APUNTES PARA UNA ONTOLOGIA DESDE LA COMPLEJIDAD

Por: Carlos E. Liriano Lara

Introductio et Proposita (introducción y objetivos):  

Durante nuestros estudios en complejidad vimos como el pensamiento occidental se decantó tempranamente hacia una ética de la certidumbre complementada por un acercamiento a la indagación que era a la vez reduccionista, lineal y analítico. Por supuesto que la visión del universo como un mecanismo de relojería creado por una divinidad omnisapiente no podía menos que generar el anhelo de la certidumbre que, de ser cierto el modelo de un mecanismo predecible por la ciencia, era consecuencia natural de la visión del modernismo.

Como siempre ocurre, la unidad de criterios era imposible y, de alguna manera, era inevitable que surgieran otras concepciones. Estas concepciones fueron la base en la que se apoyaron futuros pensadores que apuntaban a un orden menos predecible y a eventos que fueran fruto de la propia interacción de entidades agenciales (esto es con características de agentes), cuando no del azar.

Dentro de las diferentes tendencias del pensamiento que hemos estudiado nos encontramos con algunos que, hijos del tiempo en el que les tocó vivir, extrajeron del espíritu de su tiempo (Zeitgeist) las conclusiones que apoyaban la concepción prevaleciente. Pero, y esto es sumamente relevante, el gusanito de otra manera de ver el universo quedaba en esas ideas y es de ese gusanito del que surgen opciones de pensamiento que nos llevarían a aceptar la incertidumbre que ahora damos por manifiesta en todas las dinámicas que nos rodean.

Es mi intención dedicar estas cuartillas a presentar estos apuntes de lo que, eventualmente podría considerarse como una ontología basada en los conceptos, categorías y propiedades sustentadas desde el pensamiento complejo y las ciencias de la complejidad. Esto es, considerar todo lo que nos rodea, y lo que siempre fue, no como estructuras o conformaciones propiciadoras de determinadas dinámicas, sino como dinámicas manifiestas coyunturalmente en determinadas conformaciones que están destinadas a mutar.

En busca de alcanzar esta meta, hemos decidido usar un punto de apoyo formulando una crítica del ensayo del pensador Michael Strevens el cual mencionamos más adelante. A partir del mismo, hemos optado por explicar, contradecir y eventualmente reformular sus planteamientos en busca de redondear lo que pudiera llegar a llamarse una “ontología compleja”.

Quaestio Ab Initio (la cuestión desde el inicio): 

 Plantea el autor inglés Michael Strevens (en su ensayo “Ontología, Complejidad y Composicionalidad”, incluído en “Ensayos sobre Metafísica y la Filosofía de la Ciencia” de Oxford University Press) algo así como que: “las diferentes ciencias tienen diferentes ontologías, o lo que es lo mismo, diferentes formas de diseccionar el mundo y separarlo en individuos, categorías y propiedades de manera que la física fundamental se encarga de las partículas estableciendo sus propios “individuos”, categorías y propiedades; la química se encarga de las moléculas y también provee sus “individuos”, categorías y propiedades; la biología de las células, organismos y ecosistemas, igualmente haciendo lo propio en cuanto a la segregación de sus entidades constitutivas; etc”. En esencia, este planteamiento se basa en una generalidad en el sentido de que todo estudio tiene que partir de una cierta estructura que, a su vez, forma parte de un gran proyecto ontológico, el cual, siempre según Strevens, plantea que todas las cosas a un determinado nivel están compuestas espacio-temporalmente de las cosas del nivel inmediatamente inferior. O sea, los animales están hechos de células, que están hechas de moléculas, que están hechas de átomos, que están hechos de partículas subatómicas, etc.

De esta visión emana una necesidad de que todas las ciencias determinen las premisas iniciales de otras ciencias. La física determina las presunciones iniciales de la química, ésta última determina las premisas de la biología, etc. Esta conformación que el mencionado autor mismo llama de “pastel de bodas” ofrece a las ciencias un elemento de comodidad que tenemos que reconocer como el sustento de casi todo el ejercicio intelectual de la humanidad desde hace al menos doscientos años.

Esta comodidad nos ha provisto de avances increíbles, de manera que es importante que mencionemos sus características positivas más relevantes, las cuales han dotado a la conformación ontológica del “pastel de bodas” de una extraordinaria longevidad. Las mismas serían:

  1. La primera ventaja de este criterio es que promete proveer al emprendimiento científico de múltiples teorías composicionales[1] (o sea un mecanismo para proveer “cajas de herramientas” que permitan comprender una amplia gama de sistemas dentro de una clase determinada). Por ejemplo, Newton entregó al mundo una teoría de la gravitación que emergió como teoría composicional del movimiento de los astros celestes. En esta teoría composicional se divide al universo en objetos a los cuales se les asigna una masa en virtud de la cual dichos objetos ejercen y experimentan una fuerza gravitacional, entonces todo el movimiento de dichos objetos puede ser predicho como un efecto agregado de cada efecto gravitacional individual.
  2. Al dividir los sistemas en partes y asignarles propiedades dinámicas a estos componentes, se permite “predecir” el comportamiento del sistema completo mediante la agregación de las propiedades individuales de los componentes.
  3. Cuando se tiene una teoría composicional de una cierta clase de sistema, entonces, no se necesita teorizar de nuevo para cada instancia de ese tipo de sistema.
  4. Se puede desarrollar un procedimiento para predecir y explicar el comportamiento de cada configuración del sistema dentro de un rango determinado de combinaciones de componentes a lo interno del sistema.

