A veces creemos que la cámara es la que hace al fotógrafo, yo creo que es la fotografía, o sea la habilidad de percibir la oportunidad de capturar una imagen interesante, la que hace al fotógrafo. Eso es lo que yo llamo fotografía sorprendida, imitando al célebre movimiento de poesía dominicana que se llamó «poesía sorprendida».
Me imagino que la mayoría de las personas ajenas a este Caribe tan entrañable evocan imagenes de placentaras vacaciones de playa y olas desde el momento en que se menciona el nombre de este «mare nostrum» tropical.
A pesar de que no me gusta para nada contribuir con cliches de este tipo, ni de ningun otro, hay fotos que he ido acumulando en sucesivas vacaciones y que, eventualmente, podríamos compartir. Estas son de la cosecha del 2015 en la costa norte de la isla.
Si bien las playas de la peninsula de Samaná (extremo nordeste de la isla) no son caribeñas «stricto sensu» porque miran a las aguas del Atlántico, no dejan de mantener la idea de lo que deben ser las arenas de las playas vacacionales del Caribe. Espero que las disfruten.
Estas primeras son imagenes convencionales de vacaciones, solo que, como es mi costumbre, no tienen personas en ellas, excepto por unos pies (los mios):

En estas, estamos jugando un poco con la exposición, la luz y la polarización. Alguna que otra esta sub-expuesta, otras contrastadas y algunas miran hacia el lado de la cordillera y esquivan el sujeto de la playa:

