas fractales.

La ley de potencia es el vínculo estructural entre forma y contenido de un proceso (la formalización de un contenido específico y la contención de una forma fractálica). También es una medida del

diferente impacto de una variación constreñida por algún límite de escala natural o social (como la estatura de una persona) y una variación no constreñida o libre de escala (el ingreso personal).

La lógica es el orden de los pensamientos y los conceptos y en su concepción clásica (Aristóteles) se basaba en verdadero o falso (lógica de la identidad, de la no contradicción y del tercero excluido), pero resultaba que esta lógica no es aplicable a todos los casos, puesto que, en la vida real, lo que es verdadero no es verdadero siempre y en cada proposición falsa puede haber algo de verdad. Para Aristóteles lo que era verdad era verdad siempre y la contradicción era falsa siempre. La lógica dialéctica, por el contrario, se basaba en las diferencias, las contradicciones y el tercero incluido. Un elemento importante de la complejidad es la introducción de la lógica difusa (no binaria) propuesta por Zadeh y otros. La lógica difusa crea verdades contextuales y las dinámicas sistémico-complejas tributan a una lógica de las posibilidades, o sea, una vez que se han creado las condiciones suficientes (aunque no sean necesarias) para que se dé un acontecimiento, el mismo puede ocurrir aunque su probabilidad sea muy pequeña, con lo que la lógica dialéctica, la lógica difusa y la lógica de las posibilidades convergen en este aspecto.

Como vemos, toda esta confluencia de razón y empirismo, de pensamiento y praxis, fue poco a poco (“mutatis mutandi”) alimentando un proceso de cuestionamiento de aquellas verdades que se tenían por inmutables. Con el correr del tiempo emergieron las categorías que empiezan a ser familiares a todos los interesados en la complejidad, se conformó un nuevo pacto entre las disciplinas del conocimiento y se abrieron las puertas a esta gigantesca oportunidad de aprehender la forma en que cambian y se transforman todos los sistemas que componen el universo, generando un nuevo “Zeitgeist” de humilde respeto hacia nuestra condición de pasajeros en este bajel planetario, abrazando la incertidumbre y encontrando nuevas preguntas con cada indagación.

Santo Domingo, Febrero del 2017

Nuestra Democracia

Estamos viendo en todo el mundo el emerger de un cuestionamiento de la eficacia gubernamental en ciertos aspectos de interés ciudadano y de inmensas dudas con respecto a los fundamentos éticos de la democracia electoral.

Hemos llegado a pregunarnos si la democracia sirve de algo o si deberíamos volver a cierto nivel de despotismo ilustrado como lo plantean ciertos brotes de mesianismo autoritario. En ese sentido debemos recordar que la democracia liberal, por lo menos en sus versiones más exitosas de la actualidad, se trata de la fusión de dos grande corrientes que deben mantenerse balanceadas. Una corriente electoral que garantiza el gobierno de la mayoría, dándole legitimidad, y una corriente liberal que protege los derechos de las minorías, así sea de una sola persona, y le da fundamento ético. Sin ambas funcionando adecuadamente la democracia no puede sobrevivir.

Un sistema democrático basado en valores éticamente defendibles no puede ser sólo el gobierno de una mayoría desenfrenada y apasionada, sino que tiene que sustentarse en las columnas del respeto a libertades individuales porque al final, una nación está siempre compuesta por individuos.

El escudo protector de las libertías y garantías constitucionales individuales lo es el poder judicial. Si éste no funciona, la sociedad está condenada al gobierno por turbas, por aclamación, por pasión. Y todos sabemos que las turbas pueden equivocarse horriblemente.

Todos estos balbuceos preliminares vienen a cuento porque al mismo tiempo que en la gran América del Norte resuena el coraje de un juez, en mi país algunos medios osan tratar de deslegitimar los reclamos de una ilustre minoría con respecto a que el gobierno debe rendir cuentas ante sus ciudadanos por los actos de corrupción develados a raíz del escándalo Odebrecht.

Aquí nos estamos perdiendo en debates acerca de cuántos ciudadanos marcharon el pasado día 22 para reclamar el fin de la impunidad. La realidad es que tal número es irrelevante. no importa cuantos fueron ni si el soborno perjudicó a muchos. El agraviado puede ser tan sólo uno. Eso no importa. Lo que importa es que ese llanto de pocos tiene que ser escuchado aunque el gobierno haya sido electo con un 62% de los votos. Si esto no es así, los muchos oprimirán a los pocos que marchan, y fracasará nuestra democracia. Nuestro gobierno se convertirá en un despotismo no tan ilustrado y la amargura nos ahogará en poco tiempo. Porque el despotismo siempre logra que las cosas se muevan de manera muy rápida pero a la larga la muchedumpre siempre se disgrega, siempre cambia de opinión, siempre traiciona y lo que sea que se haya alcanzado se desvanece en un corto quejido.

Amén.