 A pesar de estas ventajas manifiestas que han conducido a la humanidad a múltiples aciertos, esta concepción del ejercicio ontológico fracasa por varias razones y de diversas formas. En este sentido, nos gustaría plantear nuestra perspectiva acerca de las debilidades de este punto de partida. A nuestro entender, los fallos de esta visión ontológica son:

  1. a) De entrada reconocemos una barrera a la trans-disciplinaridad en que aceptamos que cada acercamiento al conocimiento tiene su propia perspectiva ontológica por lo que el ensamblaje de productos consistentes con cada ontología particular se hace casi imposible.
  2. b) La predicción de las propiedades agregadas de los sistemas, a partir de los estudios correspondientes a los componentes de dicho sistema ha probado ser empíricamente imposible por lo que las teorías composicionales serían inútiles para las pretensiones de predictibilidad de los sistemas.
  3. c) De igual manera, el determinismo implícito en tales teorías composicionales es precisamente uno de los principios que quedan superados con la teoría de sistemas y la complejidad, que emergen como un esfuerzo intelectual por superar los inmensos problemas de agregación que se presentan en las teorías composicionales de la ciencia clásica. Este problema de agregación afecta incluso a teorías composicionales tan sólidas y útiles como la gravitación, cuyos defectos se hicieron más aparentes con el emerger de otra teoría composicional, la relatividad.
  4. d) La base de una “ontología dispersa” en una multitud de disciplinas científicas contradice la aspiración de un principio ontológico aplicable a todo el ejercicio del conocimiento y que sustente un posicionamiento epistemológico para todas las iniciativas de indagación.
  5. e) En el mismo sentido anterior, esta “ontología dispersa” enfatiza la falta de articulación entre las dinámicas del “microcosmos[2] y del “macrocosmos”[3] al crear diferentes premisas ontológicas para ambos espacios. Dicho de otro modo, la individuación espacio-temporal de los objetos ha sido útil a la ontología de las ciencias que tratan el macrocosmos pero es insuficiente y errónea en lo que respecta al microcosmos.
  6. f) La aceptación de una ontología orientada a identificar, nominar y describir estructuras ignora que dichas estructuras son el resultado y no la causa de los procesos (dinámicas) que se reflejan en ellas. De forma que al centrarnos en tal ontología disciplinar y estructuralista estamos obviando la esencia misma del acontecer natural como un proceso constante que se plasma en las estructuras observables.
  7. g) Igualmente, tal ontología dispersa impide la valoración de las aspiraciones científicas, toda vez que una ética[4] del conocimiento no podría sustentarse en posicionamientos diferentes para cada disciplina.
  8. h) Lo mismo aplica para el caso de una eventual lógica[5] que pretenda buscar la verdad a partir de una cierta organización del pensamiento, en el sentido de que tal lógica no podría sustentarse en un proceso de reflexión establecido sobre la base de una ontología dispersa. Esto así porque esa dispersión ontológica acarrearía la necesidad de procesos lógicos similarmente diversos.

Habiendo visto estos elementos, a manera de preludio, se puede fácilmente colegir que sólo a través de un acercamiento holístico se puede plantear una ontología válida para diferentes disciplinas. Con esta ontología, que ha de ser necesariamente transdisciplinar, holística y compleja, podemos proyectarnos hacia una consolidación del posicionamiento epistemológico esencialmente hermenéutico al que aspiramos.

Abbemus Ontologiam (tenemos ontologia): 

Habiendo visto los problemas de asumir ontologias diversas en las diferentes vertientes de la indagación científica, quisiéramos presentar una propuesta para una especie de ontología consolidada para la indagación desde la complejidad. En este sentido, queremos recuperar un concepto inicialmente sustentado en los albores del racionalismo por Baruch de Spinoza y desarrollar, a partir de este concepto, una visión constructiva tendiente a establecer una ontología basada en la premisa de un universo en constante movimiento e indagable solamente desde una concepción dinámica en vez de estructural.

En este sentido, haremos un esfuerzo rememorando que una vez se hubieron sentado las bases del racionalismo cartesiano, a finales del siglo XVII, esta corriente había aceptado entre sus ponderaciones ontológicas la existencia de tres sustancias: el pensamiento (res cogitans), la extensión (res extensa) y Dios. Sin embargo, el pensador Judeo-Hispano-Portugués Baruch de Spinoza reduce estas tres sustancias a una sola que llamó: sustancia divina infinita, la cual, según la perspectiva que se adopte, se identifica bien con Dios o bien con la Naturaleza (ambos términos llegan a ser equivalentes para él, según su célebre expresión Deus sive Natura).

Es precisamente esa equiparación de Dios y Naturaleza lo que ha provocado que se le considere a Spinoza como el precursor tanto del ateísmo como del agnosticismo, principios que, sin embargo, nunca declaró perseguir. Para Spinoza, la substancia es la realidad, que es causa de sí misma y a la vez de todas las cosas; que existe por sí misma y es productora de toda la realidad; por tanto, la naturaleza es equivalente a Dios. Dios y el mundo, su producción, son entonces idénticos. Todos los objetos físicos son los «modos» de Dios contenidos en el atributo «extensión». Del mismo modo, todas las ideas son los «modos» de Dios contenidas en el atributo «pensamiento». Las cosas o modos son naturaleza naturada, mientras que la única substancia o Dios es naturaleza naturante. Según esta visión, entonces, Dios es la naturaleza potencial, mientras que la realidad material es la naturaleza ejecutada.

Este cambio propuesto por Spinoza tiene la ventaja, sobre Descartes, de que borra los problemas que presenta el Cartesianismo para explicar la posibilidad del conocimiento (o sea su posicionamiento epistemológico). En el racionalismo cartesiano el pensamiento y la extensión son dos de los infinitos atributos de Dios, distintos e independientes el uno del otro ¿cómo se puede entonces conocer el mundo? Con Spinoza ya no existe este problema: se puede conocer el mundo, porque el entendimiento es una modificación o «modo» de la misma sustancia divina que «piensa» su objeto extenso o cuerpo, de modo que el entendimiento puro puede «aprehender» la realidad y de hecho, tal entendimiento es inevitable puesto que es posible.

