La Demonización de los Colectivos

A muchos de nosotros nos ha tomado por sorpresa el aparente golpe de timón, hacia la derecha, de las democracias liberales de occidente. Sin embargo, sólo tenemos que hacer un recuento de los argumentos que se esgrimen en muchas de esas democracias para justificar los resultados electorales que a muchos sorprenden. Si lo hacemos, encontraremos que existen algunos denominadores comunes que se comparten, sólo en el ámbito del discurso, a lo ancho de todos esos resultados.

Veamos algunos de ellos:

  1. Los politicos tradicionales son todos unos corruptos que gobiernan solo para un grupo de ciudadanos igualmente corruptos.
  2. Todo el sistema politico depende economicamente del trabajo de unos pocos que tienen el derecho a recibir más de lo que reciben.
  3. El sistema está podrido y debe ser «saneado» (en cada país este proceso está investido de los ataques a los malos del momento que le corresponden a cada sociedad).
  4. Sólo un líder fuerte y su partido pueden hacer esta labor de saneamiento.

Por supuesto, este discurso que deslegitima y demoniza a los colectivos de todo tipo sólo puede llevarnos a una consciencia de mesianismo injustificado, a una búsqueda de ese conductor moral y espiritual que nos «resuelva el problema». Pero resulta que la realidad es siempre más compleja que estas disquisiciones de discoteca. Los llamados «hombres rectos» que se supone que nos pueden llevar a un lugar mejor, pueden ser, y normalmente son, tan susceptibles a la corrupción como los del sistema que se quiere destruir. De manera que es siempre un gran riesgo el pretender que todo cambie de golpe. Dicho de otro modo: «siempre se puede estar peor».

No crean, sin embargo, que esto es un llamado a la inacción y a aceptar el presente sin oponer resistencia. Al contrario, es un llamado a que ejerzamos la acción colectiva en bien de todos los que, todavía, vivimos y malvivimos en este planeta. A lo que me refiero es que todas las soluciones son, querramoslo o no, colectivas, y para que estos esfuerzos colectivos tengan efectos duraderos tienen que emerger de «abajo hacia arriba». Para que los compromisos permanezcan en el tiempo, tienen que ser asumidos por quienes los llevan a cabo, y no por «interpósita persona».

Muchos dicen que «para que el país mejore, tiene que mejorar la escuela», el problema es que para que mejore la escuela tenemos que mejorar como estudiantes, como maestros y como ciudadanos, y para que mejoremos en todos estos ámbitos, tenemos que indignarnos!

Deja un comentario