Por otro lado, Spinoza es cauto en cuanto a la narrativa ontogenética del universo, sin embargo, siendo que todas las cosas surgen de un continuum materia-pensamiento del cual son modos de manifestación, resulta fácil derivar un proceso de emergencia del universo a partir de este continuum como un proceso de realización de lo potencial mediante el mecanismo de explorar todas las vertientes posibles de la existencia. El universo es pues una dinámica que no tiene fin y que presenta como motivación su propio avance hacia todo lo que es posible, desembocando en cada evento sólo para iniciar el siguiente.

Partamos entonces de la premisa de que todo lo que “es” tiene que ser visto como un proceso en movimiento y lo observable es sólo un estado temporal, independientemente de su duración. Todo es parte de una dinámica, ya sea que la entendamos como tal o no. Desde el movimiento de las galaxias hasta la vibración de partículas subatómicas todo está en marcha y lo que parece inmutable sólo lo es desde el punto de vista de la duración de nuestras vidas. Adicionalmente, todo aquello que apreciamos como consistente y estructural, no es más que el estadio temporal de algo que se está moviendo como parte de una dinámica apreciablemente lenta pero dinámica al fin.

La vida no es más que la concurrencia de múltiples dinámicas, reacciones químicas que generan y absorben energía al tiempo que gatillan procesos físicos de traslación, procesos mentales de aprendizaje, procesos emocionales de vinculación, alejamiento o acercamiento, en un proceso constante de intercambio de masa, energía, información y sentido identitario que busca sostenerse por tanto tiempo como sea posible y mantener e intercambiar tanta información como sea posible de un marco condicionado, pero no determinado, por fuerzas que emanan de estas múltiples interacciones. Pero no sólo la vida como la conocemos tiene tales características de eventuación dinámica, también aquello que vemos como materia inerte está inmersa en una dinámica de cambio y transformación que a veces no nos resulta obvia, ya sea porque ocurre de manera muy rápida y a una escala espacial infinitamente pequeña, o porque ocurre a una escala espacio-temporal infinitamente grande.[6]

Es bueno, sin embargo, que comprendamos la limitación auto-impuesta de centrarnos en la estructura y no en la dinámica sub-yacente. Este es el caso que mencionamos al hablar de los planteamientos sobre ontologías diversas, los cuales elaboran dichas ontologías a partir de la observación de las estructuras evidentes optando por soslayar que las mismas no son sino manifestaciones de dinámicas en curso. Es este aspecto el que ha impedido que desde la ciencia tradicional se formule una ontología general que resulte transversal a todas las disciplinas. En ese sentido, sólo un enfoque holístico y transdisciplinar puede ofrecer un apoyo a tal ontología transversal.

De manera que, para plantear de manera más clara el tema que pretendemos discurrir, es importante que hagamos un recuento de lo que sería nuestra propuesta de una ontología transversal desde la complejidad. Los puntos esenciales son:

  1. A partir del continuum inicial emergen instancias individuales con características de entidades [6] separadas que se eventúan en diferentes escalas.
  2. Algunas entidades se aglutinan y van conformando nuevas entidades agregadas que interactúan a otras escalas configurando nuevos eventos sistémicos[7].
  3. Toda dinámica se inicia como un proceso de exploración de posibles conformaciones (abordabilidades) de la correlación entre entidades que ocurren de manera concurrente a diferentes escalas (eventos sistémicos). Se asume que tal exploración busca visitar todos los estados posibles dentro de cada evento sistémico.
  4. Cuando una dinámica visita una conformación estable en el espacio y en el tiempo, se habla de una estructura. Tal estructura es siempre temporal y depende del sostenimiento de su dinámica subyacente, la cual condiciona la estructura pero no la determina, o sea, una misma dinámica podrá tener una infinidad de estructuras estables que la reflejen, siempre que las mismas logren cierto equilibrio de las fuerzas condicionantes.
  5. Para que exista una dinámica tiene que existir previamente algún sentido identitario, que no necesariamente se encuentra vinculado a la conciencia, pero que permita a la entidad establecer los constreñimientos[8] de su conformación y su abanico de abordabilidades de comportamiento. Este sentido identitario se manifiesta en la capacidad de las entidades de asumir determinadas configuraciones, y no otras, a partir de información intrínseca de la entidad y que sirve también de punto base de las interacciones con otras entidades.
  6. Todas las entidades forman parte de una dinámica (o concurrentemente de varias dinámicas) que se enmarcan dentro de un sistema y son condicionadas (ojo: no determinadas) por fuerzas que emergen de la interacción con otros agentes[9] u objetos fuera del sistema.
  7. Todas las entidades tienen capacidad de intercambiar masa, energía, información y sentido identitario con lo que le rodea, sin necesidad de poseer conciencia del yo, y dentro de un entorno condicionado por la existencia de fuerzas que emanan de las interacciones entre entidades adyacentes en el tiempoespacio. Sin embargo, algunas entidades pueden interactuar con otras entidades no adyacentes (remotas) siempre que estén vinculadas por una relación ontológica por haber pertenecido al mismo evento sistémico.
  8. Las dinámicas de interacción no implican necesariamente los cuatro vectores de intercambio (masa, energía, información y sentido identitario) sino que pueden ocurrir mediante intercambios limitados a uno o más vectores sin que se complete el requerimiento de los cuatro. Sin embargo, el número, mayor o menor, de vectores de intercambio que esté envuelto en una dinámica no provoca un mayor o menor alejamiento del equilibrio dentro del evento sistémico.
  9. En algunas dinámicas se presentarán comportamientos condicionados fuertemente por las interacciones entre entidades dentro del mismo evento sistémico y, fruto de tales interacciones, en ellas emergerán comportamientos que pueden llegar a desafiar, o no, las fuerzas condicionantes del entorno. En tal caso, hablaremos de dinámicas complejas.
  10. Las fuerzas condicionantes de las interacciones emergen de las interacciones mismas y su magnitud está determinada por la escala de dichas interacciones. Algunas de estas fuerzas condicionantes para dinámicas materiales son: la gravedad, el electro-magnetismo, la fuerza nuclear mayor, la fuerza nuclear menor, y la vinculación (o entrelazamiento) cuántico. En cuanto a las dinámicas informacionales (semióticas) las fuerzas condicionantes giran en torno a la vinculación ontológica, intelectual y emocional, así como el sentido identitario.
  11. Cada evento sistémico tiene la tendencia de preservar su conformación de un momento dado, y para lograr mantenerla sus entidades constitutivas asumirán correlaciones que disipan las fuerzas condicionantes de las interacciones. Cuando tal preservación de la conformación actual no es posible, entonces el evento sistémico migrará hacia otra conformación estable y pasará a preservarla. Dicha migración puede ser hacia otra conformación adyacente pero estructuralmente similar (adaptación) o hacia otra conformación diferente estructuralmente (evolución).
  12. En todas las dinámicas se pueden identificar trayectorias de las interacciones entre entidades las cuales resultan preferentes (atractores dinámicos[10]) y que tienen la característica de que minimizan el requerimiento de recursos necesarios para preservar la más reciente conformación estable del evento sistémico. Por el contrario, los constreñimientos, que ya vimos más arriba, son trayectorias que maximizan los recursos necesarios para poder preservar la más reciente conformación estable del evento sistémico.

Estos puntos pueden ser aplicados a todas las dinámicas y eventos sistémicos observables dentro de cualquier ámbito y pueden ser aplicados transdisciplinarmente para indagar las interacciones entre entidades de casi cualquier tipo.

Sobre este tema volveremos eventualmente.                                                                                                                                             Carlos E. Liriano Lara. Santo Domingo, Marzo, 2017

[1] Es válido en este sentido hacer la salvedad de que la composicionalidad de las teorías no es lo mismo que la composición de los objetos. La primera es una propiedad de un sistema de representaciones en virtud de la cual el comportamiento del todo se deriva y puede ser predicho y explicado por el comportamiento de las partes, mientras que el segundo es una relación metafísica en virtud de la cual la existencia del todo es asegurada por la existencia, adecuadamente configurada, de las partes (tomado del ensayo de Michael Strevens que se menciona al inicio).

[2] El ámbito de los componentes de menor presencia espacio-temporal como serían partículas sub-atómicas, átomos, moléculas o células según la disciplina de que se trate.

[3] El ámbito de los componentes de mayor presencia espacio-temporal como serían cuerpos, astros, tejidos u organismos, según la disciplina de que se trate.

[4]La ética (del lat. ethĭcus, y este del griego ἠθικός ēthikós; la forma f., del lat. tardío ethĭca, y este del gr. ἠθική ēthikḗ ) es la rama de la filosofía que estudia lo correcto o equivocado (la valoración) del comportamiento humano. Definicion extraida de  Wikipedia.

[5] Lógica es una ciencia formal que estudia la estructura o formas del pensamiento humano (como proposiciones, conceptos y razonamientos) para establecer leyes y principios válidos para obtener criterios de verdad. Como adjetivo, ‘lógico’ o ‘lógica’significa que algo sigue las reglas de la lógica y de la razón. Definición extraída de http://www.significados.com

[6] Una entidad sería entonces una instancia del continuum materia-pensamiento cuyo entorno estaría delimitado dinámicamente por una interface continua a través de la cual ocurre el intercambio de materia, energía, información y sentido identitario.

[7] Una evento sistémico es una correlación de entidades que interactún mutuamente de manera preferente con respecto al entorno, por lo que se configura un espacio dinámico diferente al espacio más general

[8] Un constreñimiento es una serie de puntos no preferentes de la trayectoria, en los que se reduce la posibilidad de encontrar a una entidad dentro del evento sistémico.

[9] Se entiende por un agente a aquella entidad que tiene la capacidad de procesar información de su entorno y comportarse de acuerdo con dicha información o seguir el comportamiento de otros entes ya sea que los mismos tengan o no conciencia.

[10] Un atractor dinámico es una forma característica de comportarse de las entidades componentes de un evento sistémico de manera que no existe equiprobabilidad de ubicación de una entidad para todos los recorridos.

PROLEGÓMENOS DE LA COMPLEJIDAD – El tortuoso camino de la ciencia hacia lo evidente

Amig@s: Dado que he estado ausente, creo que debo alguna forma de explicación. Resulta que he estado trabajando en mi maestría en complejidad y he requerido mucho tiempo que estoy dedicando a producir algunos trabajos de divulgación científica e investigación. Pero, la buena noticia es que algunos de esos trabajos los puedo publicar en este BLOG. De manera que se les acabó la suerte porque les voy a dar en el alma con estas piedras pesadas.

Un Abrazo, CELL

Por: Carlos Liriano

Por qué vale la pena que estudiemos los orígenes de esta nueva perspectiva del conocimiento?

La ciencia de la complejidad y su alter ego el pensamiento complejo son las puertas que nos permiten entrar de lleno en este siglo XXI con una nueva comprensión de la articulación entre la teoría y la práctica. Esta oportunidad nos permitirá modelar la forma en que el microcosmos se enlaza con el macrocosmos manteniendo lo que el profesor Heinz Hermann llama “continuidad conceptual”. Esto es, la posibilidad de mantener ciertos principios y categorías al indagar distintos tipos de dinámicas que van desde elementos moleculares (formación de cristales), pasando por el comportamiento de comunidades de seres sociales, hasta incluir conformaciones galácticas.

Para iniciar esta maestría es importante entender que estamos en el momento más oportuno de acercarnos a esta perspectiva del conocimiento que enfatiza la mirada holística y el ejercicio transdisciplinar. ¿Por qué? Pues porque se percibe un cambio de época que nos afecta a todos. Ojo que hablamos de un cambio de época y no una época de cambios, puesto que al fin todas la épocas son de cambio, pero no todas presentan un cambio epocal.

¿Qué hay que tener para que se considere un cambio de época?

Tal como menciona el Doctor Pedro Sotolongo, sustentado en la constante corriente de información disponible y en sus propias indagaciones, para que observemos un cambio de época se hace necesaria la confluencia de:

– Un cambio cualitativo en la manera como producimos nuestros bienes materiales. – Un cambio cualitativo en la manera como desarrollamos y reproducimos nuestros bienes culturales. – Los anteriores acompañados por un cambio cualitativo en el episteme y en el ethos (la actitud hacia el conocimiento y los valores plasmados en la moral).

Todo esto va accionando y redundando en un cambio cualitativo del accionar cotidiano de la época. Dicho de otro modo, a partir de esta época en particular se generarán bienes materiales y culturales de una forma diferente (mediante el uso de equipos electrónicos de inefable capacidad) y se presentará un proceso de generación y aprendizaje de nueva información y conocimiento que se apoyará en una nueva conciencia colectiva. Esa conciencia colectiva, que recibe de todos y a todos da, es la que se genera mediante el uso de y las contribuciones a la red mundial de datos, el Internet.

Como vemos, en la actualidad se da un nuevo modo tecnológico que es flexible – automatizado – robotizado y que desde una economía de escala (mayor rendimiento a mayor cantidad de producto) migra hacia una economía de rango que permite producir, de manera económicamente viable, bienes de consumo ajustados a gustos o necesidades individuales. Al mismo tiempo tenemos la nueva cultura de la imagen y la pantalla que equivale a un cambio cualitativo en como desarrollamos y reproducimos nuestros bienes culturales; e igualmente, se da una mutación en las bases de saber y en las valoraciones subjetivas de género, de raza, de clase social o generacional.

Como parte de ese cambio de época, ocurre de forma inadvertida para algunos una transformación cultural que es una verdadera revolución del pensamiento y los valores de los cuales forma parte esta ciencia de la complejidad. Esto, a su vez, hace factible una nueva inteligibilidad de la articulación emergente del mundo astrofísico, físico, químico, biológico, tecnológico, social y humano, por medio de la cual se trasciende la divergencia entre la experiencia cotidiana humana y la anterior inteligibilidad basada en una dinámica determinista con un tiempo reversible.

De estas bases emergen las ciencias y el pensamiento de la complejidad, los cuales desarrollan estrategias de indagación que no están “enterradas” en las disciplinas tradicionales. Estas estrategias de indagación son, en esencia la aplicación de herramientas de articulación entre lo local – global – local y los tres plastos de los eventos históricos (el de los eventos per se, el de las épocas y el de las culturas), que permiten comprender la forma en que las dinámicas sociales, eco-sociales y de las ciencias clásicas se mueven desde y hacia lo local y lo global.

Sin embargo, todas estas articulaciones se “eventúan” en el tiempo. Esta nueva perspectiva demanda que se transite desde un pensamiento de la causalidad (pensar que B sucede porque A sucedió, pero ocurre que ya B sucedió) hacia un pensamiento de la implicación (¿cuál es el A que debemos propiciar para que suceda B?), de forma que no tengamos que contentarnos con un pensamiento de la insuficiencia.

  1. Precursores del llamado “Caos Complejo”

El primer atisbo de la complejidad fue encontrado de casualidad por el matemático francés Henri Poincaré, mientras trataba de resolver el problema de los tres cuerpos. Lo primero en ser notado por Poincaré es la presencia de sensibilidad a la variación en las condiciones iniciales por parte de las interacciones entre múltiples cuerpos (aún las deterministas). Antes de este evento, todas las bases de las herramientas usadas por los matemáticos apuntaban al libro de “principia matematica” de Isaac Newton. Sin embargo, estas herramientas solo producían soluciones exactas para las interacciones entre dos cuerpos y el uso de ecuaciones lineales. No se podía resolver la interacción entre más de dos cuerpos sólidos, sin embargo, la desviación entre los resultados de una interacción proyectada entre dos cuerpos y sus resultados observables empíricamente pueden apuntar a la presencia de un tercer cuerpo que desvíe las interacciones. Este método llamado de las perturbaciones inversas (John Adams y Urbain Le Vernier) es el que se usó en 1846 para encontrar el planeta Neptuno. 30 años después George Hils trató de solucionar el problema de los tres cuerpos mediante un sistema de perturbación inversa simplificado, creando un sistema de dos cuerpos que giraban en torno a un centro de manera circular y un tercer cuerpo del tamaño de un grano de arena, girando los tres en un mismo plano. Aun así no pudo resolver el problema de los tres cuerpos.

Posteriormente, también por casualidad, un meteorólogo norteamericano de apellido Lorenz encuentra el mismo efecto, de comportamientos impredecibles en dinámicas aparentemente simples y lineales, durante la indagación de eventos atmosféricos.

Entre uno y otro (Poincaré data de inicios del siglo XX, mientras que Lorenz ya ejerció en la década de los 1960) emergieron herramientas conceptuales y matemáticas que permitieron que Lawrence “recogiera el guante” de Poincaré. A saber, algunas de estas herramientas fueron: la cibernética de primer y segundo orden (de Wiener y Von Foerster respectivamente), y las teorías relacionadas con la información con su transmisión y control (de Shannon y Weaver). Adicionalmente, ocurrieron los aportes de una miríada de pensadores e ingenieros que fueron dotando las ingeniosas propuestas de estas figuras de plasmaciones materiales de una inmensa utilidad.

Como una nota para los jóvenes modernos, medio en son de broma, es importante mencionar que el mundo no siempre tuvo computadoras. Sin embargo, Norbert Wiener planteó los atisbos de lo que el mismo llamó “cibernética” (de una combinación de palabras griegas que se refiere al acto de dirigir una nave), y que ahora vinculamos con los protocolos de control de maquinarias mecánicas o electrónicas. Esta primera cibernética de Wiener se plasma de manera clásica en los equipos de control automático de procesos como el termostato.

Posteriormente, el Austro-Americano Heinz Von Foerster, aporta una visión sistémica que incorpora al ser humano a proceso de control y conceptualiza máquinas que simulan los procesos neurológicos manteniendo una interface con el humano. Esta es la llamada segunda cibernética, nueva cibernética o cibernética de segundo orden.

Todos estos aportes fueron la génesis de tendencias actuales como la generalización de la modalidad evolutiva hacia los ámbitos económico, sociológico, político y cultural; así como la adquisición de un elemento identitario en la semántica el cual se replica en la trama de la vida y en la autonomía relativa entre las caracterizaciones de los comportamientos sistémico-complejos particulares. O sea, el concepto de la física clásica de que las dinámicas dignas de ser estudiadas eran aquellas que involucraban el intercambio de masa (o materia) y energía, se vio de repente enriquecido por el concepto de dinámicas que involucran el intercambio de masa, energía, información y sentido indentitario.

  1. Desarrollo conceptual del “Caos Complejo”

En el inicio de las indagaciones relacionadas con eventos que apuntaban a lo emergente y a la complejidad (como los eventos termodinámicos),  se dio un ditirambo entre la vertiente matemática aritmético-algebraica y la vertiente geométrico-topológica (uno de cuyos mayores exponentes fue Poincaré a quien ya hemos visto). Eventualmente primó una propensión a la vertiente aritmético-algebraica en detrimento de la capacidad intuitiva que emana de la geometría y la topología. El motivo de esta decantación por lo aritmético – algebraico viene dado por la falsa sensación precisión ofrecida por resultados numéricos basados en premisas que rellenan los huecos dejados por las no linealidades. Lo geométrico – algebraico en cambio ofrece perspectivas más cualitativas que cuantitativas pero permite comprender mejor los aspectos básicos de las dinámicas estudiadas, sin intentar llenarnos de falsa certidumbre.

Ya fallecido Poincaré, su sucesor putativo, David Birkhoff (el primer gran matemático formado completamente en USA), escribe un libro seminal sobre el tema de los precursores matemáticos de la complejidad con el nombre de “Sistemas Dinámicos”. Este libro contenía sistemas muy generales de ecuaciones que se enfocaban tanto en sistemas regulares como irregulares o aperiódicos, los cuales como ya sabemos son la raíz de los sistemas que se transforman de manera compleja. Posteriormente, el “sucesor” de Birkhoff, Stephen Smale, escribió “Sistemas Dinámicos Diferenciales” en el cual trata a los sistemas dinámicos como ecuaciones en diferencia (aplicaciones) aduciendo que de esa manera se tratan más fácilmente. Entre Birkhoff y Smale hubo diferencias en el trato y la atención que se le dió a lo que ahora conocemos como el Caos Determinista y esto estuvo condicionado por la aparición, entre la época de uno y de otro, de la computadora digital como la conocemos hoy.

Poco tiempo después de que Birkhoff “sucediera” a Poincaré, es cuando emergen los conceptos de primera y segunda cibernética (Wiener y Von Foerster) y más tarde aún, entre finales de los 1960’s y principios de los 1980’s, emerge la teoría de información de Shannon y Weaver. Como dijéramos, la primera cibernética se orienta mas al control basado en información externa (el termostato que se alimenta de una medición de temperatura que es hetero-generada) y la segunda cibernética introduce ya el sentido de la emergencia y el autocontrol, aportando al mismo tiempo la distinción entre el conocimiento de los objetos y la comprensión de la acción objetivada. La informática introduce una semántica de las interacciones del intelecto humano con el bio-mimetismo de la segunda cibernética, creando de facto un proceso de intercambio de información y sentido identitario entre el ser humano y la máquina proto-inteligente.

Estos avances no fueron, sin embargo, privativos del occidente. Ya para los años 50 del siglo XX, Kolmogorov trabajaba, en la URSS, con la no-linealidad matemática y física. Igual en el bloque soviético varios biólogos examinaron lo que se llamó la ecuación de la diferencia logística X’=aX(1-X). Todo esto confluye en los años 60 en el re-descubrimiento casual del Caos Complejo, o sea, el interés en la aprehensión de las dinámicas complejas adaptativas o evolutivas con sensibilidad a las variaciones en las condiciones iniciales.

En Occidente, para los años 60, emerge la intuición de Lawrence, basadas en  sus investigaciones en meteorología, de que su trabajo no tendría éxito  a menos que encontrara la manera de proveer ecuaciones con soluciones predictivas al problema del comportamiento aparentemente estocástico de los fenómenos atmosféricos. En 1975, Yorke (en co-autoria) publica un ensayo de nombre “El periodo 3 implica Caos” dando con esto el certificado de nacimiento a esta palabra como término científico. Este término, a su vez, genera una explosión de interés en eso que el imaginario había pasado a llamar “caos determinista”, el cual pasa a sustituir el término anterior de “irregularidades”. Esta palabra (Caos) despertó la fantasía del público y se hizo tremendamente popular. Había nacido la teoría del Caos, la cual permitió que el mundo pasara a ser comprendido como no determinista e irreversible, abriendo de par en par las puertas al advenimiento de las ciencias de la complejidad.

En la vieja Europa, la escuela de Bruselas planteo la necesidad de plantearse la irreversibilidad del tiempo y presentaron una visión más acabada de las dinámicas caótico-complejas mediante el planteamiento de la existencia de lo que llamaron “estructuras disipativas”. Este replanteamiento del tiempo como irreversible era ya común en algunas áreas de la ciencia como la biología (la famosa evolución Darwiniana), la química o los conceptos termodinámicos de la entropía, aunque permanecía la visión de un tiempo reversible en la física.

Pero esa misma escuela de Bruselas genera una visión más constructiva de los procesos irreversibles en el tiempo a través del concepto de la auto-organización que ocurre en las condiciones alejadas del equilibrio, con lo que el desequilibrio en estos casos propende al orden mientras que en la termodinámica clásica propende al desorden. Otros términos puestos en juego por la escuela de Bruselas fueron los denominados atractores, el horizonte temporal y los procesos emergentes.

Las dinámicas caótico-complejas fueron paulatinamente siendo aprehendidas con contribuciones de diferentes investigados y desde diferentes vertientes del conocimiento, y de esas contribuciones se fueron creando categorías propias de este tipo de conocimiento. Algunas de estas categorías propias son: atractores de la dinámica, bifurcaciones de trayectoria, camino o ruta hacia y desde el caos, etc. (todos estos términos propuestos con contribuciones de Feigenbaum, Smale y otros). De las mencionadas, la categoría que con más frecuencia se encuentra ante el indagador de dinámicas complejas es el atractor. Este término no designa una realidad estructural sino una propensión de la dinámica a recorrer una determinada trayectoria, por lo que se define como una forma característica que tienen los procesos de cambio de mutar de un estado a otro.

De esas cuatro formas características de mutar de los procesos de cambio (el atractor fijo o puntual, el atractor cíclico, el atractor periódico, el del borde o límite del caos y el caótico) los dos primeros son típicos de cualquier dinámica pero solo los dos últimos se hallan sólo presentes en las dinámicas complejas. Si encontramos atractores fijos o cíclicos no necesariamente estamos ante una dinámica compleja, aunque pueden presentarse en determinadas etapas de estas dinámicas complejas. La representación en el espacio de fase de todos los atractores de una dinámica con sus respectivas cuencas de atracción, constituye su retrato de fase.

Resumiendo un breve esquema de los aportes al avance hacia la complejidad a partir de los primeros atisbos intuitivos de Poincaré, podemos cita

 En cuanto a la articulación de lo local con lo global: el organicismo, la Gestalt (psicología), la teoría general de sistemas y la visión ecológica.  En cuanto a la auto-organización, los procesos emergentes y la retroalimentación (negativa y positiva): las cibernéticas de Wiener y Von Foerster.  En cuanto a la información su transmisión y control: la teoría de la información de Shannon y Weaver.

Algunas de las características de la teoría general de sistemas (y por ende del pensamiento sistémico) tienen su antecedente directo en el organicismo que reaccionaba contra el mecanicismo de la modernidad y el vitalismo, apoyándose en el estudio de la forma biológica. Este organicismo, muy  propio del pensamiento chino, plantea que las propiedades del organismo lo eran de todo el organismo y no pertenecían a ninguna de sus partes en particular, por lo que carecía de atribuciones de calidades particulares sobre partes del todo.

Sobre la Gestalt (de la palabra “forma” en alemán) esta denominó con ese término la pauta irreductible de la percepción y fue sobre esa base que acuñaron la frase (posteriormente apropiada por la teoría de sistemas) de que el todo es más que la suma de las partes. En la práctica la Gestalt genero una terapia que se basaba en conjuntos significativos de experiencias personales.

Todos estos movimientos (teoría de sistemas, organicismo, Gestalt, etc. ) surgieron como una reacción holística, en los años 20, hacia lo que se percibía como una etapa de fragmentación y alienación de la cultura humana. A partir de los trabajos de Bertalanffy se tuvo gran influencia en la ingeniería y la administración, y más adelante la escuela de negocios de la universidad St. Gallen en Suiza plantea la organización comercial como un organismo vivo incorporando nociones de la biología, las ciencias cognitivas, la ecología y la teoría de la evolución. Sin embargo, la irrupción de la estructura del ADN y el surgimiento de la biología molecular contrarrestó temporalmente la mirada holística de las ciencias biológicas. Sin embargo, las aspiraciones de Bertalanffy de convertir la teoría de sistemas en una disciplina matemática formal separada no se dieron, principalmente debido a la carencia para esa época de las herramientas computacionales que permitieran el procesamiento de ecuaciones no lineales en un marco temporal que fuera aceptable.

Los ecólogos estudiaron ya desde los años 20 las redes vivas al interesarse en las redes de alimentación o tróficas. Esta visión de una ecología holística incorpora la inserción en el entorno, se pregunta de donde provienen los componentes primarios y como se afecta el entorno por la existencia de esas redes. Esta incorporación del entorno es pertinente para las dinámicas de la vida con sus conexiones vitales. Ya para los años 70 emerge la ecología de Arne Naess que aporta una visión no antropocéntrica en que se tiene en cuenta toda la red de seres vivos interconectados. En esta visión se incluye un concepto de identidad sin consciencia que permea todos los seres vivos y las entidades materiales como moléculas que de alguna manera saben y conocen su límite y entorno. Por supuesto esto abre puertas a consideraciones éticas mayores de las cuales no podemos emanar un dictamen por lo pronto.

Los fractales son las formas del mundo real y fueron puestos en la palestra por Benoit Mandelbrot que es otro indagador con preferencia de las formas sobre los números. El buscó una distribución de los eventos que no fuera normal y vinculada a una escala, sino libre de escala en el sentido de que mantenían la misma forma sin importar la escala a la que se haga la indagación, ya sea que fueran, por ejemplo, años, meses, días o semanas, si sacamos la grafica de la distribución para un día es la misma forma que para un mes o un año (o sea presentan auto-similaridad o simetría de escala). Esto dio origen a la geometría de los fractales, los cuales fueron luego identificados por Prigogine como la forma en que se distribuyen muchos eventos de la naturaleza y dentro del universo.

Las cuatro propiedades de los fractales son: auto-similaridad, llenado de espacio (space filling), interfaces de fuerte interacción, dimensión fractálica (que normalmente tiene un numero fraccional).

Visto de otro modo, el mundo se fractaliza porque es la manera más eficaz y eficiente (óptima) de llenar el espacio en presencia de dinámicas antagónicas (que generan bifurcaciones).

  1. Manifestaciones de la Complejidad (Compendio)

La complejidad indaga todas aquellas dinámicas en las cuales ocurren interacciones entre elementos de un sistema que son tanto o más importantes para el desenvolvimiento de la dinámica como las condiciones que son externas al sistema. A su vez, un sistema es una tajada o franja del universo que es delimitada, de manera arbitraria, por un observador, con el objeto de ser indagada, descrita o intervenida. En este sentido, es importante recordar que lo complejo es aquello que esta entrelazado (del latín “complexus” que significa entretejido) de forma tal que no se puede comprender el proceso que ocurre dentro del sistema si no se indaga como un todo, puesto que la comprensión de las partes por separado no arroja luz sobre la manera en que funciona el sistema. Dicho de otro modo, esos sistemas complejos tienen como una de sus características que: en ellos el todo es diferente a la suma de las partes porque añade una dinámica de interacción que afecta a los componentes del sistema y no puede observarse en cada elemento de dicho sistema en particular.

Los procesos complejos son esencialmente libres de escala, o lo que es lo mismo, ofrecen la misma idea desde cualquier escala o nivel de acercamiento. Esta libertad de escala es precisamente lo que dota a los procesos complejos de una de sus más fascinantes características: su continuidad conceptual. En este sentido, Mitchell Feigenbaum determinó la constante que lleva su nombre y que correlaciona la distancia entre bifurcaciones sucesivas para familias de dinámicas determinadas.  Esta característica emerge en casi la totalidad de las dinámicas complejas observables en la naturaleza y dondequiera que la interacción o competencia de atractores se manifiesta de manera repetitiva a diferentes escalas.

Por otro lado, Stephen Smale aplicó los principios de la topología al estudio de las trayectorias de dinámicas complejas aprovechando que en esta ciencia las propiedades generales cualitativas de una dinámica representada dimensionalmente no cambian cuando se deforman las estructuras que las representan.  En este sentido, dio continuidad a los trabajos de Poincaré quien había desarrollado una herramienta topológica de reducción dimensional para descubrir patrones en trayectorias no repetitivas de comportamiento cuasi-estocástico.

De igual forma, los atractores caóticos son fractales en que, por lo general, son libres de escala, y esto ocurre (la existencia de fractalización dentro de los atractores caóticos) por la abundancia de bifurcaciones constantes que le dan al sistema una característica evidente de fractalidad. Dentro del cuerpo humano hay infinidad de formas fractales en los sistemas circulatorio, respiratorio, etc. porque aumentan la superficie total de interacción y llenan óptimamente los espacios. Pero no debemos confundir fractalidad en el tiempo y en el espacio, el primero es cronometría fractal y el segundo formas fractales.

La ley de potencia es el vínculo estructural entre forma y contenido de un proceso (la formalización de un contenido específico y la contención de una forma fractálica). También es una medida del

diferente impacto de una variación constreñida por algún límite de escala natural o social (como la estatura de una persona) y una variación no constreñida o libre de escala (el ingreso personal).

La lógica es el orden de los pensamientos y los conceptos y en su concepción clásica (Aristóteles) se basaba en verdadero o falso (lógica de la identidad, de la no contradicción y del tercero excluido), pero resultaba que esta lógica no es aplicable a todos los casos, puesto que, en la vida real, lo que es verdadero no es verdadero siempre y en cada proposición falsa puede haber algo de verdad. Para Aristóteles lo que era verdad era verdad siempre y la contradicción era falsa siempre. La lógica dialéctica, por el contrario, se basaba en las diferencias, las contradicciones y el tercero incluido. Un elemento importante de la complejidad es la introducción de la lógica difusa (no binaria) propuesta por Zadeh y otros. La lógica difusa crea verdades contextuales y las dinámicas sistémico-complejas tributan a una lógica de las posibilidades, o sea, una vez que se han creado las condiciones suficientes (aunque no sean necesarias) para que se dé un acontecimiento, el mismo puede ocurrir aunque su probabilidad sea muy pequeña, con lo que la lógica dialéctica, la lógica difusa y la lógica de las posibilidades convergen en este aspecto.

Como vemos, toda esta confluencia de razón y empirismo, de pensamiento y praxis, fue poco a poco (“mutatis mutandi”) alimentando un proceso de cuestionamiento de aquellas verdades que se tenían por inmutables. Con el correr del tiempo emergieron las categorías que empiezan a ser familiares a todos los interesados en la complejidad, se conformó un nuevo pacto entre las disciplinas del conocimiento y se abrieron las puertas a esta gigantesca oportunidad de aprehender la forma en que cambian y se transforman todos los sistemas que componen el universo, generando un nuevo “Zeitgeist” de humilde respeto hacia nuestra condición de pasajeros en este bajel planetario, abrazando la incertidumbre y encontrando nuevas preguntas con cada indagación.

Santo Domingo, Febrero del 2017